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Nelson Saint-Hilaire C. |
Médico
Soy un lego en asuntos económicos, pero creo que, si no se aplican medidas correctivas y preventivas en los gastos, previstos o no, de la CCSS, se podría producir un colapso institucional. Pareciera que la brecha entre las entradas y salidas de recursos financieros, cada día se hace más estrecha, debido a varios factores que son evidentes.
La situación de la morosidad obrero-patronal, actos de corrupción (ej. préstamos español y fin- landés), pagos en indemnizaciones a los sobreirradiados del HSJD y los fallecidos del incendio del Hosp. Calderón Guardia, aumento desproporcionado del número de jubilados por invalidez (que lo ameritan o no) que superan en cifras cualquier otro régimen de pensionados y las astronómicas cifras de colones que se gastan en la atención médica de extranjeros indocumentados, no asegurados, en su gran mayoría nicaragüenses, que abarrotan emergencias y camas hospitalarias son, entre otras razones, el posible ocaso de nuestra institución.
Este último gasto presupuestario no es compensado económicamente por el Gobierno de ese país; tampoco son pagados por ningún organismo internacional, hasta donde tengo conocimiento.
Entre otros comentarios sobre los emigrantes en Estados Unidos dice la escritora Ligia Minaya, en su artículo EL SUEÑO AMERICANO I, del 20 de septiembre del 2008, en el Diario Libre : “El hospital no es gratis, te atienden y dentro de unos días, llega el cobro”; así debería ser para ellos EL SUEÑO TICO. Los sueños son fantasías, promesas, ilusiones, que no siempre se realizan, pero, si se concreta, hay que retribuirlo.
Razonabilidad. Hace pocos días me comentaba preocupado el Dr. Guido Molina, jefe de Neurocirugía del Hospital San Juan de Dios, sobre el alto índice ocupacional de pacientes nicaragüenses, que podría fluctuar entre un 10% y 20%, en su mayoría no asegurados.
Me relato el caso de dos pacientes del vecino país que tienen 3 y 6 meses internados y cada día de hospitalización tiene un costo de 298.914 colones, así que la inversión en solo estos dos pacientes, ha sido alta (aproximadamente 63.369.768 de colones en uno y 31.983.798 en el otro, a la fecha de hoy).
Aunque se han hecho múltiples gestiones que incluyen a la Embajada de Nicaragua (documentos probatorios en mi poder), no han podido ser egresados, a pesar de que hace tiempo tienen el alta hospitalaria, porque ya no necesitan atención médica, sino domiciliaria.
Esto impide el ingreso de costarricenses u otros extranjeros, incluyendo los nicaragüenses, que ameritan una intervención quirúrgica o internamiento por estudio o tratamiento de alguna patología. Igualmente sucede en otros servicios nuestros y de todos los hospitales del país.
Si bien es cierto que la salud es un derecho universal, hay que tomar en cuenta razones, lugar y circunstancias.
Los culpables no son ellos, sino sus gobernantes, que los tienen sumidos en la miseria y no cumplen promesas de campañas. Entresacando frases del profesor Víctor Valembois en su artículo NICARAGUA MÍA, del 11 de septiembre del 2008, decía: “Hay que sufrir con ellos, porque desde aquel primer sátrapa, poco o nada ha cambiado; sigue el doloroso despojo de ese hermoso país y su gente: merecen mejor suerte”.
En su discurso a los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua el pasado 7 de septiembre, el papa Benedicto XVI criticó la radicalización política de ese país, la emigración, las desigualdades sociales, etc. Todo lo anterior lo remacha LA NACION en su editorial del 9 de septiembre, cuando describe la arbitrariedad, intransigencia y autoritarismo del presidente Daniel Ortega, que tiene reiteradas muestras de involución política; en una palabra, no hay libertad, progreso ni cambios.
El logro de la salud. Se podría pensar en xenofobia, como lo catalogarían algunos adeptos al régimen, pero, siendo extranjero como soy, no puedo adoptar esa política en un país que no es el mío, ni tampoco mis principios morales y religiosos me lo permitirían.
Tengo entre otros, muchos amigos extranjeros y hasta lazos familiares con nicaragüenses, que como yo, hemos emigrado a este país por diferentes razones y hemos recibido el apoyo y calor humano de este pueblo, y de alguna manera hemos dado nuestras contribuciones laborales, sociales y económicas.
Como empleado y usuario, me preocupa el futuro de la CCSS y los costarricenses no pueden perder un logro en la salud, que aquel presidente no ha podido darle a su país, porque al parecer se preocupa más del bienestar de otros, que no son los suyos, y que debe entender que no se puede servir a dos señores, o su pueblo o su pueblo. Y termino recordándole las frases del prócer cubano José Martí a sus compatriotas: “CON LOS POBRES DE MI TIERRA, QUIERO YO MI SUERTE ECHAR”.
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