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Costa Rica, Martes 7 de octubre de 2008

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Jorge Guardia | jguardia@nacion.com

En Guardia

abogado y Economista

Me han pedido relatar en palabras sencillas la esotérica historia de la crisis financiera, descubrir los responsables y aquilatar el Plan de Rescate. Menudo menú para una columna tan menuda. Veré si puedo hacer milagros.

Había una vez una burbuja inmobiliaria alimentada por la avaricia de una vieja gorda y glotona llamada Wall Street y la desidia de un viejo regulador flaco y amargado. La gorda era astuta. Para saciar su voracidad se ingenió mil y una formas de captar dinero. El regulador, ingenuo, pensaba contenerla con la disciplina del mercado, una receta antigua extraída del libro invisible de un brujo llamado Adam Smith. Adam no era tan viejo como Adán, el de la manzana. Pero tenía sus añitos. Y los remedios cambian.

La gorda olfateó que la banca estaba demasiado regulada para sus desmanes y decidió medrar (a hurtadillas) en las mesas de dinero y de crédito no reguladas. Ahí había de todo, desde hipotecas rellenas y mal habidas hasta deliciosos créditos complacientes. Tampoco había límites de capital mínimo conforme a las obligaciones, reglas de liquidez, ni nadie para impedir endeudarse a corto plazo para prestar a lontananza. La gorda comía opíparamente. Sus nalgas monumentales se hincharon del festín. ¿Comprenden el origen de la burbuja?

Conforme el flaco bajaba las tasas de interés, se inflaba el precio de las casas. La Casita de las Torrejas voló y sus dueños, insensatos, creyeron haberse vueltos ricos de la noche a la mañana. El mercado sin regular soltó el crédito y se financió del ahorro de todo el mundo, literalmente. Freddy Mac y Fanny Mae, dos primos (demócratas) de la gorda, hacían populismo habitacional. Cuando la burbuja estalló, ya no pudieron financiarse. Nadie les prestaba por el riesgo incubado. Hasta los bancos dejaron de prestar. Y la cadena se rompió. ¿Quién fue el canalla que la jaló?

Los súbditos iban a perder sus casas. Entonces, el Rey se asustó. En vez de jalarle a la gorda la cadena, envió el flaco a la Corte por más recursos. Y en un discurso memorable asustó tanto a los cortesanos que en dos semanas, sin audiencias, aprobaron $700.000 millones para comprar activos malos con recursos del pueblo. ¿Sabían Uds. que el Rey y la gorda se entendían? Vender a los súbditos sus malos activos para sanear sus balances y seguir prestando para prolongar el festín era su fin. Pero se les fue la mano.

Ya verán. $700.000 no alcanzarán. Hasta los mercados cayeron. En el próximo capítulo sabremos si podrán salirse con la suya. Por ahora no deben hacerme mucho caso ni dejarse seducir por la jareta del Rey ni las posaderas de Wall Street.

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