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Eduardo Ulibarri |
El 2009 comienza rodeado de malos augurios. Será el año en que sentiremos con mayor fuerza la crisis económica internacional, ya en su apogeo. La inversión, la producción y las exportaciones perderán dinamismo. Se frenará nuestro crecimiento. Algunos –o muchos– deudores llegarán a sus límites. Crecerán la pobreza y el desempleo. Y, probablemente, habrá empresas incapaces de sortear el vendaval.
Estos pronósticos tienen base real. Su dinámica se aceleró en el último trimestre del pasado año; su fuerza durará todo el actual.
Según el Banco Central, el 2008 cerró con un crecimiento de 3,5 por ciento, la mitad del alcanzado en el 2007. Aún no ha calculado el del 2009, pero la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), lo estima en apenas 1 por ciento.
Todo indica, entonces, que este año electoral estará enmarcado por dificultades y efectos tangibles. Será una nueva prueba para la seriedad de nuestros dirigentes, la fortaleza y eficacia de nuestras instituciones y la madurez de todos.
La gran pregunta cívico-política, de aquí al primer domingo de febrero del 2010, es si este tiempo nublado alimentará el debate recriminatorio, las poses vacías, el catastrofismo profesional, la decepción ciudadana y los candidatos antitodo , o si será un crisol para la participación popular, los liderazgos responsables y las propuestas creativas, rigurosas e inspiradoras.
No es posible aún articular un pronóstico, pero sí expresar una esperanza. Porque las condiciones en que, como país, comenzamos a afrontar la crisis, constituyen buenas bases para afrontar la realidad y seguir adelante.
En buena forma. Nuestro vigor ante la turbulencia tiene varias facetas.
La gran diversidad de nuestra producción, servicios y exportaciones, provee un sólido escudo ante la reducción en la demanda.
La fuerte caída en los precios de las materias primas, los hidrocarburos y productos básicos, nos beneficiará, porque reducirá la salida de divisas, mejorará los términos de intercambio y permitirá a los consumidores rendir más sus ingresos.
La entrada en vigencia de los TLC con Estados Unidos y Panamá y la ruptura de los monopolios en telecomunicaciones y seguros, generarán nuevas oportunidades y actividad, aunque su mayor impactó difícilmente se dará este año.
Ya se aprobó la capitalización de los bancos estatales, lo cual los fortalecerá como empresas y les permitirá ampliar sus créditos. La banca de desarrollo comenzó a funcionar.
Dentro de la prudencia, la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef) flexibilizó algunos indicadores, que ampliarán el margen de acción del sistema bancario. El Central habilitó nuevos instrumentos para abrir líneas de crédito a bancos con problemas de liquidez.
Gracias a la ingente labor recaudadora del Ministerio de Hacienda, en los últimos tres años la carga tributaria, como promedio del producto interno bruto (PIB) ha aumentado tres puntos porcentuales. Hoy, en cifras redondas, es del 15 por ciento.
El resultante incremento en los recursos del fisco, junto a decisiones políticas y administrativas más certeras, ha reactivado la inversión en obras públicas y otorgado al Gobierno recursos sanos para incrementar el gasto. Así, podrá contrarrestar, en parte, la reducción en la demanda privada, mientras, a la vez, atiende necesidades de sectores clave.
Si la Asamblea Legislativa aprueba un impostergable crédito para infraestructura del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por más de $500 millones, los beneficios serán dobles: mayor actividad económica interna y sustancial mejora en carreteras.
Además, existen ofertas del BID, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para atender necesidades imprevistas de fondos.
La población bajo la línea de pobreza, al concluir el primer semestre del 2008, llegaba al 17,7 por ciento del total, un punto más que el año anterior, pero casi tres menos que el 2006. El desempleo también aumentó marginalmente, pero apenas roza el 5 por ciento.
