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Costa Rica, Domingo 26 de abril de 2009

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Polígono

Fernando Durán Ayanegui | ferduraya@racsa.co.cr

Holotalasíada

químico

Jehová planeaba hacerle una desinfección de primavera a su planeta preferido, y como Noé le caía bien decidió salvarle la vida ordenándole que construyera el arca. Es para preguntarse por qué la divinidad tenía que recurrir a algo tan teatral, pero se debe reconocer que Noé demostró, al ponerse manos a la obra, tener una fe más que meritoria. Según la Escritura, el agradecido patriarca salió del arca a pie enjuto y se infiere del resto que él y sus descendientes casi ni pensaron en los millones de seres humanos que no fueron invitados a abordar la nave y murieron bajo la incontenible holotalasíada (no holocausto, pues fue un asunto de aguas y no de fuego). Es como si Dios y Noé hubieran decidido que las víctimas de la gran catástrofe no deberían contar en el balance de la justicia.

Por dicha se trata tan solo de un mito o, a lo sumo, de una parábola acerca de algo que podría ocurrirnos en el futuro, ya por accidente, ya por designio humano. Por lo demás, las buenas maneras sugieren que Dios –sin importar el nombre o los atributos que se le reconozcan– no puede ser culpabilizado por nada.

Pagaríamos por saber de qué manera el futuro arcanauta recibió el aviso del cielo. ¿Apareció en las nubes un mensaje de humo trazado por una avioneta angelical, se utilizó un milagroso sistema de telepatía electrónica o le envió Dios a Noé un equipo de buenos asesores en climatología? Esto último sería lo creíble, pero es de sospechar que en tal caso nos habría ido como a los dinosaurios, pues el arca nunca habría sido construida por un político primitivo dispuesto a prestar oído únicamente a las voces celestiales. Porque científicos, al parecer encabezados por un sabio español, han hecho saber en estos días que para 2015 el hielo del Ártico habrá desaparecido totalmente, lo cual, además de dejar sin piso a los extinguibles osos polares, traerá otros males notables.

La buena noticia para quienes viven en las montañas es que el nivel de los océanos se elevará menos de lo previsto, y la peor para todo el mundo es que 5 países, entre ellos EE. UU. y Rusia, podrían irse a las greñas por el petróleo que subyace en el ahora fluido Ártico. Se pregunta uno si, en este caso, no son las deidades quienes, por boca de un español, hacen una infructuosa advertencia a los patriarcas de la actualidad.

Esperemos que Canadá guarde a los osos blancos en un congelador descomunal y que, salvo por un incremento en el número de huracanes e inundaciones, y una amenaza de tortazos nucleares en su techo deshelado, al planeta albergue de los camellos no le ocurra nada que motive una alarma.

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