Hasta la semana antepasada, las poblaciones aledañas al volcán Poás se caracterizaban por la escasez de recursos económicos, un limitado acceso a la educación y poca organización social.
Como si no bastara con las dificultades que ya enfrentaba esa zona montañosa, fría y tranquila, el terremoto de 6,2 grados del jueves 8 de enero destruyó más de 400 casas, afectó cientos de fuentes de empleo y podría provocar la emigración de familias.
El varapalo hirió más a unos 50.000 pobladores de nueve distritos, en cuatro diferentes cantones, tres de la provincia de Alajuela y uno de Heredia.
En la lista figuran Carrizal, San Isidro, Sabanilla y Sarapiquí, en el cantón central de Alajuela. Además de Sabana Redonda y San Juan de Poás. A ellos se suman Toro Amarillo de Valverde Vega y Varablanca de Heredia.
Poblaciones como Cinchona, Los Cartagos y Poasito están ubicadas dentro de esos distritos, cuyos habitantes presentan rezagos en la calidad de vida, de acuerdo con mediciones del Ministerio de Planificación (Mideplan).
Esto es lo que recoge el Índice de Desarrollo Social (IDS) que el Mideplan presentó para los 469 distritos de Costa Rica, en febrero del 2008.
De los nueve distritos más heridos por el movimiento, tres presentan un IDS “medio-bajo”, cinco están en la categoría de “bajo” y uno se cataloga como “muy bajo”.
Esta última calificación corresponde a Varablanca, distrito quinto de Heredia.
El IDS recoge la riqueza económica de las familias, pero también indicadores como educación, salud y participación política.
Gente de campo. La extensión de estos territorios suman 828 kilómetros cuadrados, con una baja densidad de población, lo que de alguna manera puede significar una ventaja a la hora de evaluar los daños del terremoto. En Varablanca, por ejemplo, viven tres personas por cada kilómetro cuadrado.
Los nueve distritos se incluyen en las proximidades de la falla de Varablanca, que generó el terremoto. Ahí los pobladores y visitantes sintieron el sismo como “destructivo” o “muy fuerte”, de acuerdo con la escala Mercalli, usada en todo el mundo por los expertos en movimientos telúricos.
Aunque hay partes de esos distritos que escaparon del mayor impacto, como la parte baja de Sabanilla de Alajuela, sus vecinos más próximos sí lo experimentaron, como en la alta Fraijanes, donde incluso hubo cuatro muertes.
En Fraijanes dos precarios quedaron inhabitables por derrumbes y ahora hay decenas de familias que esperan una solución de parte del Gobierno, mientras se guarecen del frío y la llovizna en los albergues instalados tras el sismo.
“No tengo comida, ropa, ni dónde ir. Lo duro es no saber qué pasará mañana”, expresó Migdalia Orozco a La Nación , durante uno de los recorridos por albergues.
En la zona abundan las familias que dependen de los ingresos generados por el trabajo en fincas dedicadas a la lechería y al cultivo de flores, fresas y follajes.
Aunque en menor medida, también hay familias propietarias de pequeñas parcelas, en su mayoría usadas para producir leche.
El resto de empleo lo generan actividades ligadas al turismo, como restaurantes y comercio. El volcán Poás es el parque nacional más visitado, pero además tiene cerca lugares atractivos como bosques y la catarata La Paz, ahora rodeada de destrucción.
“Estamos hablando de gente muy trabajadora y muy humilde”, resumió Gerardo Fonseca, empresario y político de la zona.
Educación y empleo. Ese carácter trabajador alcanza también a jóvenes en edades de estudiar, lo cual reduce la tasa de matrícula y evita mejorar el índice que utiliza Mideplan para medir la calidad de vida.
Varios edificios de escuelas, y hasta de Equipos Básicos de Atención Integral en Salud (Ebais), sufrieron un serio deterioro.
El terremoto no solo trajo ¢2.000 millones en pérdidas al agro; también dañó la infraestructura en lecherías y fincas.
Los efectos destructivos del fenómeno se evidencian en los grandes daños a tramos de carretera, por donde transitaban los grupos de turistas extranjeros y los ticos en sus paseos de domingo.
El Gobierno reveló que las pérdidas económicas se acercan a los $100 millones, y anunció varios planes para reactivar la productividad de esta zona.
La forma de reponer a las familias sus casas sigue siendo un dilema, pues las autoridades tienen claro que la vivienda va ligada a un modo de vida.
“No sería extraño que haya emigración. Sería algo natural para familias que necesitan buscar empleo. Ojalá no se dé, porque los necesitamos en la zona y porque para un campesino nunca es fácil irse a la ciudad”, opinó Fonseca, dueño del restaurante Varablanca.
FOTOS

Los habitantes de Cinchona tendrán que enfrentar el cambio del lugar donde vivirán. Es muy posible que algunos se vayan de la zona. Carlos León

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Zona despoblada
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