LN OPINIÓN

Costa Rica, Martes 21 de octubre de 2008

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Nelson Saint-Hilaire | alnaso@yahoo.com

¿Quién investiga a los investigadores?

 Hemos olvidado que el sistema de Seguridad Social se fundamenta en la labor del médico

Médico, HospitalSan Juan de Dios

Cuando trabajaba en el Hospital de Liberia a finales del año 1981, el señor Omar Agüero Solé, tras una complicación quirúrgica, se encontraba internado en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital San Juan de Dios; gran amigo personal y en su vivencia de la fe cristiana, el laico más comprometido que he conocido.

El día previo a su fallecimiento me encontraba con él y, dentro de su precaria lucidez, debido a la gravedad de su enfermedad, me pidió el favor de llevar el siguiente mensaje al padre Armando Hernández (párroco de Liberia): “Hay que evangelizar a los evangelizadores. Pienso que probablemente veía antitestimonios en nuestro actuar como cristianos, por llamarlo de alguna manera.

Acciones perversas. Revivo esta frase que me ha quedado grabada para siempre, en razón de la situación que aqueja al gremio médico en la actualidad, por la forma perversa, morbosa, arbitraria y mal intencionada con que exhibieron el apresamiento de dos colegas, por supuestos actos ilegales, aún no demostrados, pero supongo por el circo con que lo montaron, ya juzgados y condenados por la opinión pública. Podría sumar a la frase de don Omar muchas expresiones similares que se usan en el medio, como, por ejemplo: “¿Quién audita a los auditores, quién investiga a los investigadores, quién critica a los críticos?”, entre otras.

La toma televisiva, sin identidad protegida de estos profesionales de la salud, como usualmente lo hace la prensa en los casos presuntivos de asesinos, narcotraficantes u otras personas que cometen actos delictivos, son el producto de un sensacionalismo y amarillismo periodístico, que no es periodismo, porque el mismo es investigación e información objetiva.

Exhibieron sus rostros sin considerar respeto hacia ellos y sus familias. ¿Qué sucedería si se comprueba su inocencia? ¿Quién restituirá su honor? No se pueden aprobar actos corruptos e ilegales, pero, antes de escandalizar, hay que comprobar la veracidad de los cargos, porque la ley dicta: “Todo acusado es inocente hasta que no se demuestre lo contrario”.

Montaje periodístico. Me llama la atención lo coincidente o circunstancial de la detención, que a la hora y lugar de esta estuviera presente un canal televisivo único, como si existiera una comunicación previa y exclusiva de la noticia, lo cual he visto en hechos similares y desconozco si legalmente está permitido. Pareciera que fue un montaje periodístico sobre una acción judicial, confidencial y, hasta donde creo, solo del conocimiento de las autoridades. Me queda la interrogante de ¿cómo se obtuvo la primicia y exclusividad y qué razones e intereses mediaron en esta noticia?

Es un hecho real que en cualquier ámbito en que nos desenvolvemos, llámese familiar, laboral, religioso, comunitario, entre otros, existen fallas y debilidades humanas. Como se dice en el argot costarricense, “todos tenemos rabo que nos majen”. El ejercicio de la medicina es altruista y, a diferencia de otras profesiones, tiene mucho que ver con el bienestar físico y espiritual de las personas; por eso, deberíamos desempeñarlo de un modo inmaculado.

No apruebo el delito, pero como la perfección humana no existe, podemos caer en la transgresión porqueen este mundo de pecado y corrupción, todos tenemos una ración”. Hemos olvidado que el sistema de Seguridad Social se fundamenta principalmente en la labor del médico. Los índices de salud han mejorado por la perseverancia de estos y, a pesar de esto, nos abocamos a buscar razones para inculpar y mancillar su posición y, como dice un versículo del Evangelio, “quien esté libre de pecados, que lance la primera piedra (San Juan 8, 7)”.

Como expone en “Los Consejos de Esculapio”, refiriéndose al papel del médico frente al paciente: “…y cuando se trata de pagar los cuidados que le has prodigado, se enfada y te denigra”, y en su párrafo final concluye: “…si ansías conocer al hombre, penetrar todo lo trágico de su destino, ¡entonces hazte médico, hijo mío!”.

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