LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 4 de enero de 2009

/OPINIÓN

Javier Cascante

La mayor estafa de la historia

Superintendente de Pensiones

Así titulaba el diario español El País , un artículo publicado el 14 de diciembre de 2008, al referirse al descubrimiento de la estafa perpetrada por Bernard Madoff y que se estima en, aproximadamente, US$50.000 millones.

Madoff, de la gloria al abismo. Bernard Madoff era uno de los asesores financieros más respetados en la comunidad financiera internacional. Desde 1960, constituyó una firma de asesoría de inversiones, cuyos clientes eran grandes inversionistas, muchos de ellos supuestamente “sofisticados”. Fue vicepresidente de NASD (National Association of Securities Dealers) y presidente de Nasdaq. Por su aparente éxito, era una de las personas más admiradas e influyentes en Wall Street. Sin embargo, la utilización de productos financieros piramidales, no lo pudo llevar a otro camino que a la quiebra y el fraude para sus inversionistas. Para hacer más dramática la historia, su confesión a los principales ejecutivos de su firma, sus hijos, quienes no dudaron en denunciarlo y acusarlo ante la Securities and Exchange Commission (SEC), impidiendo que dispusiera de cerca de US$300 millones de activos disponibles, agrega más combustible a la hoguera, de la ya cuestionada reputación del sistema financiero norteamericano. Hoy, Troya arde de nuevo y mucha gente se pregunta cómo la SEC no detectó semejante estafa.

Pirámides financieras. El negocio de Madoff era muy sencillo, mediante un hedge fund, pagaba muy buenas rentabilidades a sus inversores (se dice que 10% anual, tanto en épocas de auge del mercado como cuando se presentaban fuertes caídas), haciendo creer que había una interesante cobertura a sus clientes ante el riesgo de mercado. Sin embargo, lo que realmente pasaba era que los primeros inversionistas eran favorecidos con muy buenos rendimientos, que eran sostenidos en el tiempo con los aportes de los nuevos clientes, creando un negocio piramidal, llamado “trama de Ponzi”, en la literatura económica. Obviamente, es fácil demostrar que el negocio no es sostenible en el tiempo, máxime la volatilidad observada en los mercados últimamente.

Enseñanzas. En primer lugar, nuevamente se ratifica que altos retornos implican altos riesgos. No existe ninguna fórmula mediática, que esté por encima del bien o el mal, que permita alcanzar grandes rendimientos sin asumir importantes riesgos. Lamentablemente, en muchas ocasiones el ahorrante es miope y ambicioso, interpreta, aunque sepa que hay riesgo, que por alguna razón no explicada, él es inmune a los fraudes y a las estafas, lo cual, evidentemente, no es posible y que es totalmente factible ganar mucho dinero, sin asumir ningún riesgo.

Por eso, no toda la decisión debe basarse en rendimiento esperado; el riesgo es una cuestión obligatoria. Si usted conoce el riesgo de la inversión que está realizando, sea consciente de los escenarios adversos y soporte las “malas épocas” de los rendimientos, cuando estas se presentan. En segundo lugar, el inversionista debe ser crítico y saber que el riesgo está ahí presente, aunque el vendedor del producto resulte ser irresponsable y mentiroso y le jure que no existe; es más, tenga, el estimado lector, la total seguridad, de que es una práctica totalmente alejada de la ética, el ofrecimiento de inversiones inmunes al riesgo.

En tercer lugar, la información y el análisis de esa información sigue siendo el mejor socio para una buena inversión. Conviene entonces preguntarse cuántas veces nos hemos informado sobre la naturaleza de los productos financieros en los cuales ahorramos; ¿es realmente ese producto de ahorro lo que andamos buscando según nuestras expectativas?, ¿cuáles son los riesgos que existen?, ¿cómo los está administrando la entidad financiera?; en fin, cuestionamientos básicos para ser un inversionista responsable. Finalmente, hay que aclarar que ante un fraude, es altamente probable que la información suministrada haya sido engañosa; ahí es donde las autoridades supervisoras y judiciales asumen un papel importante para la estabilidad y legitimidad del sistema financiero, de ser posible de forma preventiva y en protección de los ahorrantes.

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