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Costa Rica, Viernes 28 de noviembre de 2008

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Página Quince

Clotilde Fonseca | coti.fonseca@gmail.com

Destellos ticos en el otoño de Seúl

 Nuestra creatividad científica y artística ha logrado llegar hasta Corea

Educadora

En medio del luminoso otoño coreano, la ciudad de Seúl despierta y retoma lentamente su actividad. Por la ventana, los techos de teja de las casas modernas simulan los bordes de las pagodas orientales y contrastan con los modernísimos edificios de acero y vidrio que surgen en el horizonte.

En la televisión un reportaje de la BBC anuncia que dos estudiantes costarricenses han inventado una máquina para hacer café en el espacio que sin duda será el deleite de los astronautas y turistas del futuro. Uno de los creadores comenta en español el nuevo invento. Atónita, veo cómo el periodista explica con gran detenimiento las características del proceso. La capacidad innovadora de dos jóvenes ticos ha logrado llegar hasta Corea, una de las grandes cunas del desarrollo tecnológico de Asia, un hecho nada despreciable para la imagen internacional de Costa Rica.

Arte tico en Corea. A varios kilómetros de distancia, el Centro Cultural de la Fundación Corea ha inaugurado una exhibición con obras de cuatro artistas costarricenses. Sus creaciones golpean la fibra nacional y la emoción de quienes logramos desplazarnos a la zona de Jung gu para contemplarlas. Un espectacular retrato masculino de Roberto Lizano dialoga con el espectador desde la sala y desde la tarjeta postal que presenta la exhibición. Las hojas tropicales de los luminosos cuadros de Luis Chacón se mezclan con la instalación de Lucía Madríz y los videos experimentales de Ana Martén.

En otra parte de la ciudad, el Museo de Arte Contemporáneo exhibe, además, obras de Quico Quirós, Max Jiménez, Paco Amighetti y Luisa González en el marco de una exposición de artistas latinoamericanos del siglo XX. El país muestra también una presencia cultural poco usual en esas latitudes.

Como si fuera poco, Éditus ha llegado a Seúl. Ofrece el último concierto de su gira por Asia, el único que dará en la capital coreana, en este caso auspiciado por el Comité de Asuntos Internacionales del Parlamento de ese país, la Fundación Corea y las embajadas de Costa Rica en Corea y de Corea en Costa Rica.

Una hora y cuarto de recorrido en el metro nos acercan a las inmediaciones del magno edificio donde se ubica el auditorio. El viaje ciertamente ha valido la pena. Estamos ante un acercamiento poco usual que hace realidad un nuevo y poderoso nexo cultural y afectivo entre ambos pueblos.

El concierto de Éditus abre con fuerza y recorre obras claves de su repertorio. El grupo sorprende al público con su insólita versión de La malagueña . Lo asombra aún más con su interpretación de “Tocú”, en la que Carlos Vargas, “Tapado”, recrea con singular maestría la vida del bosque tropical, su misterioso palpitar, su ritmo y sus sonidos. Perdidos en la música, los asistentes recorren zonas desconocidas, ámbitos y geografías primige- nias, rutas distantes e inéditas.

El concierto alcanza el punto culminante de la fusión cultural y el acercamiento cuando Éditus invita a tocar con él al maestro Han Cheungeun, destacadísimo especialista de la música tradicional coreana. Es casi inexplicable cómo se integran y logran, sin mayor interacción previa, una interpretación tan fluida y plena. Su música y su emoción se funden en un contexto de comunicación y gozo indescriptible. Nada plasma mejor la intensidad y la profundidad de la experiencia que la expresión del maestro Han, la forma en que contempla la ejecución de Éditus durante las pausas interpretativas, su satisfacción de ser un integrante más.

Éditus llevó a Corea música costarricense compuesta por Luis Castillo, Fidel Gamboa, y Edín Solís. Tocó, también, obras de compositores de otros países como Ernesto Lecuona, Astor Piazzolla y Alon Yavnai. Ricardo Ramírez, Edín Solís y Carlos Vargas brillaron como suelen hacerlo, esta vez acompañados por el destacado bajista Bernal Villegas y por la gran cantante Marta Fonseca.

En suma, Éditus ofreció un espectáculo internacional de gran nivel y profesionalismo que en todo momento se caracterizó precisamente por la refrescante autenticidad y la natural sencillez de sus intérpretes.

Tiempo de cosecha. Los nexos de amistad y colaboración entre Corea y Costa Rica se han fortalecido enormemente en las últimas décadas. No había ocurrido de igual manera en el ámbito cultural. De ahí que el concierto de Éditus constituya un hecho relevante. Así lo señaló Park Jin, presidente del Comité de Asuntos Internacionales, Comercio y Unificación de la Asamblea Nacional de la República de Corea.

Indicó, además, con un hermoso giro poético, que Éditus llega a Corea al inicio del otoño, es decir, en tiempo de cosecha, y ofrece la oportunidad de traer a la memoria las características de un país que se destaca por su larga tradición democrática, por su calidez, por la imagen de deleite y reposo que inevitablemente surge cuando se piensa en Costa Rica.

En efecto, tal como lo pronosticó el señor Park, la música latinoamericana de Éditus inundó en la Asamblea Nacional de Corea. En realidad, el concierto forjó canales de expresión y comunicación que obligaron al público a pedir “más música, más música”.

El concierto de Éditus en Corea del Sur surge en el marco de una política cultural de ese país que busca responder a las exigencias de nuestro tiempo, es decir, que se propone hacer posible la comprensión de la diversidad, la globalización y el multiculturalismo. Así lo destacó Yim Sung-joon, presidente de la Fundación Corea, en la presentación de la actividad. Y es que, aunque nos resulte asombroso, un concierto puede tener, también, un valor formativo estratégico, al menos en un país como Corea, que ha sabido cultivar al unísono un fuerte sentido nacional y una clara determinación por comprender el mundo y formar parte de él de una manera sensible, inteligente y productiva. He ahí una de las claves más netas de su aceleradísimo desarrollo y de su éxito económico. Una lección para aprender y profundizar.

Celebramos que, como parte de ese proceso de apertura y de esa necesidad de comprender lo diverso, nuestros compatriotas hayan podido llevar nuestra presencia y nuestra voz hasta las sorprendentes orillas del río Hangang de forma tan auténtica y oportuna.

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