Las edades que tienen los internos obligan a convertir la cárcel para adultos mayores en un hospital entre rejas.
Según afirmó la enfermera Yadira Ramírez, a su consultorio acuden 40 pacientes cada día para ser atendidos por múltiples padecimientos crónicos.
Como si se tratara de un centro especializado para la tercera edad, la bodega del consultorio médico está llena de medicamentos para la hipertensión, la epilepsia y la diabetes.
En los tres consultorios se atiende diariamente a cardiópatas, asmáticos y pacientes con dolores abdominales crónicos (dispepsia), o con problemas de coagulación sanguínea y cáncer.
Hay tres internos en silla de ruedas y uno de ellos con una colostomía (una bolsa para los residuos del intestino), que requiere de una limpieza cuidadosa para evitar que una bacteria ingrese al organismo del paciente.
Durante el día hay asistencia médica hasta las 4 p. m.
Si ocurriese una emergencia, se atiende con el médico y la ambulancia de la cárcel La Reforma, que se encuentra a un kilómetro de distancia.
A diferencia de las otras cárceles, en el Centro de Atención Integral al Adulto Mayor no hay pacientes con el virus del sida, o que estén experimentando la evolución de esta enfermedad
Tampoco hay problemas de drogadicción, agrega Ramírez, quien tiene 15 años de experiencia en centros penales.
Olor a un hogar de ancianos. La primera impresión al entrar a esta cárcel es que no huele a humedad o al moho de un espacio confinado.
En cualquiera de los seis módulos atiborrados de camas hay un aroma a linimento, a mentol y a ungüentos, la mezcla de los abuelos para cualquier resfrío.
Las camas están separadas unas de otras por un estrecho pasillo de menos de un metro, y cada colchón tiene un toldo de malín, como si se tratara de cunas para gente grande.
Javier Carvajal, director del Centro, aclaró el panorama: esos toldos son para proteger la piel, pues los mosquitos y los zancudos proliferan durante las calurosas tardes y noches en San Rafael de Alajuela.
En los roperos de madera cuelga un rosario o un radio de baterías, y en la puerta está la estampa del Corazón de Jesús y las fotos de la esposa o del nieto que ya hizo la primera comunión.
A diferencia también de otros centros de reclusión, los dormitorios no son sometidos a requisa, pues no hay armas punzocortantes, drogas ni alcohol.
Las únicas drogas disponibles son las pastillas de acetaminofén para el resfrío, o los medicamentos para la presión o la gastritis.
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Los compañeros de Jorge Retana lo movilizan por todo el centro penal para adultos mayores. Roger Benavides
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