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Buenos DíasVíctor Hugo Murillo S. | vhmurillo@nacion.com |
Jefe de Información
Barack Obama es ahora el presidente del país más poderoso del mundo. Tremenda responsabilidad por cuanto sus decisiones –acertadas o erróneas– repercutirán, de una manera u otra, en su país y más allá.
Y es, precisamente, la condición de EE. UU. como única superpotencia la que reviste de tanta trascendencia, cuidado y atención cada paso que, desde ayer, dé el nuevo mandatario.
Mas esa peculiaridad no la entendieron George W. Bush y sus allegados. En materia de política exterior, las consecuencias saltan a la vista y EE. UU. es hoy un país con una imagen mellada, gracias a la soberbia y prepotencia de ese círculo que hizo del unilateralismo y el desdén por el derecho internacional las banderas para intentar imponer su visión de mundo.
Al final de su presidencia, Bush salió por la puerta de atrás, acompañado de un suspiro de alivio tanto entre sus conciudadanos como allende las fronteras norteamericanas.
Ahora, es el turno de Obama en un contexto doméstico y externo muy complicado para un gobernante cuya elección ha suscitado grandes expectativas y sentimiento de esperanza entre propios y extraños.
En lo tocante a las relaciones de EE. UU. con la comunidad internacional, el discurso de toma de posesión de Obama y las declaraciones de la secretaria de Estado, Hillary Clinton –en una comparecencia en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado– dejan entrever un cambio de estilo y de concepción.
Obama destacó anteayer un elemento fundamental, que marca una clara diferencia con su antecesor: “En cuanto a nuestra defensa común –dijo– rechazamos como falsa la elección entre nuestra seguridad y nuestros ideales”. Claramente, reivindicó el respeto a la ley y a los derechos humanos como pilares fundamentales.
El desmarque continuó al resaltar la importancia del trabajo multilateral (“mayor cooperación y entendimiento entre las naciones”) y de la sensatez en el uso del poder (este “... no da derecho a hacer lo que nos place...”), así como la importancia de que la seguridad se erija sobre la base de la justicia y “la fuerza de nuestro ejemplo” .
Clinton había enfatizado en la interdependencia y mutua necesidad entre su país y el resto del mundo a la hora de enfrentar los graves problemas.
Palabras esperanzadoras y reconfortantes que, no obstante, deberán ser confirmadas con los hechos. Amén.
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