LN OPINIÓN

Costa Rica, Martes 7 de octubre de 2008

/OPINIÓN

EDITORIAL

Retos de la economía mundial

 Las respuestas de las autoridades de EE. UU. a la crisis han dejado experiencias positivas y negativas

 En Costa Rica se requiere un cambio de actitud política en el Gobierno y los partidos en busca de consensos por el país

La situación es seria: las economías de EE. UU.y de la Unión Europea están entrando en un período crítico de recesión o muy bajo crecimiento, acompañado de inseguridad, aumento del desempleo e incrementos en los índices de pobreza. Y, de rebote, las economías de los países emergentes y demás naciones en desarrollo, como la nuestra, sufrirán sus consecuencias en mayor o menor grado, dependiendo de cómo se preparen para enfrentar los retos. ¿Cuál es la verdadera situación mundial que se avecina? ¿Cuáles medidas han adoptado o deberían adoptar nuestras autoridades?

Lo que originalmente fue una crisis inmobiliaria en las economías desarrolladas degeneró en una crisis financiera y bursátil de graves proporciones. Y, lo que es peor, la crisis originada por la burbuja hipotecaria todavía no ha tocado fondo, pues los inventarios de bienes raíces disponibles para la venta no ha bajado de los 11 meses de espera, y el precio de las casas y locales comerciales en el mercado ha continuado a la baja. Tendrá que producirse una corrección de los precios relativos para que las cotizaciones vuelvan a la normalidad y se pueda arrancar de nuevo. Entretanto, los bancos, aseguradoras y otras entidades financieras han visto contaminarse sus balances por los malos préstamos y ahora experimentan problemas simultáneos de liquidez (los bancos no se prestan entre ellos o lo hacen a tasas muy elevadas) y de solvencia al tener que pasar por pérdidas esos activos “contaminados” y disminuir considerablemente sus patrimonios.

Tampoco les será fácil levantar capital en el mercado privado para salvar los bancos y continuar sus operaciones de préstamo. Las inversiones financieras han migrado a sectores menos riesgosos, como los bonos del Tesoro, cuyos precios al alza arrojan rentabilidades extremadamente bajas. El sector bancario tiene, en su conjunto, un caso típico de insuficiencia patrimonial del que tardará largo tiempo en recuperarse. Al disminuir la capacidad crediticia de las entidades bancarias, el mercado financiero posiblemente experimentará ajustes importantes en las tasas de interés y se agravarán los problemas de crecimiento y empleo en otros sectores de la economía real. Y se exportarán al resto del mundo, como ha sucedido en el pasado.

La respuesta de las autoridades económicas y políticas americanas a la crisis financiera ha dejado experiencias positivas y negativas. Entre las primeras, vale citar la claridad del secretario del Tesoro, Hank Paulson, y del gobernador de la Reserva Federal, Ben Bernanke, para identificar el problema y la celeridad con que los senadores y congresistas aprobaron el Plan de Salvamento presentado por el presidente Bush. Eso demuestra un buen nivel de anticipación y una visión bipartidista clara de cuándo hacer a un lado las divergencias políticas para unir esfuerzos en aras del bien común.

Pero entre las lecciones negativas hay algunas deplorables, como la laxitud de las políticas monetaria y fiscal y la reticencia a regular prudencialmente ciertas actividades especulativas que ocasionaron la crisis. El Plan en sí contiene un riesgo moral y grados de intervención discrecional en la economía privada que, en buena teoría de riesgo y la separación de qué corresponde a los sectores público y privado, no debería emularse. Además, le pegaron al proyecto final una serie de gastos innecesarios y controvertibles para lograr su apoyo. Pero hay algo de fondo aún más preocupante. Reputados economistas norteamericanos, incluyendo Joseph Stiglitz y George Soros, han dicho que el Plan de Salvamento será ineficaz o, por lo menos, insuficiente para hacer abortar la crisis y enrumbar la economía por el sendero de la estabilidad y crecimiento. Nosotros mencionamos en un editorial anterior que, con Plan de Salvamento o sin él, la recuperación enfrentaría un largo camino. Y eso nos lleva a cuestionar la forma en que las autoridades costarricenses han rescatado las buenas y malas enseñanzas.

Afortunadamente, la fiscal ha sido responsable y, hasta mayo de este año, la política monetaria quizá permitió una excesiva expansión monetaria. Esto pudo haber contribuido a una tasa de inflación superior a la internacional y una expansión crediticia menos prudente. Cuando el crédito aumenta rápidamente, la morosidad también lo hace en forma concomitante y se debilita el sistema financiero. Ese es uno de los aspectos a cuidar en esta etapa, caracterizada por endurecimiento de las tasas de interés e incrementos en el tipo de cambio que podrían comprometer la capacidad de los deudores, tal y como sucedió en los EE. UU. Y la mayor inflación ha afectado la capacidad de pago de los costarricenses y posiblemente traiga pobreza y desempleo. Y ahí, precisamente, surgen necesidades apremiantes que los programas existentes, como Avancemos, no han logrado satisfacer en su totalidad. Hace falta un plan más congruente y enfocado a los problemas ocasionados por la crisis financiera internacional y la necesidad de generar más empleo y proteger los salarios controlando la inflación.

Para proteger la economía y estimular la generación de empleo es necesario adoptar reformas que requieren consenso político. Una de ellas es la pronta aprobación de lo que falta para que el TLC entre en vigor. El PAC tiene que aprender de sus colegas congresistas norteamericanos que pusieron abajo sus diferencias para aprobar las leyes que necesita el país. Si la inversión extranjera merma por la crisis internacional, deben hacer lo posible por abortar las trabas internas a la exportación, como los cuellos de botella de los puertos, particularmente Limón, así como otras obras de infraestructura, aeropuertos y carreteras afectadas por la burocracia. Se necesita un plan comprensivo, aún no expresado, para paliar la crisis, que incluya medidas para facilitar la inversión local y extranjera y mejorar la eficiencia relativa del país. También es necesario un cambio radical de actitud política en el Gobierno y sus instituciones, el Congreso y los partidos políticos, particularmente el PAC, tal y como se hizo en los Estados Unidos en espacio de dos semanas. Solo así podremos enfrentar con éxito la crisis que se avecina.

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