LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 29 de marzo de 2009

/OPINIÓN

Anabel González

El momento de actuar

 La revitalización de la política comercial de EE. UU. frente a América Latina

Exjefa negociadora del TLC

E l inicio de la Administración Obama es propicio para construir una nueva agenda comercial entre Estados Unidos (EE. UU.) y América Latina (AL). Inspirado en los objetivos que el propio presidente estadounidense ha asignado a su política de comercio –recobrar el crecimiento y promover la prosperidad para todos–, EE. UU. puede apoyar a la región en su lucha contra la pobreza y, a la vez, promover sus intereses estratégicos.

Más aún, es el momento de actuar y evitar que la crisis económica global y las actuales presiones proteccionistas eliminen los beneficios alcanzados con tanto esfuerzo durante los últimos años.

La revitalización de esa política debe basarse en el fortalecimiento de la plataforma de acuerdos que EE. UU. ya tiene con Canadá, México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, República Dominicana, Perú y Chile, a través de cinco grandes ejes:

k Extender la plataforma del libre comercio . Esto conlleva que el Congreso apruebe los acuerdos con Panamá y con Colombia y deje abierta la puerta para que otros países –el Caribe, por ejemplo– puedan unirse a este esquema.

k Hacer plenamente operativa la plataforma del libre comercio. Si bien los países han realizado esfuerzos importantes para implementar los acuerdos suscritos a través de reformas legislativas e institucionales, es necesario otorgarles asistencia técnica para profundizar esos esfuerzos en procura de mejorar el clima de inversión y fortalecer el estado de derecho. Esto podría, a su vez, promover el cumplimiento de los acuerdos y minimizar eventuales fricciones comerciales.

k Integrar todas las piezas de esta plataforma del libre comercio en una sola unidad. Los países de la región han suscrito múltiples acuerdos comerciales entre sí, lo cual ha generado una compleja red de preferencias arancelarias y reglas comerciales. EE. UU., como el principal socio de muchos de estos países, es el candidato idóneo para promover la convergencia de estos convenios, mediante un proceso que podría organizarse por etapas y con los acuerdos con EE. UU. como punto de partida.

k Ampliar el número de beneficiarios de la plataforma del libre comercio y reducir los costos de transición. El comercio es un poderoso motor para que las personas, las familias y las comunidades salgan de la pobreza.

Para desencadenar y expandir ese potencial, los países deben poder atender sus limitaciones en infraestructura, educación y financiamiento, entre otras. Esto hace que el concepto de “Ayuda para el Comercio”, que EE. UU. apoya, pueda y deba convertirse en un eje central de sus relaciones con AL.

k Fortalecer las bases de la plataforma del libre comercio. Esta plataforma requiere un sistema multilateral de comercio sólido, por lo que EE. UU. y sus socios deben apoyar a la Organización Mundial de Comercio y concluir la Ronda Doha. Ello demostraría el compromiso de EE. UU. con el multilateralismo y los mercados abiertos, solventaría problemas no resueltos por los TLC, y dejaría a EE. UU. en una mejor posición para atender otros temas que demandan la cooperación multilateral, como el cambio climático y la seguridad energética.

Finalmente, es necesaria una nota de cautela en relación con la idea de reabrir los TLC para revisar las reglas en materia laboral, pues las fuerzas proteccionistas podrían querer utilizar la coyuntura para dificultar el acceso al mercado estadounidense. Además, podría afectarse el delicado balance alcanzado, abriendo una caja de Pandora en las que los grupos de interés de cada país empiecen a pedir lo propio.

Peor aún, las fuerzas antiglobalización, nacionalistas y populistas podrían querer utilizar ese proceso para promover su agenda en contra del comercio, complicando aún más el panorama político en AL. En todo caso, aun cuando esta discusión parece estar dirigida primordialmente a lo interno de EE. UU., lo cierto es que cualquier iniciativa en este campo debería empezar por generar mayor confianza sobre las intenciones que se persiguen.

El presidente Obama es un líder admirado, percibido como un internacionalista dispuesto a trabajar con otros países para alcanzar objetivos comunes.

Dada la importancia del comercio para las naciones latinoamericanas, una renovada política estadounidense permitiría dar contenido a este liderazgo y abrir nuevas oportunidades de crecimiento y desarrollo.

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