Los equipos de rescate lograron ayer, de manera trabajosa, recuperar el cuerpo de Rafael Herrera Esquivel, un empleado de la empresa Dos Pinos que murió recorriendo su carretera preferida.
Los rescatistas dedicaron más de dos horas a desenterrar, con palas, seguetas y helicóptero, el auto Toyota Yaris que Herrera conducía el jueves pasado, proveniente de una reunión en Venecia de San Carlos.
A la 1:21 p. m. retornaba a su casa en Heredia por la carretera y la zona que consideraba más bella, según contó ayer uno de sus tres hijos, Randall Herrera.
La montaña, el paisaje y la carretera estrecha sinuosa fueron, sin embargo, algunos de los factores que mediaron en su muerte.
Una cantidad de tierra suficiente para llenar unas 133.000 vagonetas se precipitó y arrasó en este sector de Cinchona con el auto.
Él falleció dentro del auto, que quedó empotrado en el enorme farallón. Fue descubierto por el baquiano Reymer Madrigal, quien vio un pedazo de lata blanco y arriesgó su vida para bajar hasta él, quitarle el anillo de matrimonio y entregarlo a las autoridades para la identificación.
Después un soldado colombiano bajó colgando de un helicóptero para constatar las difíciles condiciones del lugar.
El dueño del anillo es un topógrafo de profesión, quien se dedicada a trabajar en sistemas informáticos para Dos Pinos.
“Venía de una reunión de trabajo. Siempre viajaba solo por esa carretera, que le encantaba”, reiteró su hijo Randall, quien consideró al baquiano Madrigal como “un ángel a quien Dios guió para caminar por una zona casi imposible”.
Gracias a ese reconocimiento del baquiano fue posible el rescate del cuerpo, que se ejecutó ayer por la mañana. Fue uno de los más complejos en los que ha participado Jorge Benavides, con más de 26 años de experiencia en rescatismo.
“Era altamente peligroso. El terreno amenazaba con ceder y en varias ocasiones nos cayeron piedras y otros materiales. Tuve que utilizar una pala para ir desenterrando a la víctima”, contó Benavides.
“La parte difícil fue utilizar seguetas, manualmente, para cortar parte del carro. No sabíamos cuánto tiempo necesitábamos, pero duramos más de dos horas.
“He estado en situaciones de alto riesgo, y esta es quizá una de las más peligrosas de mi vida. Es lo menos que podemos hacer para quienes están sufriendo por este terremoto”, manifestó el socorrista.
Randall también tuvo palabras para él: “Saber que alguien arriesga la vida por hallar a mi papá me hace sentir orgulloso de este país”.
El cuerpo de Herrera, quien cumpliría 48 años mañana, fue llevado a la morgue provisional en San Miguel de Sarapiquí.
Colaboró Nicolás Aguilar.
FOTOS

Los socorristas se mantuvieron asidos a cuerdas sujetas a un árbol en lo alto del precipicio. Guillermo Solano / MSP

Esteban Herrera agradece a uno de los seis soldados colombianos por la ayuda para extraer el cuerpo de su padre. Guillermo solano / MSP

Un hijo observó
Testigo de un rescate extremo
El hijo mayor de Rafael Herrera, Esteban, lo vio todo desde el helicóptero colombiano que al final de las tres horas se llevó el cuerpo a la morgue improvisada en San Miguel de Sarapiquí.
Vio cómo dos cruzrojistas y un bombero descendieron atados a cuerdas que, en la parte alta, se sujetaban de un árbol.
Vio cómo los rescatistas se fajaron con una segueta durante más de dos horas para abrir las latas del Toyota Yaris de la familia Herrera Zamora.
Observó a los socorristas asegurar el cuerpo y engancharlo a la canastilla sin necesidad de ayuda del especialista colombiano entrenado en las selvas de su país.
El helicóptero se mantuvo suspendido para elevar el cuerpo y dar por concluido uno de los operativos más complejos.
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