LN OPINIÓN

Costa Rica, Sábado 4 de julio de 2009

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José Manuel Rojas

La visita de Midori a Costa Rica

 Este acontecimiento dejará una huella de incalculable valor cultural para las ticas y los ticos

Músico

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La trascendencia de la visita de Midori a Costa Rica, a la Orquesta Sinfónica Nacional, en el marco del Sistema Nacional de Educación Musical (SINEM), no se puede medir de inmediato, pero sí es seguro que este acontecimiento dejará una huella de incalculable valor cultural para las ticas y los ticos. Que una mujer de esta magnitud nos visite y se inserte dentro el contexto musical local, no es del todo común. Esta violinista japonesa, nacida en Osaka en 1971, podría ser una diva, pero no lo es: es una mujer comprometida que fue designada como Mensajera de Paz de las Naciones Unidas en el 2007.

Artista comprometida. En 1992, cuando tenía solo veinte años, fundó, en Nueva York, la primera organización no gubernamental con la cual trabaja: Midori & Friends, para reaccionar a los recortes de presupuesto a la educación en el campo de las artes.

Cuando visita las escuelas, a veces lo hace con sus “friends” y presenta a los niños sus amigos músicos de jazz o de música del mundo. Otra organización de beneficencia que Midori fundó en el 2002, se llama Music Sharing. Esta entidad tiene el propósito de promover la educación musical para la juventud japonesa, y se encarga de divulgar tanto la música clásica como la música japonesa tradicional.

Al hacer eso, Midori recluta músicos de música popular para que compartan su música con la niñez; los intérpretes se presentan en escuelas públicas, pero también en hospitales infantiles e instituciones para niños con discapacidades; además, sus actuaciones involucran la participación de la audiencia y su colaboración activa.

Midori no es nueva en el ámbito del compromiso social: ya en 1985 había participado con Leonard Bernstein, en calidad de solista de la Comunidad Joven Europea en el concierto “Gira por la Paz de Hiroshima”. A partir del 2004 fue nombrada presidenta de la cátedra Jascha Heifetz, de la escuela de Música de Thornton de la Universidad del Sur de California. Allí imparte clases individuales de violín y de música de cámara y el requisito para sus estudiantes es que deben tocar fuera del edificio que hospeda la escuela de música, manifestando así el deseo de comprometerse con audiencias diferentes.

Pasión precoz. En los años ochentas, la madre de Midori, Setsu Goto, tocaba violín; la niña se enamora del sonido del instrumento y desde muy temprana edad Midori va a comenzar a estudiar el violín bajo la tutela materna. Setsu va a hacer una grabación de Midori que luego cae en las manos de la reconocida pedagoga neoyorquina Dorothy Delay. La pedagoga queda impresionada de Midori y la invita a Aspen, Colorado, donde se conocen. Allí conoce también al violinista Pinchas Zukerman, quien luego dirá: “Viene esta pequeña cosita, no tenía ni diez años. Yo estaba sentado en una silla y era tan alto como ella de pie. Ella afinó, se inclinó hacia la audiencia, se inclinó hacia mí, hacia el pianista , y entonces comenzó a tocar el Segundo Concierto de Bartok, y me volví loco… estaba absolutamente aturdido. Me volví a la audiencia y dije: ‘Damas y caballeros, no sé ustedes, pero yo acabo de presenciar un milagro’ ”.

Midori ha afirmado que lleva veinte años luchando para deshacerse del término de niña prodigio y no quiere ser vista como un pequeño genio; es decir, como algo precioso y muy vendible: este concepto no coincidía con lo que ella pensaba de sí misma. La violinista es consciente de que el éxito que llegó siendo ella tan joven le dio la oportunidad de trabajar con grandes músicos y fue una gran oportunidad de aprendizaje.

Sobre su repertorio, la violinista dice que hay buscar un equilibrio entre sonido y textura por un lado y por el otro la popularidad. Una tarea que le resulta más fácil a quien toca un violín Guarnieri del Gesú de 1734, con el cual ejecuta a los clásicos Beethoven, Brahms, Tchaikovsky, pero también a Arvo Pärt, John Adams, Toru Takemitsu y Alfred Schnittke. Pero ¿cómo se sentirá ejecutando muchas veces el repertorio tradicional? La violinista ha declarado acerca de la grabación de los conciertos de Mendelssohn y Bruch con la Filarmónica de Berlín y el director Maris Jansons que se trata de obras que ella ha tocado muchísimas veces y que ya tenía ganas de grabar, replanteándoselas siempre y tratando de desarrollarlas continuamente.La música, sus compositores y la manera en que los ejecutantes comprenden e interiorizan sus nociones, es lo que dicta la manera en que el artista traducirá la obra. Debemos servir a la música y no a lo que pulula a su alrededor. La música no debe servir al ego del ejecutante.

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