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Costa Rica, Lunes 15 de septiembre de 2008

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Página Quince

Fernando Araya | consulfe@hotmail.com

Un sueño que inspira

 

Consultor

Es necesario fortalecer los mercados, elevar la competitividad y la productividad económicas e insertarse en la globalización, pero estos factores, por sí solos, no producen el desarrollo integral de las sociedades. Para lograrlo, se requiere asociarlos a las capacidades emprendedoras de las personas y a realidades educativas, científico-tecnológicas, ecológicas, éticas y culturales.

Si esto no ocurre, se generan crecimientos económicos sin desarrollo o con desarrollos “descoyuntados”, inconclusos, esquizofrénicos, en cuyo seno crecen las falencias éticas de los liderazgos, la exclusión social, la mediocridad y los feudos de poder que propician estados paralelos, ajenos a la legalidad y a la auditoría ciudadana.

Esta circunstancia se observa en América Latina, donde, a la par de méritos notorios en materia de crecimiento económico, existen fracasos superlativos en reducción de la desigualdad, fortalecimiento de las clases medias, seguridad y disminución de la corrupción pública y privada. La lección que de esto se obtiene es elemental: el subsistema económico puede ser exitoso, pero la sociedad, como un todo, encontrarse prisionera del cinismo, la delincuencia y la exclusión. Resulta lamentable que la reacción ante esta situación se limite a reiterar la fracasada mitología socialestatista, responsable, junto al fracasado anarcocapitalismo, del subdesarrollo latinoamericano.

El infierno. En este contexto de infantilismos políticos y retóricas insultantes, se universaliza la cultura de la mediocridad, donde no importa –amigo lector y amiga lectora – si el mundo se le viene encima, si en sus narices violan, matan, roban, secuestran, engañan y manipulan, usted –se le dice– contorsione su cuerpo, empequeñezca su mente, renuncie a pensar, estalle de risa, sea parte del rebaño, nútralo y aliméntese de él, emociónese con la última moda, la última ideología, la última religión, la última consigna, entréguese a la rutina, muérase en ella, sea un espectador ante el ascenso de la violencia mafiosa (los hechos señalados, a este respecto, por Francisco Dall’Anese, en La Nación del 29/8/08, página 5A, configuran un escenario terrorífico).

Goce, beba, coma, tiemble de placer, el mundo es un inmenso biberón para succionar el océano de sensaciones, narcocultura, ideologías, violencia y horror que le ofrece. Este tipo de discurso es el adorno de un estilo de evolución social que ha sido incapaz de establecer, en la práctica, conexiones causales entre crecimiento y desarrollo.

El sueño. Debido a lo anterior, se debe propiciar una circunstancia histórica en que los vínculos crecimiento/desarrollo se refuercen mutuamente. Para que esto sea factible conviene abandonar el lenguaje maniqueísta de la dialéctica amigo-enemigo, tan común en la política. Es indispensable, además, elevar la experticia cognitiva y ética de las personas, mejorar la excelencia en educación y cultura, y formular propuestas que sinteticen distintas perspectivas económicas y políticas.

Este sendero es el sueño que puede inspirar a la población y derrotar la exclusión social, la mediocridad y la decadencia cultural. El dilema no es elegir entre un estatismo que confisca los derechos ciudadanos, o mercados que declaran idiotas y malformados a quienes no disfrutan sus bellezas. De lo que se trata es de construir sociedades con mercados poderosos insertos en una solidaridad envolvente. A esto lo denomino sistema de desarrollo multidimensional, a un tiempo productivo y social, en cuyo marco desaparecen los dogmas y las redes político-sindicales, académicas y empresariales que feudalizan al Estado y usurpan las instituciones.

Para impulsar este modelo, no se requieren alianzas políticas, internas o internacionales, que camuflen extremismos, pesadillas insurreccionales y redentoras, sino partidos y liderazgos democráticos que crezcan y se desarrollen como tales.

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