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Yoon Young-kwan | Copyright: Project Syndicate, 2008 www.project-syndicate.org Traducido del inglés por Carlos Manzano@nacion.com |
Yoon Young-kwan, ministro de Asuntos Exteriores de Corea del Sur en 2003-2004, es actualmente profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de Seúl
SEÚL – Corea es un país que no se parece a ningún otro. La Guerra Fría acabó cuando la Unión Soviética se desplomó en 1991 y ahora la mayoría de las personas del mundo la recuerdan como parte de la historia. Sin embargo, la península de Corea sigue dividida conforme a líneas ideológicas y las dos Coreas coexisten como restos vivos de la Guerra Fría. Un total de casi un millón y medio de jóvenes soldados de Corea del Norte y de Corea del Sur se miran de frente a través de la profusamente armada Zona Desmilitarizada.
Sin embargo, los acontecimientos y las fuerzas estructurales han afectado y cambiado la naturaleza del sistema de Corea del Norte desde 1991. La repentina interrupción del suministro de petróleo y recursos naturales procedentes de Rusia a comienzos del decenio de 1990, el fracaso de la economía de planificación centralizada y la consiguiente hambruna en masa a mediados del decenio de 1990 no dejaron otra opción a los dirigentes de Corea del Norte que la de tolerar las actividades en mercados no regulados. En la actualidad, a todos los norcoreanos parece gustarles el dinero y conocen su valor.
Fuerzas del mercado. La política de compromiso aplicada por el Gobierno de Corea del Sur en los últimos años ha contribuido también a los cambios en la forma de ver el mundo exterior y su abyecta situación económica por parte de los norcoreanos. En esas circunstancias desesperadas, los dirigentes de Corea del Norte se aferraron a su estrategia de fabricación de armas nucleares como último recurso para defender la seguridad de su régimen.
Sin embargo, independientemente de si se resuelve la cuestión nuclear, la proliferación de las fuerzas del mercado en Corea del Norte seguirá cambiando todos los aspectos de la vida en ese país en los próximos años. Nadie sabe aún cuáles serán las consecuencias políticas de esos cambios económicos.
Por eso, antes incluso de que se tuvieran noticias de los problemas de salud del dirigente norcoreano Kim Jong-il, Corea del Norte era ya un país afectado por una incertidumbre en aumento. No obstante, las noticias sobre la mala salud de Kim fueron como un brusco despertar en relación con el carácter precario de las condiciones en Corea del Norte. La decaída salud del “Amado Dirigente” contribuirá aún más a la incertidumbre y puede causar inestabilidad internacional en toda el Asia oriental.
Por ejemplo, Kim Il Sung preparó a su hijo Kim Jong-il como sucesor suyo durante unos dos decenios antes de que el joven Kim ocupara el poder en 1994. Sin embargo, Kim Jong-il ni siquiera ha elegido aún a su sucesor. De hecho, se espera que, si Kim Jong-il queda incapacitado, surja un nuevo sistema de dirección colectiva.
Lucha por poder. El problema es que Corea del Norte carece de experiencia en materia de dirección colectiva. En los seis últimos decenios, todo el poder ha estado concentrado en las manos de una persona. El gobierno de un solo hombre está tan arraigado en la tradición y el sistema político de Corea del Norte, que resulta difícil abrigar la esperanza de que la dirección colectiva triunfe.
Así, pues, algún tipo de lucha por el poder, bastante parecida a la habida en la Unión Soviética tras la muerte de Stalin, puede seguir invariablemente a un breve período de gobierno colectivo. El dilema para el mundo es el de que durante ese período de inestabilidad habrá que adoptar decisiones importantes. ¿Podrán los posibles dirigentes futuros de Corea del Norte gestionar el arsenal nuclear de forma responsable y segura sin trasladar una parte de él al extranjero y, más aún, responder a la presión internacional para que lo desmantelen de forma razonable y flexible?
A lo largo del último decenio, Kim Jong-il ha subrayado la importancia de su política consistente en dar primacía a los asuntos militares. A consecuencia de ello, el ejército tendrá una posición dominante en la adopción de decisiones sobre cuestiones importantes, como las negociaciones nucleares, pero el problema del gobierno militar es el que no suele entender del todo las consecuencias de las decisiones políticas, problema que se agravará aún más con una dirección colectiva.
Con una dirección colectiva norcoreana dominada por los militares, el poder de los burócratas económicos del país será, en el mejor de los casos, marginal, lo que puede propiciar la eliminación de la presión procedente de abajo en pro de la reforma y la apertura económicas.
A consecuencia de ello, puede empeorar la economía y aumentar la inestabilidad política. En una situación interior tan difícil, los dirigentes de Corea del Norte pueden adoptar políticas más hostiles para conseguir ayuda económica de Corea del Sur y de los Estados Unidos.
Recientemente, el Gobierno de Corea del Sur dijo con claridad que seguiría con la política de compromiso con Corea del Norte, pero ateniéndose a los principios más que los gobiernos anteriores, lo que refleja un endurecimiento de la opinión pública surcoreana, a raíz del ensayo nuclear hecho por Corea del Norte en 2006.
A consecuencia de ese cambio de política –y del reciente homicidio de un turista surcoreano en las montañas Kumgang de Corea del Norte–, el diálogo oficial entre el Norte y el Sur ha quedado interrumpido durante varios meses. Las relaciones internacionales en el Asia nororiental se volverán más sutiles e inestables a medida que se acabe la era de Kim Jong-il.
Después de seis decenios turbulentos, pero previsibles, podríamos entrar en una nueva era de mayor turbulencia, pero menos previsibilidad, en la península de Corea.
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