LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 7 de junio de 2009

/OPINIÓN

Saúl Weisleder

La aurora de una nueva época

Abogado

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Pocas épocas como la actual constituyen momentos de cambio y desafío. Tanto a nivel mundial como en la vida interna de la potencia dominante económica, política y culturalmente, los EE. UU., los desafíos y los cambios necesarios, podrían ser posibles. Este podría llegar a ser un período como el de los 3 gobiernos consecutivos de Franklin Roosevelt. Ojalá sin una guerra de por medio. Consecuente con sus compromisos de campaña, y limitado por las realidades del ejercicio del gobierno, el presidente Obama ha comenzado a desarrollar en estos primeros 4 meses lo que será su programa del primer cuatrienio.

Estabilizar la economía. Su primera prioridad y desafío absoluto es lograr estabilizar la economía e iniciar de nuevo el crecimiento económico, condición necesaria para el resto de las tareas. Para ello, ya ha conseguido una precaria estabilización del sector financiero y la aprobación de un presupuesto extraordinario para, en la mejor tradición keynesiana, acompañar la estabilización con la recuperación. Pero como ha dicho (“off the record ”) su “ministro de la Presidencia”, el hábil estratega y duro negociador, Rahm Emmanuel, “no hay que perder la oportunidad que ofrece una crisis”: por eso, han avanzado simultáneamente en otros importantes frentes, en los que plantean transformaciones de fondo.

La Reforma del Sistema de Salud es la segunda prioridad: en esencia, lo que busca es darle a EE. UU., en concordancia con las características particulares de esa sociedad, un sistema de acceso universal a la salud, rebajando costos operativos y creando, junto a los proveedores privados, un proveedor público. La batalla política en este campo es fenomenal.

Reforma energética. Simultáneamente, reducir el peligro de un ataque terrorista contra el territorio de EE. UU., de características similares o peores al del ataque de “las torres gemelas”, es un objetivo central. Sin seguridad, ningún país puede desarrollar su potencial. En esta área, controlar a “Al Qaeda”, mantenerlos circunscritos y a la defensiva, al tiempo que se logra una estabilidad que conduzca al autogobierno en Iraq, un grado razonable de control y gobernabilidad en Afganistán, para impedir el acceso de grupos terroristas (sobre todo Al Qaeda) a las armas nucleares en Pakistán, sociedad altamente inestable en este momento, son las metas mínimas.

Un cambio fundamental es lograr una reforma energética que reduzca la dependencia de EE. UU. de los hidrocarburos y, particularmente, de su importación. A la vez, mediante el impulso de otras tecnologías, reducir la contaminación ambiental. Existe fundamento para pensar que es aquí en donde podría residir la próxima revolución tecnológica y la nueva fuente de crecimiento económico, un crecimiento más acorde con las posibilidades del planeta.

Ligado a lo anterior, la reorientación de las agendas ambiental, educativa y de derechos laborales, constituyen las siguientes prioridades. En las presentes condiciones económicas y políticas, no es mucho lo que podría avanzar en estos aspectos, pero se trata de dar pasos lo suficientemente importantes para conseguir, en un segundo mandato, las transformaciones necesarias. En el marco legal vigente, la EPA ya ha variado algunas políticas excesivamente liberales, heredadas del gobierno anterior.

Conflicto árabe-israelí. En política internacional, a lo apuntado se agrega replantear el papel de los EE. UU. en el conflicto árabe-israelí, fijando la alianza EE. UU.-Israel, dados los valores esencialmente coincidentes que son fundamento de ambas sociedades. Pero hay un papel un tanto más crítico del actual gobierno estadounidense con las políticas de Israel, en comparación con el gobierno Bush. No obstante, la seguridad de Israel sigue siendo un principio esencial de esta política, dadas las amenazas contra ese país y la visión global en torno a la democracia, los derechos humanos, el pluralismo y otros valores fundamentales compartidos por ambos pueblos. La amenaza del régimen iraní, sigue siendo una dificultad mayor en la resolución de este conflicto, especialmente dado su patrocinio de Hezbolá y de Hamás (esto último reconocido públicamente hace pocos días por un dirigente de Hezbolá). Una vez que existan las condiciones políticas (que hay que tratar de crear afanosamente), la “solución de dos estados” con parámetros y principios ya muy avanzados, tendrá que darse.

Por último (sin ser exhaustivos), pero muy importante para Costa Rica, hay un esfuerzo por mejorar las relaciones con el resto del Continente Americano. Esto se pudo percibir en la Cumbre de Trinidad y Tobago. Por ahora, solo se manifiesta en la forma, el estilo, pero se espera que gradualmente esto se exprese también en el fondo. (El aparente levantamiento de la objeción al TLC con Colombia y los movimientos hacia la apertura mutua con Cuba, son pasos importantes). La mejor manera de lograr una colaboración intracontinental está contenida en la forma en que el presidente Arias lo expresó en esa cumbre, en contraste con una visión apegada excesivamente al pasado tal como, la que lamentablemente aún persiste en varios de los Gobiernos de nuestra América.

Mayor consenso. Costa Rica, México y Chile son quienes más inteligentemente han aprovechado la cercanía y el potencial de EE. UU., Brasil, Perú, Colombia y la mayor parte de Centroamérica, y algunos países caribeños también lo han hecho. Pero se trata de que haya un mayor consenso en la región, para que sepamos cómo redefinir esa relación en términos de menor hostilidad y mayor cooperación, realizando simultáneamente los cambios internos que permitan alcanzar sociedades menos desiguales, con mejores oportunidades para todos. Aunque algunos no lo crean, EE. UU. puede ser un gran apoyo en este cometido y el presidente Obama y su equipo, grandes aliados para ello. Sin embargo, se requiere una nueva actitud y forma de pensar de las élites latinoamericanas.

Lo dicho son apenas pinceladas. Cada tema merece análisis detallado y profundo. Es apenas la aurora de una nueva época. La buena gobernanza nacional e internacional puede marcar diferencias muy importantes en el bienestar de la gente. Pero una buena gobernanza pasa primero por una visión acertada, compartida e inclusiva. En nuestros corazones, tanto como en nuestras cabezas, puede estar la clave de ese mundo mejor.

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