Con seguridad, ya el deterioro es mayor, aunque no sepamos cuánto, pero implica, simple y crudamente, una desmejora en las condiciones de vida de importantes grupos de la población. Esto es algo que no puede desdeñarse. Es decir, estamos ante una situación preocupante. Sin embargo, los márgenes de maniobra son amplios y el manejo, hasta ahora, va bien orientado.
Nuestros mayores talones de Aquiles son el gran desbalance en la cuenta corriente de la balanza de pagos (diferencia entre lo que compramos y vendemos al exterior), la inflación y la excesiva expansión crediticia del 2007 y primera mitad del 2008.
Dimensiones del liderazgo. A pesar de las correctas medidas que ya se han tomado para afrontar la crisis, muchos ciudadanos tienen la impresión de que las autoridades muy poco, o nada, han hecho.
Esto revela, entre otras cosas, un serio problema al que el Gobierno, en especial el presidente Óscar Arias, debe prestar rigurosa atención: su distanciamiento de los ciudadanos, su desdén por la opinión pública y, consecuentemente, sus serios problemas de comunicación. Para resolverlos no basta con una ministra. Al respecto, se impone un profundo cambio de estrategia política.
Durante el debate sobre el TLC, el Gobierno articuló una razonable estrategia de desarrollo, pero nunca se interesó en comunicarla como propuesta clara y coherente. Ahora cuenta con una hoja de ruta frente a los problemas económicos, pero tampoco la ha articulado y divulgado como un todo unitario.
En la lista de errores sobresalen el “cansancio” del presidente Arias; la turbiedad en el buen negocio que fue la inversión china en bonos locales; la falta de transparencia sobre las consultorías pagadas por el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE); el fugaz anuncio del ministro de Hacienda, Guillermo Zúñiga, sobre sus aspiraciones presidenciales, y la sorpresiva propuesta de cambio radical en la Constitución, anunciada por Rodrigo Arias mientras su hermano viajaba por el Oriente y la mayoría del Gabinete estaba en ascuas.
Sorprende cómo dirigentes que dieron nueva vitalidad al Ejecutivo, fueron capaces de romper los monopolios del ICE y el INS y lograron que se aprobara el TLC, también incurran en yerros elementales y fundamentales.
Quizá, como afirma el gurú tecnológico Larry Page, cofundador de Google, “resolver los grandes problemas es más sencillo que resolver los pequeños”. También es más entretenido y glamuroso. Pero en un Gobierno el éxito requiere un abordaje integral y detallado.
Crisis económica, cambio de agenda, año electoral, ciudadanos críticos y errores acumulados, hacen impostergable que, este año, las necesidades y aspiraciones de la población sean atendidas, con esmero, por el Gobierno y su Presidente.
El buen rumbo debe mantenerse; el timonel ha de ser más diestro.
Pólvora electoral. Los fuegos electorales se sentirán con plena intensidad este año, aunque el sprint final sea el próximo.
En Liberación, el más organizado de los partidos, con un 30 por ciento de piso electoral, todas las encuestas indican que el candidato presidencial será Laura Chinchilla o Johnny Araya.
En Acción Ciudadana, a Ottón Solís podría salirle una fuerte competidora: Epsy Campbell. La promoción de su precandidatura, por terceros, es notoria; su silencio, indicio de que no la rechaza.
Si Chinchilla llegara a ser la candidata del PLN, Solís la tendría casi imposible. Capmbell, en cambio, podría dar una batalla más intensa y, sobre todo, interesante. En todo caso, al PAC le vendría bien un proceso interno que contribuya a su avance desde el movimiento que aún es, al partido estructurado que debería ser.
El resto del panorama es más incierto. La Unidad Socialcristiana, en virtual coma, enfrenta la enorme incertidumbre del juicio a Rafael Ángel Calderón. Aun si lo ganara, quedaría afectado; si lo perdiera, se convertiría en un dirigente tóxico. En estas condiciones, la implosión final del PUSC sería casi inevitable.
