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Eduardo Quijano | e.quijano@costarricense.cr |
Productor agropecuario
A propósito de la situación sociopolítica en Honduras, resulta oportuno reflexionar sobre diversos ángulos de su génesis, desarrollo y resultados. Inicialmente, la situación demandaba prudencia y un aporte incondicional para que por las vías del diálogo y la reflexión los hondureños, con el apoyo de todos, dirimieran sus diferencias con su propia fórmula.
Una larga cadena de hechos durante tres años, parece haber creado un distanciamiento entre hondureños, donde diversos actores de los máximos poderes, las organizaciones sociales y el sector productivo entre otros, desempeñaron un papel activo alrededor de temas políticos, ideológicos y productivos.
El último hecho que a manera de epílogo parece haber desencadenado una descarga de acciones, sentimientos y emociones, fue la decisión del presidente Zelaya de insistir, pese a la manifiesta oposición de miembros de otros poderes, en una consulta popular, carente de rigor estadístico y científico, con cuyos resultados podrían haberse creado expectativas alejadas de un objetivo serio y constructivo.
Si bien ese ejercicio ha sido realizado en otros países con características diferentes a las hondureñas, lo cierto es que despertó suspicacias en sectores del país cuya animosidad llegó a niveles inconvenientes, para mantener el clima de tranquilidad que requieren las grandes decisiones en cada nación.
Sin reflexión. Llama la atención el accionar de diversas autoridades en uno y otro sentido. El ejército bajo la supuesta orden de la Corte Suprema de Justicia, bloquea el ejercicio del poder del señor Presidente. Las naciones americanas y europeas se apresuran a declarar lo sucedido como golpe de Estado, sin la menor prudencia frente al análisis de los hechos. Diferentes líderes, especialmente centro y suramericanos, promueven la activación de mecanismos alrededor de organizaciones de países (SICA, ALBA, OEA, países del Cono Sur). Todos en tiempo récord, con sorprendente unanimidad, deciden y ejecutan con celeridad poco vista en tiempos recientes, lo que llama la atención por inusual.
Cabe preguntarse entonces por qué los líderes, especialmente aquellos caracterizados por la prudencia, el diálogo, la tolerancia y su rechazo a la fuerza y al desplante, se ven, de pronto, inmersos en acciones que contravienen las más elementales normas de proporcionalidad, derecho y conveniencia común, cuando unánimemente, condenan, amenazan, confinan y toleran la sentencia de intervención armada unilateral, pasando por encima de cualquier intención sincera de permitir a los hondureños resolver sus diferencias con nuestro apoyo, pero sin nuestra intervención ni invasión.
Quedan por aclarar muchas dudas en torno al accionar de las diferentes instituciones nacionales a raíz de los hechos, especialmente con lo procedido para nombrar un nuevo presidente en Honduras. Pero también es imprescindible valorar el por qué la OEA, extemporánea en su acción, aparece como el verdugo oficial, frunciendo el ceño; por qué todos ríen o al menos callan, cuando se amenaza a una humilde pero valerosa nación con aislarla, cortarle el paso, invadirla o burlarse abiertamente de personas y acciones soberanas de un país.
Cabe preguntarse el por qué, ojalá sea una transformación real, los que fueron gorilas señalan gorilas, los que denunciaron aislamiento (con origen diferente) recetan aislamiento, los que mancillaron la democracia y masacraron a sus habitantes, se rasgan las vestiduras en nombre de la democracia; pero más grave aun, por qué los llamados a intervenir, balancear y moderar, callan ante el atropello a los ciudadanos más humildes de una nación.
Llegó la hora de la verdad para instituciones, organizaciones de países, líderes políticos y sociales pero, sobre todo, para la OEA. Es hora de la razón eterna y no de la conveniencia momentánea.
Ruego para que una eventual intervención de la ONU regrese las cosas a su justa dimensión, y que el pueblo de Honduras, los más desposeídos en lo material especialmente, sean el centro de sus afanes. Que Dios ilumine a todos para que la meditación, la reflexión, la prudencia y el análisis, orienten sus acciones en favor de esta Nación.
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