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Costa Rica, Jueves 25 de septiembre de 2008

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Entrevista

Marcos Gómez Sancho

Director del Hospital Universitario Gran Canaria.

Profesión: Médico Nacionalidad: Español

‘Morir con dignidad es morir en casa’

 Este especialista participa en el Primer Encuentro Costarricense de Cuidados Paliativos y Control del Dolor que se realiza en Moravia

Fernando Gutiérrez

Ayer se inició en la Universidad Católica de Costa Rica, en Moravia, el Primer Encuentro Costarricense de Cuidados Paliativos y Control del Dolor. Como conferencista invitado asiste el doctor Marcos Gómez Sancho, pionero en crear unidades médicas de este tipo en España.

La Nación lo entrevistó y este es un extracto de la conversación, en la que también se refiere a la eutanasia, la intervención espiritual y la manera en que los médicos dan las malas noticias a un enfermo.

¿Ha cambiado en algo, en la última década, la atención a los enfermos terminales?

La atención a los enfermos terminales no ha variado en lo sustancial. El objetivo sigue siendo la atención integral a los enfermos en fase avanzada o terminal y a sus familiares a través de un equipo interdisciplinario. Esta atención debe incluir el exquisito control de los síntomas físicos, pero también la atención y cuidados en la esfera social, psicológica y espiritual.

¿Qué significa para usted “morir con dignidad”?

Morir con dignidad es algo difícil de definir, pero muy fácil de detectar cuando un enfermo termina su vida en un entorno amable (fundamentalmente, su propia casa), lejos de aparatos, tubos y tecnología, gozando de la presencia constante de sus seres queridos, sin ser engañado con respecto a su enfermedad (algo frecuente en la cultura latina), sin dolor ni otros síntomas que monopolicen toda la energía del moribundo, en un clima de comunicación sincera con sus familiares y los profesionales que lo cuidan, con la certeza de que se respetan sus valores como ser humano.

¿Se debe despenalizar la eutanasia?

Cada vez que sucede un caso de eutanasia o de un enfermo que solicita la eutanasia, se produce un acontecimiento mediático tremendo con una discusión bien fuerte entre dos grupos bien definidos y frecuentemente politizados, entre detractores y defensores de la eutanasia. Ese tipo de discusiones, tan frecuentes en los platós de la televisión o en programas de radio, no suelen conducir a nada positivo y casi siempre se transforma en un diálogo de sordos. Nadie está dispuesto a reflexionar sobre los motivos que conducen a que un ciudadano pida que acaben con su vida, algo que, por cierto, debería avergonzar a la sociedad en la que se produce el hecho. La discusión urgente no debe ser legalizar, o no, la eutanasia, sino preguntarnos por qué un enfermo lo solicita.

“La mayoría de las veces se trata de una persona que probablemente no esté atendida correctamente y, por lo tanto, lo prioritario es atender bien a los enfermos. En la mayoría de los países los cuidados paliativos van avanzando muy deprisa, pero todavía estamos muy lejos de poder garantizar a todos los ciudadanos unos cuidados paliativos de calidad. En este contexto, un país que no esté en condiciones de ofrecer a todos los enfermos que lo precisen una atención esmerada al final de su vida, y piense en despenalizar la eutanasia, comete, cuando menos, una frivolidad. Por lo tanto, lo que sí que creo que es urgente es desarrollar los cuidados paliativos en todas las patologías que lo precisen (no solamente en cáncer). Hace más en contra de la eutanasia un buen equipo de cuidados paliativos que un millón de sermones”.

¿Cómo se deben dar las malas noticias en medicina?

Yo creo que dar una mala noticia es uno de los actos más difíciles a los que tiene que enfrentarse un médico y, sin embargo, nadie nos ha dicho nunca cómo hay que hacerlo. En la universidad es algo que no se trata. Se emplean en las aulas decenas de horas en aprender a hacer diagnósticos dificilísimos, de enfermedades raras que nunca veremos, pero ni un minuto en cómo comunicar a un enfermo la información cuando el diagnóstico o el pronóstico son desfavorables.

“Yo le diría que deberíamos no mentir nunca al enfermo, decírselo poco a poco, según lo vaya tolerando (lo que llamamos la “verdad soportable”), sin quitar nunca la esperanza, ofreciendo a cambio una atención permanente y de calidad al enfermo y a los familiares”.

¿La intervención espiritual o religiosa en un paciente terminal, que no sea creyente en un ser superior, es conveniente?

“Lo conveniente, necesario y obligatorio es respetar las creencias y valores de cada enfermo concreto y suministrarle la ayuda religiosa o espiritual que demande o precise. Jamás un médico puede imponer sus propios valores o creencias al enfermo”.

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