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Costa Rica, Martes 7 de octubre de 2008

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Página Quince

Eduardo Ulibarri

Breves consejos a Correa

Periodista

Por su enorme éxito político personal, su discurso de salvación histórica, su carácter severo y la dureza que aplica a sus adversarios, el presidente Rafael Correa no parece ser de los dirigentes que practican el oír como una herramienta para gobernar.

¿Por qué atender los consejos ajenos –podrá preguntarse– si mis planes e intuiciones han hecho un clic rotundo con las frustraciones y esperanzas de mis compatriotas y me han permitido ganar, con sólidas mayorías, cuatro elecciones en dos años?

Demoler y crear. El gran detalle, podría respondérsele, es que, hasta el momento, su éxito ha consistido en denunciar males, triturar a los opositores, ganar votos, romper con el pasado, imaginar el futuro y diseñar un nuevo esquema de Estado sobre las cenizas del anterior.

Sin embargo, una cosa son las actitudes y herramientas que impulsan victorias sucesivas durante la ruptura y la invención, y otra las indispensables para construir y gobernar en serio.

Ahora que, tras el 64% de respaldo a la nueva Constitución en el referendo del domingo 28 de setiembre, está llegando al fin de su primera etapa, es necesario que el Presidente, su Gobierno y su partido Alianza País, pero también la oposición y la sociedad en general, reflexionen sobre lo que sigue.

Estos breves y humildes consejos podrían ayudarles, sobre todo a Correa:

1. Ninguna democracia eficaz, justa y estable se ha construido solo a partir de una Constitución. Las prácticas de tolerancia, diálogo, transparencia y respeto al Estado de derecho que emanan de la sociedad y el poder son tan o más importantes. En momentos de redefinición política, la actitud de los dirigentes resulta clave.

Desde la independencia, América Latina ha producido algunos de los textos constitucionales más visionarios del mundo, pero muchos han cohabitado con algunos de los gobiernos más desastrosos. En 1998, Ecuador activó otra Constitución “salvadora” que más bien alentó la inestabilidad y los cambios abruptos. La historia enseña. No la desaproveche.

2. Las constituciones más exitosas del mundo tienden a ser las que, asentadas en buenas prácticas democráticas, son precisas y breves. Fungen como verdaderas “cartas” esenciales que tutelan derechos, definen instituciones y establecen procedimientos básicos, no como grandes reglamentos políticos y sociales destinados a solventar todo lo humano y divino. La ecuatoriana, con sus 444 artículos permanentes y 30 transitorios, es un preocupante ejemplo de obesidad conceptual. Por esto, despierta fundadas dudas.

3. Con la mezcla de una Constitución fuertemente presidencial, un Presidente en la cúpula de su popularidad, poderes Judicial y Legislativo desprestigiados, partidos que apenas son movimientos y una oposición débil y dispersa, concurren condiciones para la concentración de un avasallante poder en Correa.

¿Nuevo país? Si, en verdad, desea construir un nuevo país o, más modestamente, un nuevo Estado democrático, inclusivo y moderno, debe alejarse de las descomunales tentaciones autoritarias que lo envuelven. Si las sigue, su proyecto se convertirá en un efímero autorretrato. Si las supera y logra establecer sólidas instituciones y un verdadero Estado de derecho, su aporte será definitivamente constructivo y perdurable.

4. El distorsionante club del populismo autoritario latinoamericano cuenta, hasta ahora, con tres miembros plenos: Hugo Chávez, Evo Morales y Daniel Ortega. Rafael Correa ha decidido asomarse a sus ventanas, utilizar sus símbolos, bailar algunos de sus ritmos y disfrutar sus happenings . Sin embargo, se ha negado a asumir la afiliación formal.

No entrar en esa canasta debe ser otra de sus precauciones. De lo contrario, disminuirán aún más las opciones de estabilidad y progreso en el país, por muchas bellezas (reales o ficticias) que se atribuyan a la nueva Constitución.

5. Y a los opositores, ¿qué decirles? Esencialmente, que se vean en el espejo de su pasado inmediato para evitar los muchos errores que han cometido; que renueven su liderazgo y propuestas; que busquen alianzas con sectores sociales diversos; que trabajen seriamente; que se manten- gan alertas, y que se esfuercen por ser impulsores y contralores de la institucionalidad.

Dar consejos puede ser un ejercicio inútil, sobre todo en política. Aun así, vale la pena. Quizás alguien oiga.

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