LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 7 de septiembre de 2008

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Nacion.com

Rodolfo Cerdas

Ojo Crítico

Pocos gobiernos han contado con tantos deseos de éxito como el actual. Pese a ganar por solo un 1,8%, la mayoría tuvo la esperanza de que enderezaría la nave del Estado, por entonces a la deriva. Pero el águila no atendió el llamado de los caracoles. En vez de captar la lección de humildad que le imponía ese 1,8%, acreció su inmodestia y fomentó su aislamiento político; orgulloso, cerró oídos a la crítica; incapaz de autocrítica, imposibilitó las rectificaciones oportunas; confundido por los obstáculos, trocó su liderazgo legítimo por un decisionismo autoritario e inútil; y no obstante tener un Consejo de Gobierno de lujo, se rodeó de una minicúpula que reforzó sus defectos y falencias y lo hizo despilfarrar su capital político.

Desde su inicio el esquema de gobierno fue claro: en el mando los hermanos y, con ellos y para ellos, incondicionales que los aplauden y los inmunizan contra la crítica. Los vicepresidentes, mantenidos de lejos para que no hicieran sombra, sobre todo al comienzo cuando el hermano se creía delfín. Más lejos aún, los ministros, enclaustrados en sus áreas y debiendo pasar los aros del hermano para poder llegar al Presidente. Así se evidencia del recuento de los inmolados: Casas, Berrocal y Zumbado. La Presidencia resultó casita de jabonero, donde el que no cae, resbala.

¿Y la política? Según los informes de la Contraloría, nada de planes concretos de seguridad social, de lucha contra la pobreza, de vivienda e infraestructura, de energía y producción alimentaria. En casi todo, improvisación y sorpresa. Los presupuestos, o no se ejecutan o lo hacen a ritmo de tortuga. Hay dinero y sobran los pobres: pero los recursos no se emplean.

Sin embargo, hoy el esfuerzo nacional es lograr que el Gobierno informe, que no oculte, que se acaben los secretos, misterios y cambalaches; que se rindan cuentas y se responda, aunque se enojen los funcionarios, contagiados de arrogancia. Mientras tanto, un 40% de las familias solo come, y mal, dos veces al día. La desconfianza ciudadana crece, lo mismo que la pérdida de credibilidad del Gobierno, las sospechas sobre los dineros del BCIE, las negociaciones y manejos ocultos, los bonos y los cuentos chinos, etc. No se discute sobre planes de gobierno, sino sobre cuál ministro será acusado y por qué este sí y aquel no, si hicieron lo mismo y uno manda más que el otro. En tanto, con imprudencia sin igual, don Óscar precipita la campaña electoral y señala sucesora.

En una crisis múltiple tan aguda, el debate resultó ubicado en el nivel más bajo, gracias a un Gobierno semiparalizado por sus propios errores, imprudencias y secretismos sospechosos; y que parece creer que se gobierna con discursos y se administra con cadenas televisivas dominicales.

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