LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 23 de noviembre de 2008

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Luis Carlos Morales Zúñiga | luis23m@gmail.com

Desarrollo académico y Facultad de Educación

 Hay criterios valorativos más allá de los grados académicos

educador

La discusión entorno al desarrollo académico de la Facultad de Educación de la Universidad de Costa Rica (UCR), suscitada entre el señor Iván Molina Jiménez, profesor de la Escuela de Historia de esta Universidad ( La Nación , 08/09/08 , y La Nación 15/10/08) y la señora María Eugenia Venegas, decana de la Facultad en cuestión ( La Nación 16/10/08 ), dejan abierto el debate no solo en lo que refiere al presente y futuro de la Facultad de Educación, sino también acerca del presente y futuro de la UCR y de la educación en el país, sobre todo acerca de la profesionalización y excelencia académica de los docentes que forman y formarán a las futuras generaciones de costarricenses. Como se aprecia, un tema interesante, complejo y multideterminado.

El señor Molina en primera instancia sostiene que la Facultad de Educación es una de las de menor desarrollo académico de la Universidad, y basa su afirmación en un argumento altamente discutible y aventurado, pues toma como referencia un dato cuantitativo: la Facultad de Educación en cuanto a profesores con título de maestría y doctorado se encuentra en la octava posición respecto de trece facultades.

El grado académico. En respuesta a este argumento, cabe destacar que, si bien el grado académico es una condición necesaria para el ejercicio de la docencia universitaria, no es una condición suficiente. Para ilustrar esta tesis, bastan dos ejemplos, el primero es del maestro costarricense Luis Ferrero, quien, a pesar de haber concluido únicamente la secundaria, publicó más de 100 libros sobre múltiples temas, y realizó investigaciones históricas fecundas acerca de la Costa Rica precolombina. Otro caso particularmente sobresaliente es el del escritor argentino Jorge Luis Borges, clásico de la literatura universal. Ambos autodidactas, ambos ilustres invitados, conferencistas y acreedores de doctorados honoris causa en prestigiosas universidades a nivel internacional.

Naturalmente el grado académico es fundamental, sobre todo en un campo como el universitario, en el que, como bien demostró el sociólogo francés Pierre Bourdieu, está determinado por la apropiación de un capital, el cual es el grado académico per se, y que muchas veces se superpone al conocimiento y al arte de transmitirlo. Así mismo, Michel Foucault demostró que el discurso, dentro de lo cual cabe el discurso académico, posee mecanismos internos de control y de acceso, como el ritual de la palabra, es decir, la calificación del que habla, o bien la institucionalización de la verdad, o sea, el sistema educativo, donde cualquiera que no cuente con la calificación institucional, o con las claves discursivas de la estructura institucional, se encuentra irremediablemente excluido, sin realizar, necesariamente una evaluación objetiva del discurso como tal pues, como decía Friedrich Nietzche, las verdades son mentiras socialmente aceptadas.

De modo que, si se quiere debatir acerca del desarrollo académico, el presente y el futuro de la Facultad de Educación, es necesario pulir los argumentos. Esta Facultad es una instancia de la Universidad de Costa Rica, que se encuentra constantemente produciendo nuevos conocimientos por medio de sus programas de investigación y sus trabajos investigativos a nivel de grado y de postrado; cuenta además, con múltiples programas de acción social con el fin de proyectarse a la comunidad nacional. Por otro lado, realiza también esfuerzos por mantenerse a la altura de los tiempos, mediante procedimientos de evaluación y acreditación de sus carreras, así como la constante profesionalización y actualización de sus docentes.

Calidad de los cursos. El debate acerca del desarrollo académico debería retomar no solo el tema del grado académico de los docentes, lo cual es importante; sin embargo, hay otros elementos como la calidad de los cursos que se imparten, la producción de nuevos conocimientos, o la acción social, entre otros, que enriquecerían el debate. Evidentemente hay múltiples factores que infieren en la labor de la Facultad y plantean obstáculos; uno de ellos es la franca competencia que las universidades privadas han abierto, pues mientras estas últimas formas docentes en dos años y medio, la Universidad de Costa Rica tarda cuatro años en hacerlo, para que luego compitan en un mercado caracterizado por la sobre oferta de mano de obra docente, en el cual compiten en igualdad de condiciones, ya que ni el Ministerio de Educación Publica, ni muchas instituciones educativas privadas realizan una selección basada en criterios concretos y objetivos que promuevan la excelencia académica, sino que compran títulos, tinta y cartón.

Así que, si ampliamos los criterios del debate, no solo la facultad de Educación entraría en cuestionamiento, sino también otras facultades y escuelas de la UCR, otras universidades, la política educativa del país y el sistema educativo en general.

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