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Costa Rica, Miércoles 11 de febrero de 2009

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Nacion.com

Julio Rodríguez | envela@nacion.com

En Vela

L a Nación publicó un editorial sobre la necesidad de “depurar” el asesoramiento o los servicios técnicos brindados a los diputados, en bien de una mejor legislación. Gloria Valerín, directora del Departamento de Servicios Técnicos de la Asamblea Legislativa, escribió ayer, en respuesta a dicho editorial, que la palabra ‘depuración’ le “hizo recordar las purgas en los regímenes totalitarios”.

Es decir, la inocente solicitud de depurar, como sinónimo de limpiar, purificar, mejorar (única interpretación posible en un Estado de derecho), la señora Valerín la conecta con las purgas, mas no las inherentes a la limpieza, sino a los “regímenes totalitarios”. Así, el salto dialéctico e histórico entre la intención crítica del editorial y el régimen del terror totalitario desborda la imaginación. En conclusión, no se ha de hablar en Costa Rica de depuración, so pena de ser depurado totalitariamente. En la pluma de una experta o técnica en el campo legislativo y, por lo tanto, del lenguaje, esta inferencia purgativa es riesgosa y comprometedora.

¿Qué haremos, entonces, ante esta “depuración” del lenguaje, si esta palabra ya tiene rango pueblerino y científico? Se habla así de depuración de las aguas residuales, del padrón vehicular o de las cooperativas; hay cursos universitarios de depuración (excelentes los de Madrid y Barcelona) con sus respectivos grados académicos; en derecho se han escrito obras sobre los procesos de depuración legislativa de la imprudencia; la prensa acaba de informar de que 800 núcleos urbanos de España incumplen las directrices de depuración, y hasta cabe referirse a la depuración del lenguaje para que la sinrazón y la vulgaridad no contaminen los valores de un país.

Otras depuraciones o purgas lingüísticas. La vocera de APSE, dolida por la desobediencia y dignidad de las conserjes, ante el ucase totalitario de no limpiar las aulas, denunció “intimidaciones de sus jefes”. Pero ¿quién intimida a quién? ¿El jefe desconocido e invisible o los dirigentes sindicales visibles, conocidos por este estilo y esta ideología? Otra más: se han intercambiado mensajes, en estos días, en Internet, sobre la prensa que determina en Costa Rica “la política criminal”, que dicta “sentencias mediáticas” o urde “fraudes mediáticos”. En suma, la corrupción del lenguaje y de todo sentido de lógica para tratar de impresionar a los tribunales de justicia o a los partidarios políticos, derrotados por los errores de sus propios dirigentes.

Dijo don Quijote a Sancho, a la tica: “No hay que tirárselas de vivo, Sancho amigo, y creer que los demás son tontos”.

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