LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 19 de abril de 2009

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Nacion.com

Rodolfo Cerdas

Ojo Crítico

Politólogo

Ahora resulta que para la empresa finlandesa lo importante no era venderle al Seguro Social sus productos, sino demostrar más utilidades ante la General Electric que la estaba comprando. Según el contrato, GE debía reconocer una alta suma por cada millón de ganancia que se le mostrara; y al lograr $10 millones con las ventas a la CCSS, estos redituaron entre $125 y $130 millones más para sus accionistas. Para lograrlo bajaron al Infierno, pero no solos sino bien acompañados. Ni Caja-Fischel, ni Alcatel-ICE y ni siquiera la estafa de Madoff por $54 mil millones, deben extrañar. Son los efluvios naturales de un “capitalismo salvaje” para el que solo la ganancia justifica los medios.

Cuando el presidente de Francia clama por un “nuevo” capitalismo, ético y social, pero resulta mezclado con Vincent Bolloré, jefe de uno de los grupos que se reparten África, es tan poco creíble como cuando los exsocialdemócratas criollos, hoy acongojadamente neoliberales, rezan letanías sobre justicia social y paz con la naturaleza, mientras permiten la minería a cielo abierto, la destrucción de las costas y los festines financieros, con mexicanos o no.

La crisis acabó con dos mitos: que la intervención del Estado es mala en sí misma y que el liberalismo nada enseña sobre la dinámica económica, los mercados, los monopolios, etc. Pero ni uno ni otro, ni los dos juntos, son capaces de responder a los retos del presente.

Los gurús neoliberales claman hoy por “papá” Estado y la nacionalización bancaria. Los exsocialdemócratas criollos, que disfrazan mal su neoliberalismo, dan gracias de que su afán privatizador no pudo vender todas las joyas de la abuela , como las llamó Carazo, porque así pueden usar desde los bancos hasta el Consejo de Producción para parlotear de política social y protección al productor nacional.

Pero nuestros “dirigentes” siguen copiando todo. Nuestro camino no es el de Taiwán, Nueva Zelanda, Irlanda, Singapur o Chile; o es el propio o no es ninguno. Eso lo entendieron nuestros abuelos al fundar el Estado en 1821 y la República liberal en 1871; al hacer la reforma social de los 40 y al crear el Estado benefactor después del 48. Hoy basta una moda transitoria para copiarla; o, peor, el chasquido de un chilillo para que baile el perro; como con la orden de la OCDE de abandonar el secreto bancario, para complacer a quienes tienen una larga y vergonzosa historia de violación a las leyes internacionales.

Por eso, políticamente, en los juicios por corrupción hay dos ausentes sin los que habría sido imposible defraudar al país: los grandes consorcios extranjeros y la mancuerna política del PLUSC.

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