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Costa Rica, Miércoles 24 de septiembre de 2008

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Nacion.com

Julio Rodríguez | envela@nacion.com

En Vela

El asesinato de la periodista Ivannia Mora Rodríguez, directora de la revista Estrategia y Negocios , ha quedado impune. La Sala Tercera Penal, por el voto de tres magistrados (dos magistrados salvaron el suyo), confirmó la absolución dictada por el Tribunal de Juicio de Goicoechea.

Ivannia fue asesinada el 23 de diciembre del 2003 en Curridabat. Unos motociclistas se acercaron a su vehículo en marcha, de noche, y con maestría criminal troncharon su vida terrena. Un tiro fue suficiente. Quien contrató al sicario conocía este submundo. Sabía a quién le pagaba y por qué. Muchos intuimos por qué. Para el autor y los cómplices ayer fue un día de fiesta. Para Costa Rica, de duelo e impotencia. Para el periodismo genuino, de temor y desconsuelo.

Según el Tribunal de Juicio de Goicoechea, de la prueba presentada “no emergió el juicio de certeza sobre quién o quiénes fueron los responsables de un hecho tan lamentable y de tanta alarma social”. Mas, no se trata ahora de discutir sobre tecnicismos o valoraciones juridisdiccionales, pues hasta la esperanza de un nuevo juicio se ha desvanecido, excepto que, algún día, la conciencia del director de la trama logre romper la losa que la sepulta y explote la verdad.

La conciencia, ese paraje interior adonde solo Dios puede entrar como juez, es la más íntima relación del ser humano consigo mismo. Es la única voz que nunca calla y nunca se puede acallar. Aun el que disfruta acallándola, con el ropaje de la mentira o del cinismo, sabe que no puede liberarse jamás de ella.

El asesino que disparó, en la antevíspera de aquella Navidad, y el autor intelectual, cualquiera sea, que urdió el plan, meses antes, y pagó la factura pueden disfrutar de este triunfo en los estrados judiciales, pero jamás se sentirán libres ni podrán ver a la gente o a sus hijos en sus ojos. Ivannia, bañada de luz, reposa en paz, en los brazos amorosos del Padre, allá a donde todos nos encaminamos y donde todos seremos juzgados en una única instancia y sin posibilidad alguna de apelar.

El periodismo tiene su propio martirologio, libro o catálogo glorioso de sus legiones de mártires. El nombre de Ivannia figura en él con resplandecientes atestados. Mártir significa testigo. Ella atestiguó en todo lo que dijo e hizo su grandeza espiritual. Ella fue testigo de que el periodismo auténtico, erguido sobre la ética, la cultura, la independencia y un esfuerzo tenso y sin tregua, en la búsqueda de la verdad, que son los hechos, es una profesión noble, exigente y de sumo riesgo, pero que vale la pena. Gracias, Ivannia.

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