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Julio Rodríguez | envela@nacion.co.cr |
Una nota escueta y brutal. Mynor Alcides Morales Morales, de 51 años de edad, le propinó 17 puñaladas a su excónyuge, Ana Ruth Campos Esquivel, de 31 años, en una calle, frente a varios testigos, en Palmar Norte de Osa. La víctima, madre de cuatro hijos, fue trasladada al hospital. Un oficial de la Fuerza Pública declaró que el atacante, tras la acometida salvaje, “iba muy tranquilo y dijo que no había hecho nada”. Estuvo en una celda de la Fuerza Pública 20 horas. Luego, fue liberado por la jueza de la jurisdicción. El guion o rito judicial se cumplió a cabalidad.
¿Argumentos? Fuera de la facultad que tiene un juez para no decretar la prisión preventiva, solo resta un intenso esfuerzo dialéctico para encontrar argumentos suficientes para justificar esta resolución. De todos modos, la historia se repite. Este procedimiento ha sido una forma de machote. Por esos mundos de Tiquicia andan sueltos numerosos individuos obligados a presentarse periódicamente para verificar ante la autoridad que no han muerto ni se han escapado ni representan un peligro para la sociedad. En muchos casos ha habido razones de peso, dictadas por el discernimiento del juez, para actuar en esta forma. Bien está. En muchas otras, sin embargo, como esta, la gente se pregunta por qué, por qué aquel individuo ni siquiera pasó algunas noches en la cárcel.
¿Por qué pasó lo que pasó y, de inmediato, sin que medien razones fundadas, el agresor o el ladrón o el narcotraficante están en la calle ante las miradas cargadas de ira y de impotencia de la gente o, peor aún, de los deudos de las víctimas, de los huérfanos, de las viudas, de los padres? No es cuestión teórica o académica. Esta escena reiterada ha causado un daño moral irreparable en la sociedad, ha estimulado la delincuencia, ha afectado la confianza en la institucionalidad y ha anidado un recóndito deseo de venganza…
El protagonista de la escena en Palmar Norte de Osa encarna, por la perversidad del acto, un peligro directo para la sociedad, máxime al afirmar que no había hecho nada. 17 puñaladas y cuatro hijos ¿son nada? 30 mujeres han sido asesinadas este año por sus esposos o exparejas. ¿Es nada lo que está ocurriendo? El juicio vendrá algún día, con su oportuna sentencia, pero ¿tiene sentido una liberación inmediata, machotera, ante un pueblo y una familia horrorizados?
La ley ampara al juez, pero más allá de la ley está la recta razón para que no se extravíe el sentido de lo humano, que se nos está amputando día a día, a punta de odio y de violencia. Todo lo ocurrido en Palmar Norte, ese día infausto, reedición de muchos otros, es inhumano y, como tal, nos hiere, nos anonada, nos rebaja.
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