La reforma electoral que tramita el Congreso podría eliminar la actual posibilidad de doble postulación (para Presidente y diputado): otro golpe para Calderón; también, para Otto Guevara y el Movimiento Libertario, que verían más reducidas las posibilidades de superar un techo electoral muy cercano al piso.
Y en el sector que, a falta de otro término, se puede denominar “izquierda”, se perfilan, al menos, tres corrientes.
El Frente Amplio, de José Merino, es la única con coherencia, estructura de partido y madurez en la acción política. Pero le falta un detalle: votos.
La confusa naturaleza de la Alianza Patriótica, apenas en construcción, se resume en una pregunta: ¿qué tienen en común el rector del Instituto Tecnológico, Eugenio Trejos, los excandidatos presidenciales liberacionistas Rolando Araya y José Miguel Corrales, el expresiente Rodrigo Carazo y el dirigente arrocero Carlos Campos? Muy poco, salvo ser desplazados de otras corrientes políticas (sobre todo liberacionistas) y practicar un antiarismo profundo.
Quedan los comités patrióticos. Fueron muy eficaces en la campaña contra el TLC, pero su naturaleza descentralizada les dificultará convertirse en opción electoral verosímil.
Queda, como gran inquietud, cuál será el porcentaje de ciudadanos que no se sentirá plenamente representado por las opciones disponibles y, por ende, engrosará la abstención.
El país en los índices. En el 2008, el país tuvo un destacado desempeño en varias clasificaciones internacionales. También se desnudaron debilidades.
Subimos cuatro lugares en el Índice Global de Competitividad que elabora el Foro Económico Mundial (FEM), para colocarnos en tercer puesto latinoamericano. Sin embargo, en eficiencia portuaria esa medición nos colocó en el puesto 128, a solo seis del último.
En otro estudio del FEM ocupamos el primer lugar latinoamericano en competitividad turística; un organismo de Naciones Unidas nos otorgó el segundo en inversión extranjera por habitante; un consorcio de prestigiosas universidades estadounidenses, el primero en sostenibilidad ambiental hemisférica, y la fundación Konrad Adenauer el primero en desempeño democrático de América Latina.
Que a pesar de los problemas de nuestro aparato estatal, los controles excesivos y el rezago en inversiones públicas, tengamos tales resultados, indica cuánto más podríamos mejorar sin un enorme esfuerzo.
Ciudadanos y creadores. Muchos afirman que la mejor política social es una buena política económica. Algo llevan de razón. Pero también se necesitan buenas políticas –y desempeño– en educación, ciencia y cultura.
Esto, en la sociedad actual, implica ir más allá de las estructuras institucionales rígidas y abrirse a nuevas modalidades.
Del lado oficial, hay buenos ejemplos: los esfuerzos del Programa de Educación de Adultos para llevar el bachillerato por madurez a las empresas y cursos múltiples, casi a la medida, a las comunidades; la apertura de 151 Centros de Internet Comunitarios (y gratuitos); la multiplicación de escuelas de música y el crecimiento del Fondo Nacional de las Artes, para apoyar a creadores independientes.
En el ámbito privado los esfuerzos son tanto o más encomiables. Tres ejemplos:
k Virginia Pérez-Ratton, creadora de la Fundación Teorética y abanderada local del arte contemporáneo, acaba de abrir su colección privada al público, en la esquina de la calle 7 y avenida 11.
k José Brenes, físico nacional, avanza en su proyecto para instalar estaciones meteorológicas caseras en cada cantón del país.
k Franklin Chang se acerca cada vez más a su motor de plasma, en un monumental proyecto científico y financiero.
Si, como tantas veces se ha dicho, las crisis o limitaciones aguzan el ingenio y promueven la creatividad, estos casos son, sin duda, muestras promisorias de más logros futuros. La luz que irradian es más poderosa y permanente que la sombra de los nubarrones, siempre pasajeros.
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