LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 7 de junio de 2009

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Un pordiosero con armas nucleares

Sung Chul Yang, exembajador de la República de Corea en los Estados Unidos y actualmente profesor distinguido en la Universidad de Corea en Seúl, es autor de The North and South Korean Political Systems: A Comparative Analysis (“Los sistemas políticos de Corea del Norte y Corea del Sur. Análisis comparativo”)

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SEÚL – Una vez más, la península de Corea está experimentando uno de sus periódicos accesos de extremismo, esta vez marcado por el suicidio el 22 de mayo del expresidente Roh Moo-hyun y el segundo ensayo de un artefacto nuclear de Corea del Norte. El suicidio de Roh es un desastre para su familia y una vergüenza nacional, mientras que la explosión nuclear del dirigente de Corea del Norte, Kim Jong-il, es algo así como un berrinche, pero que puede tener consecuencias espantosas para las dos Coreas y para el mundo.

La bomba norcoreana, calculada en unos cuatro kilotones, no tiene la menor comparación con la magnitud de las bombas atómicas de 15-21 kilotones que los Estados Unidos lanzaron en el Japón hace sesenta y cuatro años. De hecho, ese jactancioso intento por parte de Kim Jong-il recuerda a los coreanos la rana bramadora de las fábulas de Esopo que se hinchó para imitar a un buey. Sin embargo, la beligerancia de Corea del Norte que desafía al mundo no es pura y simple locura. Es más bien un subproducto de su intenso temor a un hundimiento del régimen.

Como coreano que soy, siempre me asombra el extremismo coreano. ¿Dónde se puede encontrar en el mundo una mutación dinástica regimentada y militarizada de un sistema comunista totalitario más aislada que en Corea del Norte? ¿Dónde se puede ver en la Tierra un pordiosero con armas nucleares y que lanza misiles como Kim Jong-il? ¿Acaso hay otro país en el que solo un padre y su hijo hayan gobernado como semidioses durante sesenta y un años?

Ejemplo de Corea del Sur. Asimismo, ¿en que lugar, salvo en Corea del Sur, se puede encontrar una iglesia cristiana cuyos miembros registrados superan los 800.000 y en la que casi 100.000 miembros asisten a cada uno de los tres oficios dominicales todas las semanas? ¿En qué otro lugar se puede ver a un expresidente suicidarse lanzándose por un acantilado cerca de su residencia? Y todo ello en un país que en el decenio de 1940 tenía una renta por habitante de unos 40 dólares, pero ahora tiene una economía que ocupa por su volumen el puesto decimosegundo o decimotercero del mundo.

Cornelius Osgood, antropólogo americano, atribuyó el extremismo coreano al clima de la península. Observó que el temperamento coreano es un producto de largos y crudos inviernos siberianos, veranos calurosos y húmedos y primaveras y otoños cortos. Sin embargo, yo creo que el extremismo coreano es consecuencia de la geografía y la historia del país. Rodeado de vecinos hostiles, como los chinos, los mongoles y los manchúes en el Norte y los japoneses al otro lado del mar, los coreanos han luchado con uñas y dientes durante miles de años para conservar su identidad étnica, lingüística, cultural y política.

Aparte de ponerse a atribuir culpabilidades, ¿qué se puede hacer con Corea del Norte? Lamentablemente, volver a meter el genio nuclear en la botella es prácticamente imposible. La eficacia de las opciones disponibles es limitada y todas ellas están preñadas de consecuencias militares y políticas imprevisibles.

La “estrangulación económica” de Corea del Norte parece ser la opción de reserva. La tarea inmediata debe ser el fortalecimiento y endurecimiento de la resolución 1718 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, formulada a raíz del primer ensayo nuclear de Corea del Norte en octubre de 2006. El Consejo de Seguridad ya está redactando una nueva resolución, pero, para que la nueva resolución sea eficaz, resulta decisiva la participación plena y decidida de China, cosa que hasta ahora no ha ocurrido. Cualesquiera medidas unilaterales de países particulares contra Corea del Norte deben aplicarse dentro del marco más amplio de la nueva resolución.

La puerta abierta. Y, aunque se impongan nuevas sanciones, se debe dejar abierta la puerta de las conversaciones de seis partes para Kim Jong-il. En esta situación de enconado enfrentamiento, las otras cinco partes en las conversaciones –China, el Japón, Rusia, los Estados Unidos y Corea del Sur– no deben ser los primeros en ceder con Corea del Norte. En este momento, la opinión pública mundial, en particular en Corea del Sur y en el Japón, es sumamente volátil. Es necesario un período de serenidad antes de actuar. Sería imprudente e inútil plantear el diálogo con Corea del Norte inmediatamente después de su berrinche con misil y su peligrosa política nuclear.

Después de que se apliquen unas sanciones firmes y eficaces encabezadas por las Naciones Unidas, las partes interesadas deben esperar a que Corea del Norte sienta las duras consecuencias del agobio económico, pero, como Corea del Norte es uno de los Estados más pobres y menos globalizados del mundo, la eficacia de las sanciones será limitada.

Al mismo tiempo, la amenaza nuclear no es el peligro más inmediato. La mayor amenaza actual es el combate real, pues, un día después del ensayo nuclear de Corea del Norte, Corea del Sur anunció su participación plena en la iniciativa estratégica contra la proliferación encabezada por los Estados Unidos, encaminada a interceptar los buques que podrían estar participando en transporte ilegal de tecnología nuclear. Corea del Norte criticó esa decisión como una “declaración de guerra”, por lo que en los próximos días y semanas será necesario actuar con mucho tiento y mantener la cabeza fría en los mares en torno a Corea.

No repetir el error. El aumento de la tensión en la península de Corea está desbaratando rápidamente las vislumbres de esperanza de reunificación que siguieron a los diez años de avances con los gobiernos de Kim Dae-Jung y Roh Moo-hyun. El presidente surcoreano, Lee Myung-bak, con sus bruscos cambios cegados por las luchas intestinas por el poder nacional, no vieron las maniobras de dirección, y Kim Jong-il, con su renovado chantaje nuclear, parecen decididos, los dos, a ver deteriorarse las relaciones. Los dos dirigentes actuales de Corea no deben repetir el error de sus predecesores en la última parte del siglo XIX. estratégicas de las grandes potencias de la región, lo que propició directamente la colonización de Corea por el Japón.

El empeoramiento de las relaciones intercoreanas volverá sin lugar a dudas a ambos bandos menos seguros y estables política, económica y militarmente. Atrapadas en esa perversa espiral, Corea del Norte y Corea del Sur resultarán mucho más vulnerables ante las maniobras estratégicas de las potencias vecinas. A consecuencia de ello, la hostilidad intercoreana en aumento puede resultar en última instancia mucho más letal para el bienestar de todos los coreanos que el trágico suicidio de Roh Moo-hyun y los fútiles fuegos artificiales de Kim Jong-il.

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