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Luis Montoya |
Miembro del Consejo Universitario de la UNA
Hillary Clinton, flamante secretaria de Estado norteamericana aceptó la responsabilidad histórica de los Estados Unidos de América en el auge del narcotráfico, con sus profundas secuelas sobre el crecimiento exponencial de la violencia. ( La Nación , 25 de marzo del 2009)
En El Paso, Texas, del lado mexicano del muro que la separaba de su tierra, afirmó que “nuestra insaciable demanda de drogas ilegales impulsa el narcotráfico”.
Sin embargo, como sugiere el editorial de La Nación (3 de abril del 2009), el principal obstáculo para enfrentar este flagelo con una estrategia más humanitaria es el pueblo norteamericano. Según encuestas recientes, a los estadounidenses no les gustaría ver legalizadas las drogas mayores (cocaína, heroína, marihuana y crack ).
Es así como, en el 2007, la justicia norteamericana dictó prisión contra más de 900.000 personas por posesión de pequeñas dosis de marihuana; acto que, a diferencia de la mayoría de los delitos, no daña a otros, en forma directa. Por lo demás, “sus efectos no son peores que el alcohol y el tabaco” (César Gaviria, citado por La Nación , 3 de abril del 2009, pág. 34).
La esencia del problema. En el caso del estado costarricense, desde el gobierno de Calderón Fournier (1990), cuando se agudizó el tráfico de drogas en nuestro país, y hasta la fecha, la seguridad del Estado se ha preocupado más por los récords en kilos de droga capturados, que por los componentes sistémicos del problema: ¿cómo explicar el aumento de decomisos, en su relación con el aumento del consumo local?
¿Está Costa Rica suficientemente harta de las secuelas económicas, sociales, sanitarias, productivas, etc. provocadas por el narcotráfico, como para exigir la coordinación interinstitucional de Seguridad, Justicia, Salud, CCSS, IAFA y atacar, mediante programas educativos, persuasivos e informativos la esencia del problema: los inicios del consumo, por parte de los potenciales adictos?
Si la estrategia convencional, violenta y espectacular, por la cobertura periodística que la acompaña, solo ha logrado exacerbar a los capos de la droga aumentando las estadísticas de muertes inocentes, mediante el uso de armas con un poder destructivo creciente, ¿no estaríamos ante la presencia de su estrepitoso fracaso?
Hoy, según da cuenta el editorial aquí comentado, la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia., integrada por personalidades iberoamericanas (César Gaviria, Henrique Cardoso y Ernesto Zedillo) impulsa la necesidad de despenalizar el consumo y tratarlo como un problema de salud pública; y les sobra razón si consideramos el ángulo especializado de la toxicomanía.
En Lyon, Francia, el XXXIII congreso de psicoanalistas de lenguas romanas convocado en 1977 para abordar el problema del autoerotismo, explicaba uno de los problemas de la toxicomanía como “la pugna inconsciente entre la necesidad de placer ( Eros ) y el encuentro, en esa ruta, de la autodestrucción ( Tanatos ), resultante de una falta de re-conocimiento para comprender el proceso de evolución del Yo del toxicómano, a partir de experiencias infantiles constitutivas de la personalidad”. (J. Bergeret, Revue française de psychanalyse , 5-6, sept.-dic. 77, pp. 973-977).
Cito textualmente a Bergeret: “El fracaso del toxicómano sobre su autoerotismo no le otorga gozo; tampoco a su contexto social o terapéutico. Por el contrario, destruye la inversión narcisista tanto como la erótica, que son la base de los vínculos sociales” (1977:975).
Conducta autodestructiva. De esto resulta, que el autoerotismo aparente del toxicómano encubre una verdadera autodestrucción vista como un bloqueo del sistema de “alertas” sobre la salud, la estabilidad emocional personal y de la familia, la autoestima y la seguridad laboral y profesional, entre otras alteraciones del estado natural de la conducta. Se desbocan incontenibles e impredecibles emociones y pasiones. Sin esas ataduras, el adicto se aísla y sumerge en un mundo interior narcisista
Países más evolucionados como Holanda y Suecia comprendieron este fenómeno y aplican amplias políticas sociales para favorecer la participación de los adictos en programas educativos de recuperación que refuerzan su autoestima, entre otros valores.
Quizás la despenalización de las drogas sea una forma de replantear el milenario principio esencial del ser humano: su libre albedrío. Solo que, para contar con la justa ventaja y decidir en consecuencia, es necesario conocer las implicaciones del consumo de drogas sobre órganos vitales como el cerebro, el corazón, los riñones, el hígado y los pulmones, por citar los principales.
La magnitud de esta pandemia le impone al programa del Consejo Nacional de Rectores (Conare) la urgente necesidad de abrirle al Estado de la nación en salud en Costa Rica , un expediente de idéntica trascendencia al del Estado de la educación .
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