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Costa Rica, Martes 30 de septiembre de 2008

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Jorge Guardia | jguardia@nacion.com

En Guardia

abogado-economista

Observé el debate McCain-Obama con un ojo abierto y otro cerrado. Abierto a las cualidades de cada uno, pero no a las descalificaciones personales. No me gustan. Y, aunque estuvo bastante civilizado, hubo filazos.

¿Quién gano? Los sondeos atribuyen ventaja a Obama. Un sector de la prensa independiente declaró un virtual empate, y algunos analistas (los temibles “pundits”) señalaron que, para Obama, empatar era triunfar. Pero yo tengo una visión distinta. Creo que ambos lograron sus propósitos conforme a estrategias muy bien definidas.

El debate reveló profundas diferencias entre los candidatos y partidos. Obama se portó muy “demócrata”; McCain, no. Fue un republicano libertario y renegado, como yo. Con igual fuerza que endosa la exploración petrolera, rechaza las concesiones tributarias a las grandes compañías. Obama, en este y otros temas, tiene enredo mental.

Sin embargo, Obama es muy buen orador. Irradia juventud y dinamismo. Logró posicionarse del cambio por el descontento generado por Bush, y prometió destetarse de Washington. En la primera parte del debate fue asertivo y puntual. Conforme a su estrategia, decidió no atacar a McCain y decía una y otra vez: “yo concuerdo con John”. ¿Le concedió demasiado? Aunque lo hizo adrede para reflejar una personalidad madura y presidenciable, yo pienso que fue un arma de doble filo. En la segunda parte titubeó y se abrió para que McCain le diera clases de política internacional. Si la última impresión es la que cuenta, Obama perdió su sonrisa.

McCain proyectó una imagen de seguridad y confianza, duro y cálido a la vez. Su forma modosita y persuasiva de hablar lo conecta al electorado, particularmente a adultos cuya desconfianza natural al cambio los inclina a buscar anclas de identificación. Mostró un amplio conocimiento de lo que pasa en el mundo y estar al tanto de los temas con más detalle. Eso, quizás, le ayudará a mejorar las encuestas. Pero el tema de campaña ya no es Iraq. Es la crisis financiera. Se vio obligado a un cambio radical: desligarse de Bush y atacar el plan de salvamento a Wall Street. No estoy seguro de que pueda ganar.

¿Qué viene? El debate de John Biden y Sarah Palin el próximo jueves. Ahí jugará un gallo viejo (que con el ala mata) frente a una gallinita tapada. ¿Se destapará esa noche? La prensa ha descalificado groseramente sus gustos y aficiones deportivas y la ha llamado “superficial, inexperta y tonta”. Biden, en cambio, se proyecta agresivo y sabido en política internacional. Las apuestas van a su favor. ¿Podrá Sarah defenderse? Hay gran expectativa. Veremos qué pasa el jueves.

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