LN OPINIÓN

Costa Rica, Jueves 25 de septiembre de 2008

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Nacion.com

Jorge Vargas Cullel | jovargas@nacion.co.cr.

Enfoque

PolitÓlogo

Un estudio reciente estimó que en Costa Rica ocurren unos 27.000 abortos cada año, naturales o inducidos. Como en el país nacen cerca de 72.000 bebés anualmente (promedio en el último lustro), esto significa, cifras más, cifras menos, que por cada 2,5 nacimientos hay un aborto, la gran mayoría provocados. Desde el punto de vista sociológico, es claro que estamos frente a una extendida práctica social y no un comportamiento ocasional, aun cuando la estimación no sea exacta.

Años atrás, una investigación antropológica con mujeres que habían abortado reveló que para ellas el aborto había sido un doloroso episodio; uno, sin embargo, que no impidió que, antes o después, tuvieran hijos. El aborto había sido un evento en su historia sexual y reproductiva vivido en soledad por su carácter ilegal. Otros hallazgos: las mujeres con recursos económicos se lo practicaban en el extranjero; en el país habían diversos servicios ilegales para “salir del problema” y muchas mujeres abortaban en condiciones y métodos muy insalubres.

Trato el tema del aborto porque casi nunca se escribe sobre esto en las columnas de opinión de Costa Rica. Es una papa caliente. Sin embargo, pienso que es necesario empezar a airear el tema: los 27.000 abortos anuales sugieren que la fuerte y mayoritaria condena moral y religiosa contra el aborto (y su ilegalidad) es más endeble de lo que a primera vista parece. Dígase lo que se diga de la puerta de la casa para fuera, lo cierto es que puertas adentro el aborto ha sido y es una realidad, una opción no deseada, estigmatizada y complicada, pero finalmente accesible de una u otra manera. Si no, no habría tantos. Quienes se lo practican no son maleantes ni gente desalmada. Se trata de esa amiga, aquella prima, una hermana, la novia o su madre. ¿Qué hacer?

Es hora de que una sociedad moderna y plural como la nuestra empiece a verse sin maquillaje en el espejo, que discuta los temas incómodos y dolorosos, ojalá con mayor racionalidad que como se polemiza en otros lares. El aborto es un tema con muchas y contradictorias facetas religiosas, morales, científicas, políticas, médicas, legales y educativas como para reducirlo a arengas laudatorias o condenatorias. Es una práctica porfiada cuya incidencia no disminuirá a punto de catecismo. Tampoco se puede meter a la cárcel a tanta gente. Tratarlo como si fuera una práctica aislada, una conducta desviada, es, con vista a las cifras, erróneo.

Ojalá se amplíe un debate franco, libre y sin hipocresías acerca del aborto, en el cual las mujeres, quienes son las que finalmente deciden o no practicárselo, tengan la voz principal.

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