“Nunca estuve internado. Ni me tomé ni una pastilla, hasta ese día fatal”, contó Fabio Villalobos Solórzano recordando aquel sábado 16 de agosto del 2008.
Ese día trabajaba en su finca de café, en Tambor de Alajuela, cuando un tractor se le vino encima de manera accidental.
Quienes lo vieron ese sábado y lo visitan hoy en el hospital México casi seis meses después del atropello, consideran que este señor está vivo de milagro.
El tractor le fracturó la tibia de la pierna derecha y le arrancó, de tajo, toda la piel que la cubría.
El 16 de diciembre cumplía cinco meses de estar internado. La suya, era una de las estancias más prolongadas en pacientes del servicio de ortopedia, hospitalizados en diciembre anterior.
“Paso despierto, aburrido, inventando alguna conversación con algún compañero de salón”, dijo desde una cama en cirugía de varones, ubicada en el cuarto piso.
Es viudo y con tres hijos que lo visitan con la frecuencia que pueden. Extraña todo de su casa: su finca, sus muchachos y a Pichín, la mascota de la familia.
¿Cuánto tiempo más le espera en el hospital México? No hay una certeza. Pasó la Navidad y el año nuevo allí. Él espera que sean los últimos fuera de casa.
Costos. Julio Montero es jefe del servicio de ortopedia del hospital México.
Casos muy parecidos al de Fabio Villalobos son comunes allí, donde son responsables de atender accidentes laborales y viales muy severos. La gravedad de las lesiones obligan a Montero a internar a sus pacientes por meses.
La estancia promedio en la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) es de seis días. Pero en servicios como el de ortopedia ese promedio casi se puede multiplicar por cuatro.
“Un paciente que estuvo internado 22 días, a quien se le dio antibióticos de tercera generación, pudo costarle al hospital ¢30 millones”, detalló Montero.
Historias clínicas como la de Fabio se presentan unas cuatro veces al año. Montero explicó que no solo son génesis de un problema médico, sino social pues la familia y el enfermo sufren.
Un 85% de los enfermos que reciben en ortopedia son víctimas de accidentes. Y de ellos, la gran mayoría son adultos mayores.
Por ejemplo, Hilda Bolaños, de San Pablo de Heredia. En diciembre, cumplió dos meses de estar internada debido a una bacteria que invadió su cadera recién operada.
Por la ventana del hospital solo tiene acceso a una que otra paloma que llega a visitarla.
Su rutina es la misma todos los días: una de sus hijas viene por la mañana y la baña. Otra regresa a las 11 a. m. para darle de comer.
“Ya conozco a todo el mundo. Me han tratado muy bien”, dijo esta abuela de 23 nietos, quien intenta pasar el tiempo entre la televisión, y cosiendo.
Un caso especial. La historia de Allan Vélez sobrepasa cualquier promedio de los datos estadísticos.
Este pequeño lleva cinco años internado en el hospital Nacional de Niños. Esa es, por ahora, su casa. Su familia tuvo que mudarse de Esparza, en Puntarenas, a Hatillo, en San José, para poder estar más cerca de él y acompañarlo todos los días en su salón de hospital.
No puede salir del hospital porque su intestino delgado todavía no es lo suficientemente capaz de absorber los nutrientes que necesita su cuerpo para desarrollarse.
En el hospital lo alimentan por la vena, con ayuda de una bomba de infusión que carga en una mochila, como si fuera para la escuela.
Su problema se llama síndrome de intestino corto, provocado por unos quistes en ese órgano.
Los cirujanos le dejaron solo 23 centímetros de intestino delgado (este órgano mide 2,5 metros).
El jefe de de cirugía 3, Jaime Cerdas, contó que en ese servicio han tenido cinco pacientes con largas estancias .
El cubículo donde vive Allan le sirve para tener un televisor y todos sus juguetes, muchos de los cuales le permiten vivir su sueño de ser algún día un chef.
En diciembre, Allan se graduó de preescolar. Este es su primer título, claro está, después del mayor: ganarle cuatro veces el pulso a la muerte en el salón de Cuidados Intensivos.
FOTOS

Desde los barrotes de su cama, Allan Vélez ve pasar los días mientras su intestino delgado se esfuerza por funcionar normalmente. Jorge Castillo

Hilda Bolaños se arregla todos los días para no perder su buen ánimo mientras se restablece de la cadera, en el hospital México. Jorge Castillo

Con 70 años, Fabio Villalobos asegura ser la mitad del hombre robusto que era, hace seis meses, cuando sufrió el accidente. Jorge Castillo
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