LN OPINIÓN

Costa Rica, Miércoles 11 de febrero de 2009

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Página Quince

Óscar Arias

De la crisis a la catástrofe

 Una instancia respetuosa pero vehemente a los diputados para que ratifiquen el ‘Plan escudo’

Presidente de la República

“Nuestra incapacidad para actuar, y actuar ahora mismo, convertirá la crisis en una catástrofe y asegurará una recesión más larga, una recuperación menos robusta, y un futuro más incierto”. Estas no son las palabras de un político alarmista o fatídico, sino un mensaje de absoluta urgencia pronunciado el miércoles 4 de febrero por el Presidente Barack Obama, instando al Congreso de los Estados Unidos a aprobar con celeridad el plan de ayuda a la economía que ha elaborado su Gobierno, por el monto aproximado de $800.000 millones.

A escasos días de haber asumido su cargo, Obama instó a los representantes estadounidenses a no hacer “lo perfecto, enemigo de lo esencial”, esbozando una idea que resuena con fuerza en los resquicios de nuestra propia realidad.

Uno de los vicios más persistentes de nuestra política tradicional ha sido la inacción calculadora. No hacer nada por temor a no hacer lo suficiente. No hacer nada por temor a ofender a algunos grupos simpatizantes. No hacer nada por temor a equivocarse. Posponer siempre aquello que claramente no puede esperar, en busca de una perfección que jamás ocurrirá. Y luego, repartir las culpas entre todos los que sí se decidieron a actuar en el momento preciso.

Urge actuar. Esa ha sido la estrategia de algunos políticos y representantes costarricenses a lo largo de los últimos años, y es una estrategia que hoy más nunca debe llegar a su fin. El pueblo de Costa Rica debe empezar a cobrar a sus representantes el precio de su inactividad. Aquello que no constituye más que cálculo político debe dejar de justificarse como cautela, responsabilidad o reflexión. En los días que corren, no hacer nada es mucho más que adoptar una actitud pasiva: es adoptar una actitud agresiva contra todos aquellos que nos piden soluciones en medio de la peor crisis económica internacional de los últimos ochenta años.

Debemos cumplir con una cuota superior de madurez política. El Gobierno ha presentado un plan de protección social y estímulo económico que no es perfecto, pero es necesario; no es suficiente, pero es indispensable. Es un plan que hemos elaborado con las propuestas de muchos sectores de la sociedad, sectores que, en su gran mayoría, tienen intereses contrapuestos y sugerencias difíciles de congeniar. Aprobar el “Plan escudo” no nos eximirá de enfrentar los efectos de la crisis internacional. No obstante, rechazarlo hará que esos efectos sean mucho más profundos de lo que algunos se imaginan. Sobre la marcha, al Plan se le pueden hacer las reformas que necesite. Sin embargo, antes que nada debemos echar a andar las medidas que no han sido puestas en ejecución.

Agradezco la disposición de los ministros, presidentes ejecutivos, gerentes y miembros de las juntas directivas de las instituciones públicas, particularmente de los bancos estatales, que en tan poco tiempo aprobaron la propuesta del Poder Ejecutivo de reducir en dos puntos porcentuales las tasas de interés en sus préstamos para vivienda y para las micro-, pequeñas y medianas empresas. Y agradezco también a todos los líderes políticos, sociales, empresariales y sindicales que continúan mostrando voluntad para colaborar.

Hay que entender el panorama en todas sus dimensiones. Es cierto que, sin acciones inmediatas, iremos de la crisis a la catástrofe. He hecho una instancia respetuosa pero vehemente a nuestros diputados para que ratifiquen lo antes posible las medidas que requieren aprobación legislativa. No les he pedido apoyo para mí ni para mi gobierno, sino para los miles de costarricenses que ignoran si mañana encontrarán un candado en los portones de su empresa o un aviso de desahucio en el buzón de sus hogares. Les he pedido apoyo para quienes temen pasar hambre al final de la quincena y para quienes necesitan un préstamo para mantener a flote sus negocios. Les he pedido apoyo para los habitantes de los cantones y provincias que representan, y que se beneficiarían directamente con los préstamos que se encuentran en conocimiento de la Asamblea Legislativa.

Frágil confianza. Las últimas encuestas publicadas en este periódico reflejan que el pueblo costarricense ha recuperado su confianza en el Poder Legislativo, aunque esa recuperación es todavía frágil y sujeta a variaciones. Los próximos meses serán decisivos en consolidar ese logro.

De aquí a un año, los costarricenses nos pedirán cuentas a todos sus representantes por lo que hicimos durante esta Administración, por las acciones que adoptamos y por las acciones que omitimos adoptar. Ojalá que, llegado ese día, podamos enumerar una larga lista de triunfos, aunque en ella se encuentren también algunos errores; ojalá que podamos detallar un concurrido prontuario de políticas, aunque algunas de ellas no fueran perfectas.

Lo peor que nos podría pasar, lo que sería una derrota incuestionable, es que ese día nos encuentre discutiendo aún las medidas para enfrentar una crisis internacional que nos pasó por encima.

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