LN OPINIÓN

Costa Rica, Martes 21 de abril de 2009

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Kattia Quirós | sefecsa@racsa.co.cr

Un riñón para Fabián

Empresaria

Si mi memoria no me traiciona, fue allá por el 92 que tuve la dicha de tenerlos como vecinos, mis queridos Walter y Olga, que al igual que yo empezaban a criar a sus hijos; ellos, tres varones, y yo, dos niñas. Aún me parece ver a mi hija Fernanda y a Fabián correr juntitos, jugar, pelear, contentarse y seguir jugando. Los años pasaron y nuestros niños crecieron, convirtiéndose en muchachos; sin embargo, al cumplir los 15 años, la vida de Fabián dio un vuelco inesperado. Debido a un mal congénito, enfermó gravemente de un problema renal, siendo su única esperanza un trasplante de riñón.

Su calvario y el de su familia inició: esperar, aguantar y orar por un donador. Recuerdo cuando cumplía escasos 17 años y, con un tono tristemente irónico, me contó que ya había ajustado 360 días internando en el San Juan de Dios en tan solo 2 años; cómo el dolor físico, la tristeza, y muchas veces el cansancio parecían ganarle la batalla. Sin embargo, para bendición de todos los que lo amamos, en esos días cuando ya la fe se nos quebrantaba, la familia de un joven que falleció, de una forma admirable, donó a Fabi el riñón de su muchacho, fue trasplantado, con muy buen pronóstico y en una cirugía sumamente delicada pero exitosa.

Nuevo trasplante. Ya han pasado 5 años. La vida de Fabián, que hoy cuenta con 22 años, se convirtió en la de un joven normal. Se preparó, aprendió un oficio, asiste a un grupo de jóvenes cristianos y, debo decirlo con todo orgullo, es un muchacho ejemplar. Desgraciadamente, el destino volvió a jugarle una mala pasada. El riñón trasplantado dejó de funcionar; por tanto, debe ser trasplantado nuevamente, esta vez con el agravante de que el donador forzosamente debe estar vivo, debido a que Fabi debe ser preparado para que su organismo no rechace el nuevo órgano como lo hizo con el anterior.

Hace dos meses, cuando salí del hospital y rumbo a casa después de que me hicieran las pruebas iniciales para saber si mi riñón era compatible con el suyo, manejé por la avenida segunda y mi mente inútilmente trataba de contar los cientos de personas que veía, y me repetía: ¡cuántos riñones para Fabi en una sola calle! En un clásico de futbol, en un concierto, ¿cuántos, por Dios? Darle vida a un muchacho que apenas empieza, sin perder la propia, solo compartiéndola…

Cada día que pasa, es un escalón en descenso en su salud, ¡cuánto peso ha perdido! Ya casi no sonríe, dependiendo de una máquina para vivir, si es que a eso se puede llamar vida. No desfallece, sufre terriblemente, pero aún no ha perdido la fe. Por alguna razón, Dios decidió que mi riñón no fuera compatible con el suyo; sin embargo, ruego al Todopoderoso que mis palabras sí sean compatibles con el corazón de Costa Rica; a este pueblo, nunca ajeno al dolor de los suyos, le pedimos un riñón para Fabián.

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