LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 23 de noviembre de 2008

/OPINIÓN

Nacion.com

Polígono

Fernando Durán Ayanegui | ferduraya@racsa.co.cr

¿Por qué?

químico

Diciembre, 1995. René Préval gana las elecciones en Haití y está llamado a protagonizar, semanas después, el primer traspaso constitucional de la presidencia en la historia de su país. Aristide, Presidente saliente, está dispuesto a consolidar a toda costa este logro. El ejército haitiano ha sido desmovilizado y en teoría el orden público está a cargo de la nueva policía civil, pero en la práctica la estabilidad del país dependerá, durante años, de una fuerza multinacional de la ONU, presente en Haití gracias a una resolución del Consejo de Seguridad que debe ser prorrogada periódicamente. A Aristide le preocupa que China, la verdadera, la que tiene asiento permanente y poder de veto en el Consejo de Seguridad, podría impedir la próxima prórroga como represalia porque Haití mantiene relaciones diplomáticas con la artificial República China de Taiwán. ¿Cómo aplacar a Pekín? Para Aristide es impensable la ruptura con Taiwán, dado que median importantes promesas de ayuda económica de parte de los taiwaneses y Haití sigue siendo el país más pobre del hemisferio occidental.

No se conocen bien los ajetreos diplomáticos del acongojado Aristide (quizás nos los revele algún día), pero no hay duda de que, pese a la oposición norteamericana, el mandatario haitiano pacta con la llamada China comunista un quid pro quo que, aunque jalado del pelo, salva las caras de todos: “antitos” de salir del poder, Aristide restablece las relaciones con Cuba y obtiene a cambio la comprensión y la benevolencia de Pekín, de modo que la fuerza de la ONU se mantendrá mientras sea necesario, Haití seguirá recibiendo la “desinteresada” ayuda de Taiwán, el monstruo comunista cubano no se tragará al país vecino, y el dragón comunista chino no fastidiará a Préval ni, de paso, a las otras democracias tropicales amigas de Taiwán.

No es un secreto que la diplomacia suele ser un toma y daca en el que los intereses materiales juegan un papel decisivo y las consideraciones éticas casi no cuentan. El reciente viraje diplomático de Costa Rica en relación con China es, por lo tanto, inobjetable y muy conveniente. Pese a ello, ya que nuestro país ha normalizado sus relaciones con un régimen que carece de vocación democrática (es comunista ¿no?) y, según todos los cánones, irrespeta los derechos humanos con aspiraciones al campeonato mundial, cabe preguntarse por qué no las normaliza de una vez por todas con el de Cuba, un protagonista menor en la liga de los supuestos demonios. Si el débil demonio cubano aún no se ha ingurgitado a Haití, ¿por qué ha de temerle la sana democracia tica?

ADEMÁS EN OPINIÓN
ARCHIVO COLUMNISTAS
EN VELA   EN GUARDIA
JULIO RODRÍGUEZ JORGE GUARDIA
LETRAS DE CAMBIO    OJO CRÍTICO
LUIS MESALLES RODOLFO CERDAS
ENFOQUE    POLÍGONO
JORGE
VARGAS
FERNANDO DURÁN
TAL CUAL
ALEJANDRO URBINA
SERVICIOS En tu Celular En tu PDA Noticias por email RSS Fax Horóscopo Cartelera de cine
QUIENES SOMOS | GRUPO DE DIARIOS DE AMÉRICA | ESTADOS FINANCIEROS | ANÚNCIESE | TARIFARIO | TRABAJE EN LA NACIÓN
© 2008. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com
Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 2247-4747. Servicio al cliente: (506) 2247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 2247-5022. CONTÁCTENOS