LN OPINIÓN

Costa Rica, Jueves 18 de junio de 2009

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Hazel Feigenblatt | hfeigenblatt@gmail.com

La lección de Obama en Internet

 Los candidatos a la presidencia no están explotando todo el potencial de Internet

Periodista

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Candidatos presidenciales como Laura Chinchilla y Ottón Solís están participando, activamente, en redes sociales como Facebook y Twitter, y ofrecen sitios electrónicos interactivos, tal como lo hizo Barack Obama hace unos meses.

Lamentablemente, el elemento clave que marcó la diferencia en el uso de Internet en la campaña de Obama y que desató una activa participación del electorado, no se observa por ningún lado en Costa Rica.

Ese elemento clave fueron las herramientas en línea diseñadas para permitir que los electores pasaran de simpatizantes sentados frente a una computadora a organizadores activos en sus comunidades.

El sitio My.BarackObama.com servía como un punto de encuentro para los seguidores del candidato.

Ciudadanía activa. Se registraban en el sitio y este los llevaba a una plataforma en la que, por su propia iniciativa, podían ponerse de acuerdo con otros simpatizantes para hacer eventos de recaudación de fondos, ir a tocar puertas e incluso organizar centros de campaña cuando notaban que en sus comunidades aún no había uno.

El sistema iba aún más lejos. Le daba a cualquiera que se registrara una lista de indecisos cuyo perfil tuviera algo en común con el suyo (una ama de casa con otra, etc.), así como instrucciones para contactar y escuchar a los indecisos y contrarrestar sus inquietudes con los argumentos de la campaña.

Además, el sitio proporcionaba un formulario para reportar si valía la pena programar otra visita o si se necesitaba transporte el día de la elección.

Por otra parte, los correos electrónicos eran relativamente personalizados. Por ejemplo, si las encuestas indicaban que el candidato estaba perdiendo una zona, se enviaban correos a los simpatizantes de áreas vecinas, pidiéndoles hablar con sus conocidos de esa zona.

A quienes estaban registrados para votar en un distrito, pero podían registrarse en otro más estratégico, se les sugería hacerlo (un millón de votantes se registró de esa forma). Quienes recibían los mensajes no solo se sentían parte del equipo de campaña, sino que creían que sus acciones individuales importaban.

Como resultado, el comando de campaña pronto empezó a descubrir grupos y comunidades parcial o totalmente organizados trabajando por su cuenta y solo necesitó darles cierto apoyo o guía. “(Esto) simplemente no hubiera sido posible sin esas herramientas en línea”, según una cita del jefe de campaña, David Plouffe, en un reportaje de la revista Fast Company.

Uso tradicional. En el caso de Chinchilla y Solís, su presencia en línea se limita a recoger información de los simpatizantes y en algunos casos a intercambiar mensajes con ellos.

El sitio de Solís invita a “ejercer la @cción Ciudadana en la Red”, participando en blogs políticos, redes sociales y otros medios, pero se trata de una invitación de unas cuantas líneas.

El de Chinchilla tiene un formulario para que la gente indique cómo le gustaría contribuir con la campaña, pero la persona debe esperar a que alguien le diga qué puede hacer y cuándo.

En ambos casos, las secciones sobre cómo contactar a la campaña consisten en correos electrónicos o números de teléfono despersonalizados, en lugar de nombres de personas reales, distribuidas por barrio o al menos por provincia.

Un dato interesante: los electores pueden dejar comentarios y en ambos sitios se leen mensajes de gente deseosa de hacer más que sentarse frente a la computadora. Algunos mensajes señalan que falta información sobre cómo organizar un distrito donde no hay presencia del candidato o preguntan por qué no se les ha contactado desde que se afiliaron en línea.

Por supuesto, cada sistema y cultura electorales tienen sus propias particularidades y no se trata de aplicar fórmulas diseñadas para otros contextos.

Sin embargo, la clara lección de la campaña de Obama es que conectar a la gente en línea para que actúe por su propia cuenta en el mundo real puede decidir el resultado de una campaña.

También puede inspirar el resurgimiento de una participación ciudadana activa y espontánea, pero ello no ocurrirá mientras las campañas se muestren como estructuras totalmente centralizadas y despersonalizadas, sin importar en cuántas redes sociales y sitios electrónicos desplieguen sus mensajes.

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