![]() |
Página QuinceFernando Araya | consulfe@hotmail.com |
Consultor
En sociedades como las nuestras, donde es costumbre formular altos ideales y al mismo tiempo negarlos a través de guerras y fanatismos, hablar del ideal de la fraternidad equivale a buscar un diamante en la mugre o una aguja en el océano. Esta búsqueda, sin embargo, es un imperativo ético, político y socioeconómico. En lo que sigue comparto una breve reflexión sobre este ideal, al que algunos han llamado el principio olvidado de la Revolución Francesa. Retomo de este modo la mención que introduje en el artículo “Ampliar el horizonte” ( La Nación , 11/1/09, pág. 21A).
Trágica incoherencia. Al poco tiempo de consolidarse el tríptico de la Revolución Francesa de 1789 (“Libertad, igualdad, fraternidad”), la fraternidad fue relegada a un lugar muy secundario hasta desaparecer en el fragor de las luchas revolucionarias. El ideal de “…vivir como hermanos bajo el imperio de las leyes…” (Bandera del distrito de Val-de-Grâce, 1790, citado por Baggio, Antonio, El principio olvidado: la fraternidad, pág. 43) sucumbió en las mezquindades y laberintos de la acción política, lo que es evidente, por ejemplo, en el siguiente fragmento del discurso del revolucionario Berère: “Fraternicemos entre patriotas – dijo – y no cejemos en nuestro odio vigoroso contra los aristócratas… Los aristócratas, aquí, no encontrarán nunca una patria y nuestros enemigos no podrán ser nuestros hermanos…” (Baggio, Antonio. Obra citada, pág. 53). ¿Es acaso posible vivir la fraternidad y al mismo tiempo cultivar un “odio vigoroso” en perjuicio de otros? Imposible. Tal enfoque anula los vínculos fraternos entre las personas al priorizar la enemistad y el conflicto. Es esta la trágica incoherencia que desangró al siglo XX y desangra al siglo XXI. Hablar de fraternidad y al mismo tiempo estimular el odio racial, el odio de clases, el odio por razones de religión, el odio por el simple hecho de pensar distinto, revela una grave enfermedad del alma y de la mente. La fraternidad es un modo de convivir y coexistir que asume las diferencias sin destruir la concordia. No es un acuerdo o un consenso, no es compatible con el terror y el sectarismo.
Un olvido. Si en el tríptico de la Revolución Francesa, junto a la libertad y la igualdad, aparece la fraternidad, ¿por qué razón se han subrayado casi de modo exclusivo los dos primeros principios, olvidándose el tercero? Existen dos causas principales: Primera: La fraternidad encuentra un lejano origen en las tradiciones religiosas que al momento de producirse la revolución francesa estaban enlazadas al antiguo régimen del absolutismo monárquico. El derrumbe de la monarquía se mezcló, entonces, con el descrédito de la religión –en especial de su jerarquía– y todo lo que ella representaba, incluido el ideal de fraternidad.
No es casualidad que en los libros de La Mettrie, Helvetius, D´Holbach, Voltaire y Rousseau, se expongan críticas sistemáticas a la religión, considerada aliada vergonzante e infame del absolutismo. Segunda : las diferencias que separaban a constitucionalistas, girondinos, jacobinos, demócratas, monárquicos, clero favorable a la revolución y clero opuesto a ella, llevaron a situaciones en extremo violentas y sangrientas, como el reinado del terror y los intentos de restauración absolutista. En tales condiciones, la fraternidad fue desplazada del imaginario colectivo, experimentó una existencia marginal, permaneció ausente en la intención política de los contendientes, hasta transformarse en un vocablo irrelevante de la tríada revolucionaria.
Al desaparecer la fraternidad del horizonte de realización de la revolución francesa, se introdujo una ruptura que ha dificultado unir los principios de libertad e igualdad. La divisa “ libertad, igualdad, fraternidad ”, esta concebida para que sus tres componentes funcionen de modo simultáneo y equilibrado, apoyándose mutuamente, pero las sociedades modernas, marcadas por desequilibrios individualistas o estatizantes, terrores sucesivos, conflictos, divisiones, genocidios y crueldades inhumanas, han hecho imposible recuperar la integralidad de aquel lema. El “ odio vigoroso ” que proclamó Berère se convirtió en la fuente nutricia de la discordia generalizada.
Dos experiencias. Mientras las tradiciones democrático/liberales fortalecen la libertad y, sobre esa base, intentan resolver, con éxito frágil y variable, el problema de la desigualdad, las tendencias totalitarias, cuyos divulgadores enfatizan en sus discursos la igualdad o, en su defecto, la idea de solidaridad, no logran esta, eliminan la libertad y construyen un tipo de falsa fraternidad basada en la enemistad. Recuérdese, a este respecto, que el término “solidaridad”, de uso frecuente en la demagogia actual, es en realidad un “…vástago conceptual del ideal de fraternidad…” (Véase Isensee, Josef. Solidaridad: el núcleo ético/social de un concepto impreciso en Panorama de Filosofía Política: contribuciones alemanas, pág. 404).
Conviene, tanto en el ámbito político como económico, recuperar el ideal de fraternidad hasta convertirlo en una categoría válida de análisis que inspire decisiones y prácticas concretas. Existen, en esta dirección, experiencias positivas como el solidarismo, el cooperativismo, la responsabilidad social empresarial, las formas de copropiedad, cogestión y autogestión de medios de producción y los esfuerzos por construir alternativas de evolución social que erradiquen las mentalidades acostumbradas a dividir y polarizar.
Estas experiencias forman parte de la extraordinaria variedad de contenidos a que da lugar una sociedad fundada en la libertad de sus miembros. En definitiva, como explica John Rawls en Teoría de la Justicia , la fraternidad no es “ …impracticable… ” y es “ …perfectamente aceptable… ” (Citado en Baggio, Antonio. Obra citada , pág. 34, sobre la base de Rawls, J., A Theory of Justice , Cambridge, 1971, pág. 101). Las prácticas fraternas en casos de extrema necesidad y sufrimiento, como las observadas en el país con ocasión del terremoto del pasado 8 de enero, mantienen la esperanza de que un día el ideal de vivir como hermanos, diferentes pero unidos, libres e iguales, complete, por fin, el tríptico de la Revolución Francesa.
FOTOS

![]() |
EN VELA | ![]() |
EN GUARDIA | |
| JULIO RODRÍGUEZ | JORGE GUARDIA | |||
![]() |
LETRAS DE CAMBIO | ![]() |
OJO CRÍTICO | |
| LUIS MESALLES | RODOLFO CERDAS | |||
![]() |
ENFOQUE | ![]() |
POLÍGONO | |
| JORGEVARGAS | FERNANDO DURÁN | |||
![]() |
TAL CUAL | |||
| ALEJANDRO URBINA | ||||
| SERVICIOS |
|
En tu Celular |
|
En tu PDA |
|
Noticias por email |
|
RSS |
|
Fax |
|
Horóscopo |
|
Cartelera de cine |
| QUIENES SOMOS | | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | | ESTADOS FINANCIEROS | | ANÚNCIESE | | TARIFARIO | | TRABAJE EN LA NACIÓN |
|
© 2009. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 2247-4747. Servicio al cliente: (506) 2247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 2247-5022. CONTÁCTENOS |
|||||