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Lorena Vásquez |
Diputada, PUSC
Por mandato constitucional, la Asamblea Legislativa debe nombrar los magistrados propietarios y suplentes que integran la Corte Suprema de Justicia, órgano superior del Poder Judicial. Cuando los períodos concluyen o hay renuncias o sustituciones, tales vacantes deben llenarse mediante votación de dos terceras partes del Parlamento.
Desde el pasado 16 de enero del 2008, se inició el procedimiento para la elección de un nuevo magistrado o magistrada de la Sala Constitucional, y un año y cinco meses después, aún no se somete el asunto a votación.
Proceso abierto. Sin duda, este proceso de selección ha sido abierto y participativo; no se le ha puesto límite a nadie para su postulación. En la Comisión de Nombramientos se valoraron atestados académicos, publicaciones, valores cívicos y visión de país, de cada uno de los 17 postulantes; como resultado, tuvimos la recomendación de siete profesionales que, según el procedimiento establecido, responden al perfil como las personas idóneas para ocupar el cargo.
Sin embargo, la decisión en Plenario parece dilatarse, pues es constante el rompimiento de quórum, las interrupciones prolongadas, los largos recesos y el levantamiento de la sesión de manera anticipada, hechos suficientes para creer que hay intereses para que no pase nada y entonces no queda más que darle la razón al periódico La Nación cuando titula: “Magistrado de Sala IV - PLN retrasa nombramiento”, aunque tal vez, ellos no sean los únicos.
Flaco favor le haríamos al sistema democrático, viciando esta elección, burlando el proceso y desacreditando cada vez más a la Asamblea Legislativa. Es en este tema en donde las fuerzas políticas tenemos el verdadero reto de encarnar en una persona los mejores valores y tradiciones costarricenses.
No se trata de escoger el más cercano o amigo, no se trata de llevar al cargo al más partidario, porque estamos en el poder, o preparar el terreno para sacarse un as de la manga y pisotear la dignidad de quienes de buena fe creyeron y sometieron sus nombres en este proceso; ciudadanos que merecen ser tratados con dignidad y respeto, porque su único propósito es el de servir al país en un cargo público que requiere del escrutinio público.
Lamentablemente, tenemos experiencias en el pasado, que, de repetirse, estaríamos deslegitimando una vez más el procedimiento aplicado a la fecha, y no se tendría moral para luego exigir calidad y transparencia en los actos y resoluciones de quienes integran la Sala Constitucional.
He sido crítica de la metodología de los puntajes, porque algunos de los requerimientos establecidos no están contemplados en la Constitución, ni tampoco son indicadores válidos de la excelencia profesional del postulante. ¿De qué sirve asignarle a un libro un puntaje si este ni siquiera ha sido leído? Si lo que realmente importa es el pensamiento del postulante reflejado en sus tesituras escritas, e incluso aún más trascendente, lo que la persona en su vida práctica haya concretado, los valores en los que haya demostrado creer por medio de sus actuaciones materiales.
Pese a los reparos, lo cierto es que 17 postulantes tuvieron la valentía de proponer sus nombres y someterse a un largo proceso de escrutinio, en el que, sin duda, no solo han tenido que encarar críticas planteadas de frente, sino también han estado sometidos a anónimos inescrupulosos que tratan de minar su prestigio y cuestionar su integridad, sin ningún fundamento válido.
Se espera transparencia. En tiempos en que con toda razón se ha priorizado la lucha por la transparencia institucional y en contra de la corrupción, muy mal haría la Asamblea si les transmite a los costarricenses que más vale tener amigos que atributos personales, que más vale estar en la clandestinidad, que someterse a un proceso público de control.
Los costarricenses esperan firmeza y prontitud en las decisiones, exigen honorabilidad e integridad en quienes ocupan los más altos cargos de la función pública. Si hay candidatos y candidatas, ¿por qué no se pronuncia el Parlamento? ¿Acaso se estarán cociendo habas en alguna parte?
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