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Página QuinceVelia Govaere | vgovaere@gmail.com |
Abogada
¿ Dónde podría yo encontrar la palabra exacta y el tono apropiado para persuadir y disuadir, sin acusar? Hubo un tiempo en que, a uno y otro lado, esgrimimos la pluma para convencer a Costa Rica de un camino o de otro. Miles hablamos y escribimos, luchamos y arriesgamos, hasta que no quedó un alma pasiva, y sellamos nuestro destino en un acto democrático sin precedentes.
La suerte quedó echada. Al menos eso creímos, en nuestra inocencia. La coalición de los chantajes, errores oficiales, filibusterismo y uso abusivo de ausencias nos estallaron en la cara.
Y nos quedamos esperando callados, confiando en que prevaleciera la cordura y que el interés común encontrara veredas entre la ambición y la torpeza.
No hubo manera, y nuestros peores temores se hicieron realidad: por segunda vez tuvimos que pedir otra prórroga a nuestros socios, en este interminable calvario.
¡No podemos seguir callados! Tenemos un voto histórico que hacer respetar y todo pareciera indicar que solo quedan nuestras voces para lograrlo. Guardemos los dedos que señalan culpas y busquemos la palabra mágica de reconciliación, de moderación y de consenso para infiltrarla entre los intereses creados.
Habría muchos argumentos que esgrimir. Tanto en el campo del “no” como del “sí”, se concuerda que necesitamos un TLC con los Estados Unidos. Diferimos sobre bondades o perjuicios del TLC que se negoció. Los que pidieron un voto negativo dijeron que era para renegociar un mejor TLC.
Sin embargo, las cosas cambiaron. El TLC que negociamos es el único al que podemos aspirar de un modo realista. La crisis económica y las opiniones prevalecientes de las corrientes políticas en la arena electoral de los Estados Unidos son total y abiertamente adversas a negociaciones de tratados comerciales – ¡Y mucho menos a “renegociaciones”!–.
¿Será suficiente este argumento?
También se podría argüir que la proximidad del período electoral aconsejaría a todas las corrientes legislativas una conducta ejemplar alejada del extremismo, moviendo posiciones hacia el centro, lugar privilegiado donde se sitúa el elector nacional. Un ojo ciudadano atento pasará facturas al boicot y a la inoperancia. Ya no estamos para “errores” ni para “chantajes”. A la misma Puntarenas le conviene.
Faltan voces. Sobran argumentos contantes y sonantes. Miles de empleos penden realmente de un hilo. El desequilibrio de la balanza comercial arriesga no poder seguir siendo cubierto con la inversión extranjera.
En el entorno económico actual, el Banco Central de Costa Rica ha tenido que echar mano ya a más de mil millones de dólares de sus reservas monetarias, para pagar nuestras importaciones.
Urge atraer nuevas inversiones y asegurar que las empresas radicadas en el país no busquen mejores destinos. Es apremiante impulsar mucho más las exportaciones. 26.000 toneladas de azúcar esperan solamente la entrada en vigencia del TLC, porque la Iniciativa de la Cuenca del Caribe no las contempla.
La industria de perfeccionamiento textil vestuario dejaría de ganar 310 millones de dólares si no puede tener acceso a las mejores condiciones que ofrece el TLC. Sus inversiones se irían a otra parte.
Argumentos sobran, pero siempre han sobrado. Lo que faltan son voces. Es momento para despertar. La cosa no es jugando.
Tenemos una nueva prórroga, pero peligramos más que nunca. Si algo deberíamos haber aprendido, después de esta dolorosa experiencia, es que no nos podemos atener a palabras de tranquilidad y apaciguamiento.
Estamos secuestrados por el amodorramiento de nuestras instituciones. Esto ya no se puede resolver en las calles. Solo nos quedan nuestras voces. Tenemos que hacerlas oír. Tenemos que hacerlas valer.
Yo me doy. No renuncio a luchar, pero me rindo a encontrar sola la visión adecuada, la palabra perfecta para llegar a esos corazones burocráticos endurecidos. Se requieren “todas las voces, todas, todas las manos, todas…”.
Estamos en plena campaña de un acto final que nunca termina y nos pueden volver a quemar el pan en la puerta del horno. Ya estuvo suficiente. Unamos nuestras voces que es lo único que tenemos. “¡Canta conmigo, hermano, libera tu esperanza con un grito en la voz!”.
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