Liberalidades económicas
JORGE GUARDIA
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La semana anterior publicamos una crítica severa a Alan Greenspan y su ideología liberal. Hoy le damos el derecho de respuesta.
Pocos hombres han sido tan furiosamente atacados por sus acciones y convicciones. Le endilgaron la responsabilidad por la crisis. ¿Es justo el veredicto? ¿Qué diría él en su defensa? Yo voy a elaborar un expediente sumario de su caso.
En sus memorias ( The Age of Turbulence: Adventures in a New World ) defiende la reducción de tasas de interés a niveles muy bajos para estimular la demanda de acciones cotizadas en bolsa, venidas a menos por repetidas crisis.
En 1987, dos meses después de haber asumido el cargo en la FED, enfrentó la primera de ellas. Entonces dijo: “La FED reafirma hoy su disposición a servir como fuente de liquidez para apoyar el sistema económico y financiero”.
Muchos opinan que fue muy efectivo para controlar los daños de esa crisis. Luego vino el largo período de expansión de los noventa, caracterizados por la fuerte innovación tecnológica y la parsimonia fiscal de Bill Clinton. Las bolsas crecieron y la prosperidad se difundió. Se conjugaban las condiciones de libre empresa con poca regulación estatal en un gobierno que, curiosamente, era demócrata.
No quiso elevar mucho las tasas de interés para no abortar ese ciclo expansivo provocado por la revolución tecnológica.
Sin embargo, al final de esa década notó una especie de “exuberancia irracional” en los mercados bursátiles donde las acciones se vendían a precios que excedían el valor (presente) de los dividendos esperados.
Esa famosa frase fue una especie de admonición. Comenzó a subir tasas hasta llevarlas a sus niveles históricos. Vino el estallido de la burbuja accionaria en el 2000. Greenspan intentó hacer lo mismo que había hecho con tanto éxito en el 87: bajar tasas de interés e inyectar liquidez en la economía. Pero después vino el ataque a las Torres Gemelas, deprimiéndose aún más el mercado de valores. Y, de nuevo, la misma receta: reducir tasas e inyectar liquidez. Su defensa es que la legislación le obligaba no sólo a controlar la inflación sino lograr altos niveles de ocupación (pleno empleo).
En la lucha contra la inflación Greenspan sale bien librado. En los últimos 6 años de su gestión el IPC fue de un 2%.
¿Por qué subir tasas de interés antes de tiempo si, cuando bajaron, no aumentó la inflación? En el 2006 el FMI lo felicitó por su política monetaria. Había logrado subir las tasas de interés de una manera ordenada ( Soft landing ) para controlar la presión inflacionaria que venía acumulándose. Dio al país la estabilidad monetaria que necesitaba.
Burbuja inmobiliaria. Por desdicha, estacionó las bajas tasas de interés un período muy largo.
En el 2004, sin embargo, notó la burbuja que venía. Dijo ante el Senado: “La burbuja inmobiliaria se podría engendrar por el declive en las tasas reales de interés de largo plazo”. Pero, al mismo tiempo, argumentó que “las tasas de interés de largo plazo caían fuera de la acción de los bancos centrales porque el valor de mercado de los títulos globales llegaban a miles de billones ($100 trillones, en inglés) y él solo controlaba las tasas de corto plazo ( FED funds ) por lo que inundaban a cualquier banco central”.
Dijo que “además de sostener la demanda de construcciones nuevas en pro del empleo y crecimiento, las hipotecas habían sido un instrumento poderoso de estabilidad al permitir a los dueños disfrutar parte de la ganancia de capital acumulada por el incremento en el valor de las casas”. ¿Quién niega el impacto positivo de la construcción en el PIB y empleo?
Regulación. La FED, de acuerdo con su ley, tenía también otros objetivos: controlar la estabilidad del sistema financiero. Y ahí es donde la defensa es menos persuasiva. Su poca voluntad para regular el mercado de derivadas, en especial las relativas a hipotecas sub-prime.
En abril del 2005 dijo: “La innovación ha traído múltiples productos financieros nuevos, como las hipotecas sub-prime y los programas crediticios especiales para inmigrantes. Representan la respuesta del mercado que ha caracterizado la historia de EE. UU. Con esos avances en la tecnología, los bancos y financieras han desarrollado modelos y otras técnicas para extender eficientemente el crédito a un espectro más amplio de deudores. Antes, a los prestatarios marginales se les negaba el crédito”.
Greenspan no estaba sólo en su visión del desarrollo financiero. El FMI lo alabó en su informe anual de la economía de USA en 2006. Otros también lo hicieron. Pero una cosa era bajar tasas de interés y, otra, prestar sin salvaguardas para garantizar la recuperación. El populismo se apoderó del mercado de vivienda. Los demócratas en el Congreso auspiciaron leyes para suavizar la regulación de Fanny Mae y Freddie Mac.
Por eso, en abril del 2005 Greenspan recomendó endurecer las regulaciones previendo un desenlace negativo. En una comparecencia ante el Senado recomendó prudencia “dado el enorme portafolio de esas empresas, equivalente a un 25% de todo el mercado hipotecario lo cual ponía en riesgo el sistema financiero de la Nación”. Pero no le hicieron caso.
Mea culpa. En febrero del 2007 previó la posible recesión del 2008 mucho antes de declararse. No lo tomó por sorpresa; sí lo sorprendió su intensidad y posibles causas. Él había creído que “el interés de los dueños los haría cautelosos al asumir riesgos y la disciplina del mercado serían suficiente para evitar una crisis sistémica”. Pero tuvo que variar su posición.
En un testimonio reciente ante el Congreso reconoció con honestidad haberse equivocado al oponerse a la regulación de los derivados: “Aquellos de nosotros que vimos el interés propio de las instituciones financieras para proteger a los accionistas estamos en estado de shock . No lo podemos creer. Por eso estamos tan afectados”.
Sin embargo, en el Financial Times dijo que “nunca podremos tener un modelo perfecto del riesgo ni anticipar todas las fallas del sistema financiero. Pero es crucial que las reformas a la estructura del mercado y la regulación no inhiban nuestra más confiable y efectiva salvaguarda contra los fallos económicos acumulativos: la flexibilidad de los mercados y la libre competencia”.
Alan Greenspan nació, estudió y vivió en Nueva York. Está pasando por un mal momento. Pero si de algo estamos seguros es que seguirá defendiendo su reputación y el sistema de libre mercado.
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