LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 14 de junio de 2009

/OPINIÓN

Eduardo Ulibarri

Liberación, el PAC ¿y los otros?

 Aunque persistenvarias incógnitas,el panorama políticoes más claro

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TAMAÑO

Dos convenciones consecutivas, en los partidos con más fuerza legislativa y posibilidades de puntear en el 2010, han definido piezas clave de nuestro tablero electoral.

Acción Ciudadana (PAC), al fin, se abrió a la lucha explícita de tendencias, logró cierta reactivación organizativa, avanzó en su maduración y legitimó el liderazgo y candidatura de Ottón Solís.

Pero su anémica convención cerrada, marcada por una escasa participación y realizada en medio de resistencias internas, mostró la rigidez y debilidad de sus estructuras, y generó un negativo contraste con lo sucedido en la acera del frente.

Liberación Nacional (PLN) desplegó una participación inédita en su intenso proceso abierto, aceitó su proverbial maquinaria de votos y dio a la candidata triunfante, Laura Chinchilla, gran potencia política. De paso, apuntaló la buena imagen del Gobierno.

A la vez, salieron a flote importantes pugnas y pujas internas, que demandan atención.

Todo esto sucede en un contexto de contracción económica con estabilidad y sin asomos de agitación social, pero con un 54% de ciudadanos que, según la última encuesta de Unimer (en mayo), dicen no simpatizar con ningún partido político.

Si a esta realidad sumamos las definiciones pendientes en otras tiendas políticas, el resultado es que todavía hay margen para la incertidumbre.

Una fuerte candidata

A estas alturas de la carrera electoral, Chinchilla luce en plena forma:

Puede desarrollar un mensaje de cambio dentro de la continuidad. Cambio, por ser mujer y abrir un nuevo horizonte de participación, por su anclaje en la clase media, por el énfasis en nuevos temas públicos, por su apertura a diversos sectores y por otro elenco de dirigentes. Continuidad, por sus nexos con un Gobierno que goza de considerable respaldo y por apego a las líneas básicas de su política.

Se afinca en una sólida base partidista: en la encuesta de Unimer, las simpatías por el PLN llegan al 30%. Su exitosa convención ha sido, a la vez, realidad y símbolo de fortaleza. En cambio, Unidad Socialcristiana (PUSC) y el PAC descendieron al 9% y 6%, respectivamente; el Movimiento Libertario (ML) está hundido en el 1%, y la izquierda sigue invisible en el radar de los sondeos.

Chinchilla tiene particular arraigo entre los votantes jóvenes y las mujeres, un sólido punto de apoyo para ampliar y energizar su base personal; también, la partidaria.

Sus contendores (reales y probables) podrán apelar a lo distinto en sus propuestas, pero no a lo nuevo como dirigentes: Solís y Otto Guevara van por su tercera candidatura; Rafael Ángel Calderón, rechazado como nunca, pende de un complejo juicio penal; quienes suenan en la izquierda son viejos aspirantes desplazados de otros grupos.

Al contrario de Arias en el 2006 –y, en gran medida, gracias a la acción gubernamental–, no enfrenta un clima de polarización política o social, ni es una candidata polarizadora. Además, mientras el PLN está ante la oportunidad de aglutinar a los propios y muchos ajenos, en el resto hay dispersión.

Debilidades, amenazas y… negociación

A pesar de este auspicioso mapa astral, en el universo de doña Laura orbitan varios desafíos.

Como figura electoral, aún debe dar el salto desde los parlamentos articulados y bien asimilados hacia la espontaneidad de los mensajes cortos, punzantes, directos, intensos, sencillos e inspiradores.

Su explícita vinculación con el Gobierno, realidad indiscutible y palanca movilizadora en la convención, tendrá otras implicaciones en una campaña nacional. Por ello, deberá manejarla con gran cuidado.

Nada asegura que el Presidente y su equipo mantendrán la popularidad en los niveles actuales, y la crisis económica podría generar efectos que debiliten la imagen gubernamental.

En todo caso, las elecciones del 2010 no serán un referendo sobre la gestión de Arias o sobre otra reelección. Lo que se juega es la primera elección de Chinchilla. Por esto, para la candidata liberacionista, cambio con continuidad también debe implicar independencia y capacidad de maniobra, que le permitan administrar tanto la cercanía con el Gobierno como la autonomía de su figura y propuestas.

Fue ella la que ganó la convención. Es ella la que deberá ganar las elecciones.

Las procelosas aguas del PLN, con sus “capitanes” y navegantes, representan otro reto crucial. Tendrá que negociar, al menos, a dos bandas, para integrar las listas de diputados, conformar su propio equipo y controlar la maquinaria electoral interna.

La negociación más obvia será con Johnny Araya y su grupo; también, la menos compleja. Ellos son los derrotados, dependen totalmente del partido para sus aspiraciones futuras y han demostrado sentido de realismo.

La más nublada y difícil será con Óscar Arias y su hermano Rodrigo, interesados en prolongar la herencia del primero, impulsar las aspiraciones del segundo, y contar con escuderos y operadores políticos confiables y fieles para lograrlo.

De qué manera y en qué medida Chinchilla logre manejar ambos frentes, para contar con cuadros dominantes, pero sin arriesgar el “enfriamiento” de sus adversarios o el resentimiento de sus mentores, será esencial para la campaña; más todavía, para un eventual Gobierno.

