LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 1 de febrero de 2009

/OPINIÓN

Alicia Bárcena

Una oportunidad para cambiar el modelo de desarrollo

 Que sea esta coyuntura una oportunidad para aumentar y fortalecer la integración regional

Alicia Bárcena,secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)

Desde el año 2003 los países de América Latina venían creciendo a un ritmo inédito en los últimos cuarenta años (más de 3% del PIB per cápita en promedio). Entre 2003 y 2007 aumentaron el empleo (el desempleo disminuyó del 11% al 7,4%) y los salarios; disminuyó significativamente la pobreza (de 44% a 34%) y modestamente las desigualdades. Pero a mediados del año pasado la crisis financiera internacional empezó a causar estragos en la región, y en este año sufriremos los efectos más duros de la desaceleración económica de los países desarrollados y que asume todos los rasgos de una recesión global.

Los efectos negativos de la crisis se propagan por la región a través de cinco canales principales. El primero es el contagio financiero, traducido en un mayor costo de financiamiento externo, escasez de crédito y falta de liquidez. El segundo, los precios de los productos básicos, que bajaron debido a la retirada de posiciones especulativas en instrumentos financieros relacionados, la contracción de la demanda mundial y la apreciación del dólar. El tercero es la caída de las remesas de los trabajadores emigrantes provenientes de países desarrollados. El cuarto, la disminución de la demanda externa de las exportaciones regionales. Finalmente, el quinto canal es la disminución de los flujos de la inversión extranjera directa.

Gasto social. Para aminorar el impacto de esta crisis en las poblaciones más vulnerables es importante mantener el gasto social a través de una política fiscal claramente contracíclica, evitar el proteccionismo en el comercio internacional, promover paquetes de estímulo a la demanda agregada y mantener a toda costa los compromisos de apoyo a los países más vulnerables de Asistencia Oficial para el Desarrollo.

Los países desarrollados y las economías emergentes han venido adoptando una serie de medidas para contrarrestar los efectos de la crisis en el ámbito de la política monetaria, fiscal, y cambiaria, como también el aumento de la inversión pública dirigida a sectores sociales particulares (viviendas, apoyo a pymes) con el fin de apoyar el empleo). En nuestra región se están aplicando políticas orientadas a la inversión pública, a flexibilizar las metas fiscales, reducir los impuestos al consumo, incentivar la inversión y el consumo privados, desarrollar estrategias de cobertura de riesgo asociado a ingresos fiscales, de apoyo al gasto social.

Hasta ahora algunos países están aprovechando el espacio fiscal que tienen disponible, echando mano de las reservas que lograron acumular en la época de bonanza, casi sin recurrir a endeudamiento externo. Pero si la crisis se prolonga, que es lo probable, habrá que recurrir a los organismos financieros internacionales, en especial las economías más pequeñas.

Dos crisis sin precedentes. El mundo enfrenta al menos dos crisis sin precedentes que vinculan el presente con el futuro: la crisis financiera y el cambio climático. Se han puesto en riesgo dos bienes públicos globales vitales para la supervivencia de la sociedad como la conocemos: la seguridad climática planetaria y la credibilidad del sistema financiero. No hay que equivocarse. Ambas crisis globales son el legado de una era de economía dominada por el mercado, con Estado reducido y una ciudadanía más bien consumista. Es claro que fracasó la autorregulación y hoy resurge la necesidad de abrir espacios para la política y para replantear el papel del Estado con una visión de desarrollo sostenible.

Este es el inicio de una nueva era. Si no tomamos acción decidida ahora con mirada de largo plazo, podría denominarse la Era del Declive de la Humanidad. Sin embargo, tenemos la oportunidad de transformarla en la Era de la Responsabilidad tal como lo ha dicho Barack Obama y más recientemente Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial.

Nueva arquitectura financiera. Es cierto que la coyuntura actual plantea enormes riesgos pero también nos brinda una ventana de oportunidad para repensar nuestro modelo de desarrollo y dirigir nuestra mirada hacia formas de equilibrar la prosperidad económica, la justicia social, la plena vigencia de las libertades y la democracia con nuevas formas de producir, de organizarnos sin dañar la sostenibilidad ambiental. Pensar en un modelo más inclusivo y un tejido productivo que incorpore más conocimiento y privilegie la innovación. Todo ello con un Estado más fuerte y más moderno.

Nuestra región debe participar en la construcción de una nueva arquitectura financiera internacional que recupere la simetría, que cambie las reglas de juego para dar espacio a las economías en desarrollo. Que evite a toda costa el proteccionismo y los nacionalismos que dieron lugar a regímenes totalitarios: dos sombras que surgieron después de la gran depresión de los treinta.

Por último que se vea en esta coyuntura una oportunidad para aumentar y fortalecer la integración regional, estar cada vez más unidos como continente, y actuar en este convulsionado escenario mundial con una sola voz que sea escuchada y respetada.

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