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Costa Rica, Viernes 22 de mayo de 2009

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Julio Rodríguez | envela@nacion.com

En Vela

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Bernard-Henri Lévy, filósofo; Claude Lanzmann, cineasta y director de la revista Los Tiempos Modernos , y Elie Wiesel, premio Nobel de la paz en 1986 enfrentaron ayer, en la prensa francesa, con angustia y coraje, a la comunidad democrática mundial y, en cuenta, por supuesto, a Costa Rica.

Se trata, en síntesis, del posible nombramiento del actual ministro de Cultura de Egipto, Farouk Hosni, como director general de la Unesco si, antes del 30 de mayo próximo, fecha de la clausura del período de candidaturas a este cargo, no se detiene “su marcha irresistible hacia uno de los puestos de responsabilidad cultural más importantes del planeta”.

Este personaje, imbuido de odio y desprecio de los derechos humanos, declaró en abril del 2001: “Israel no ha contribuido jamás a la civilización en ninguna época pues no ha hecho sino apropiarse del bien de los demás”. Dos meses más tarde, dijo: “La cultura de Israel es una cultura inhumana; es una cultura agresiva, racista, pretenciosa, que se basa sobre un principio muy simple: robar todo aquello que no le pertenece para apropiárselo después”. En 1997, expresó que él era “enemigo encarnizado” de toda tentativa de normalización de las relaciones de su país con Israel. En el 2008, respondió a un diputado del parlamento egipcio, alarmado por- que libros de Israel pudiesen formar parte de la biblioteca de Alejandría, lo siguiente: “Quememos esos libros, y, si se encuentran, yo mismo los quemaré delante de vosotros”.

Estas son, según los intelectuales citados, solo algunas de las declaraciones menos nauseabundas entre las innumerables del mismo tenor que jalonan la carrera de Farouk Hosni, “un hombre peligroso, un incendiario de los corazones y de los espíritus. Falta poco tiempo para evitar la comisión de una falta insuperable como sería la elevación de este personaje a este puesto eminente. Su nombramiento equivaldría un naufragio para la Unesco”. Sería como designar en tan alto cargo al presidente de Irán, Mahamud Ahmdineyad.

No se trata solo de Israel, sino –agregamos– de la doctrina de los derechos humanos, ya de por sí desnaturalizados y burlados en aras de la ideología, del relativismo, de la erradicación de sus fundamentos y del miedo a los regímenes totalitarios y fundamentalistas. Confiamos en que el Gobierno de Costa Rica reaccione, en esta oportunidad, y contribuya a impedir este atentado contra la paz, la cultura y la libertad, y que en tal sentido gire instrucciones a nuestro embajador en la Unesco. La indiferencia, la sumisión y la complicidad, por omisión, se pagan siempre muy caro.

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