Periodista
Además de haber celebrado el triunfo de los Lakers el domingo anterior, me dediqué a hurgar en el interior de una corona que al baloncesto le dejó grandes enseñanzas.
Sin importar que sea seguidor de los angelinos y de que considere que Kobe Bryant es lo más cercano a Michael Jordan, este anillo de monarcas le mostró al mundo entero la fortaleza que tuvo una persona para cambiar.
Me refiero a Kobe, ese número 24 que hace magia con la pelota, y quien al terminar el quinto juego entre los Lakers y el Orlando Magic, fue declarado, por primera vez en su carrera, el jugador más valioso de toda la serie final (MVP, por sus siglas en inglés).
Más que ganar su cuarto título de la NBA, y el MVP, el botín más preciado de Bryant es haber madurado y dejar de lado su ego por el bien del equipo.
No cuestiono, jamás, que Kobe puede darle vuelta a un partido, y, si se le antoja, marcar 81 puntos él solo, como ya lo hizo.
Pero eso, a todas luces impresionante, era, precisamente el peor defecto que tenía el angelino, quien quería demostrar su valía sin importar el resto del grupo.
Claro, el triunfo de los Lakers en esta temporada no es solo porque Kobe mejoró la personalidad, sino también porque hubo hombres como Pau Gasol, Lamar Odom, Trevor Ariza y Derek Fisher, quienes brillaron cuando el quinteto más los necesitaba.
También está claro que la guía de Phil Jackson, quien llegó a su décimo anillo, fue vital para conseguir la corona, pero el cambio de actitud de Kobe Bryant fue lo que inclinó la balanza.
Y es que la vida es así. Puede que usted sea un superdotado en cualquier campo, mas si no es “gente”, como decimos los ticos, su éxito no será tan celebrado.
Ser gente es reconocer que tenemos limitaciones, es saber que no podemos hacerlo todo solos, y darse cuenta que, con el proceder adecuado, a veces la derrota lo catapulta a una enorme alegría.
Recuerdo la frustración de Bryant cuando ganó sus primeros tres títulos, pues Shaquille O’Neal fue la figura del equipo y el poseedor de los tres MVP.
Más que dejar claro que él podía llevar a Los Ángeles a otro anillo, sin O’Neal, y que podía ser el MVP, el domingo Bryant dejó entrever que su madurez lo convierte en un mejor campeón.
Él, quien hasta tuvo problemas con Jackson porque el ego le impedía acatar órdenes, dijo que ahora no se halla sin tener al maestro “Zen” en el banquillo; él es, entonces, más que un MVP.
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