Solís y su baraja

En las elecciones del 2002, Ottón Solís y el PAC irrumpieron como un movimiento original e inspirador frente a Abel Pacheco, del PUSC, y Rolando Araya, del PLN. Impulsaron un nuevo estilo y mensaje. Le dieron el golpe de gracia al bipartidismo de entonces y forzaron, por primera vez en la historia, una segunda vuelta electoral. Todo un hito.

En el 2006, ya el mensaje y la figura no eran novedosos. Pero vinieron escándalos de corrupción, el descalabro del PUSC, la polémica decisión sobre la reelección presidencial y la polarización social y política. En esas circunstancias, Solís pudo potenciar sus fortalezas; estuvo a las puertas del triunfo y el PAC se convirtió en la segunda fracción legislativa.

¿Cuáles podrían ser los impulsos para el tercer intento? Esta es la gran pregunta. Las respuestas, por ahora, no lucen promisorias.

Don Ottón ya es una figura tradicional: nada malo, pero sí discordante con partes de su discurso. Conforme ha pasado el tiempo, su imagen de honestidad no ha caído, pero la de inflexibilidad ha crecido. Epsy Campbell lo “testimonió” en más de una oportunidad.

El PAC, atrapado en la rigidez, el control político y la denuncitis de algunos diputados, es mucho más conocido por sus rechazos que por sus propuestas, y ha demostrado muy poca permeabilidad a las corrientes políticas aperturistas y renovadoras. Aun así, algunos grupos perimetrales, cuyo extremismo crece con la marginalidad, lo acusan de flojo o contemporizador.

Solís, incesante en su energía y claramente identificado como el antiarias (y cualquier cosa parecida), tiene las mejores condiciones para capitalizar un eventual crecimiento en el descontento de un electorado que difícilmente se volcaría a la izquierda. En particular, podría beneficiarse de los tropezones del Gobierno y de un posible deterioro social a consecuencia de la crisis.

Pero depender de factores exógenos e incontrolables como escalera hacia el triunfo, es riesgoso. Además, nada impedirá que otros –incluso doña Laura– puedan aprovecharlos.

Su verdadera opción de triunfo electoral y continuidad partidaria, dependerá de la capacidad del PAC para emprender una reingeniería conceptual, que conduzca a planteamientos más creativos, visionarios y pragmáticos.

A la vez, el partido está urgido de estructuras más sólidas, una organización más extendida y real voluntad negociadora. Junto a ellas, debe desplegar dinámicas internas que, hasta ahora, han sido sepultadas por un paternalismo “familiar” con olor a naftalina y lejano a la sensibilidad de los sectores más jóvenes del electorado.

Por el bien del partido y de un sistema político que requiere una alternativa viable, democrática y competente frente al PLN, las tareas de renovación y actualización deberían acometerse con prontitud.

Mientras, en otras tiendas…

En otros grupos y corrientes políticas, los nublados aún son densos.

Sabemos que Calderón quiere ser candidato. Si ganara el juicio, su horizonte y el de sus candidatos a diputados tendría algunos destellos, aunque el PUSC se precipite sin remedio en la condición de partido-franquicia de dominio personal. Si lo perdiera, el riesgo de implosión sería enorme.

Es probable que Otto Guevara vea en el eventual colapso socialcristiano y calderonista una oportunidad de atraer votos sin rumbo, sumarlos a los fieles libertarios y mejorar sus pronósticos.

Su publicidad actual, centrada en su figura sin mencionar al partido, es sintomática. Pero esa aspiración depende de elementos complejos, imprecisos y cambiantes.

En la esquina izquierda, lo único seguro, por el momento, es que el Frente Amplio, de José Merino, ya es un partido de carácter nacional. Está “abierto” a alianzas, pero, con buen tino, se cuidó de asegurar la vigencia propia.

Menos se sabe de la Alianza Patriótica, alero de personajes tan dispares como Rolando Araya, Óscar Campos, Célimo Guido, Mariano Figueres y Eugenio Trejos. ¿Podrán ponerse de acuerdo entre sí, para después intentar hacerlo con otros? Parece difícil. Y si lo logran, ¿qué credibilidad y atractivo tendrán para el electorado?

Los “comités patrióticos”, esa espontánea red orgánica que creció contra al TLC, están en dispersión. Varios no existen; otros, lo logran a medias, y la mayoría de los que quedan carecen de una adhesión electoral uniforme.

Los partidos residuales, algunos con representación unipersonal en la Asamblea Legislativa, es improbable que tengan mayor incidencia.

¿Y entonces?

Si la mayoría de los ciudadanos están indefinidos (al menos hasta mayo), si la oferta electoral no se ha completado, y si la situación del país se mantiene estable, pero con focos de incertidumbre económica, la conclusión es que la fluidez constituye factor electoral clave.

Las definiciones en el PLN y el PAC son determinantes. Pero también parciales, para esos partidos y para la política como un todo.

En cualquier apuesta que parta de que la situación actual se mantiene, no habría duda sobre dónde poner la ficha: en una competencia entre Chinchilla y Solís, con la candidata como gran favorita.

La presencia de otras variables, la posibilidad de que crezcan en importancia y los nueve meses que faltan de aquí al primer domingo de febrero, impiden cualquier pronóstico responsable. Pero, al menos, el horizonte es mucho más claro.

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