LN OPINIÓN

Costa Rica, Domingo 23 de noviembre de 2008

/OPINIÓN

Carlos Cortés

El retorno de la política

 Una oportunidad de oro para perfeccionar nuestro imperfecto modelo representativo

Escritor

Desde José María Figueres, todos los presidentes de la República se han quejado de ingobernabilidad. Sin utilizar las mismas palabras, el presidente Arias manifestó sufrir lo que podríamos llamar el síndrome de medio periodo, el equivalente institucional de la crisis de la edad adulta: agotado el vigor de los primeros años, en el tiempo que queda es difícil realizar algo que no haya sido iniciado ya. El mandatario afronta el entorno internacional más adverso de las últimas décadas, pero además se “cura en salud” advirtiéndonos que no nos hagamos ilusiones y que no esperemos mucho más de él. Ante una pregunta de la directora de Noticias Repretel, Marcela Angulo, sobre la razón del pesimismo de los costarricenses, el mandatario ofrece una respuesta seria que nos recuerda a un antiguo chiste: “Será porque están bien informados”.

A pesar de algunos yerros y de falta de transparencia en los casos denunciados por la prensa, hay que admitir que este gobierno rompió con el inmovilismo de las dos administraciones previas e intenta reivindicar la gestión gubernamental como resultado de una acción política concreta. Al respecto, es notable cómo ésta se ha desdibujado en la Costa Rica actual, por la atomización del poder, de modo que todo acto encaminado a lograr un objetivo es poco menos que sospechoso y se cuestiona que el gobierno utilice los medios legítimos a su alcance para llevarlo a cabo.

Arias se queja con razón de la “satanización” de pactar y negociar y tal parece que lo “satanizable” es la política en su conjunto y cualquier decisión que no sea alcanzada por un pretendido consenso –visto como ideal político y entendido como la ausencia absoluta de disenso–. Empero, el gobierno, su fracción legislativa y el partido en el poder han mostrado poca voluntad de ir más allá del Tratado de Libre Comercio (TLC), en cuanto a temas fundamentales. A esto ha contribuido la inconstancia y opacidad del Partido Acción Ciudadana (PAC) y de su fundador, Ottón Solís, lo que ha obstaculizado o anulado su papel como interlocutor válido y líder natural de la oposición.

El TLC. Estemos a favor o en contra, es indudable que el logro principal de esta administración es la aprobación del TLC con Estados Unidos, pero su horizonte de expectativas parece agotarse en este punto. Con un buen balance en educación, salud, política exterior e infraestructura –que no es poco a la par de otros Gobiernos–, su debilidad mayor no ha sido la ausencia de un “plan B” sino no haberle apostado a una agenda nacional de mediano y largo plazo de la mayoría parlamentaria, ciertamente frágil, en torno a algunos grandes desafíos: educación, seguridad ciudadana, política social y reforma del Estado.

Doble moral. Pero no todo es responsabilidad del Gobierno. Costa Rica parece haberse olvidado de la política pragmática como arte de lo posible (o de hacer posible lo imposible) y defendemos una doble moral ante el ejercicio del poder: queremos un Estado que resuelva los problemas cada vez más complejos y especializados del siglo XXI con políticos que deben comportarse como patriarcas virtuosos del siglo XIX, que renuncien a todo a cambio de “servir a su país” y a quienes se les considera “culpables hasta que se demuestre lo contrario” –porque tampoco gozan de reconocimiento público–. Se parte de la falsa premisa de que solucionarán brechas estructurales en cuestión de meses y se acepta el dogma de que un gabinete sabe lo que tiene que hacer al llegar al poder.

Y ¿cómo lo sabe? ¿Por ósmosis, por el resumen de buenas intenciones que es todo programa de gobierno y algunas encerronas previas? ¿El Estado o los partidos políticos invierten en esta preparación anticipada? Así llegamos a la paradoja de que la profesionalización de la política es un pecado, pero la improvisación, el tanteo y el error, también. ¿Entonces?

Gobernabilidad. El presidente Arias Sánchez no llegó al poder a realizar alianzas sino a lograr que se aprobara el TLC. Por poco no lo consigue, ya que su liderazgo por sí solo no fue suficiente para romper el “empate técnico” que prevalece en el panorama electoral desde 1998, fecha a partir de la cual los presidentes han sido electos con escasa diferencia sobre su contendiente inmediato, y con un descenso en su base de legitimidad.

Para el 2010, si la fragmentación política aumenta es probable que volvamos a una segunda vuelta, como en el 2002, o que sea muy arduo construir y mantener una mayoría parlamentaria que haga mínimamente gobernable el país y realizable un programa de gobierno.

Agenda nacional. La única forma de pasar de ese mínimo gobernable a una gobernabilidad sostenible es poniendo en práctica una agenda nacional de cambios estructurales que ataque problemas repetidamente diagnosticados como la modernización educativa y la reingeniería del Estado –inalcanzables para las medidas paliativas de corto plazo–. Lo mismo ocurre con la política social y la lucha contra la pobreza, ligadas a la transformación del Estado y a una reforma fiscal integral.

Este panorama presenta más oportunidades que amenazas si se visualiza desde la alternativa de una coalición de gobierno que supere los liderazgos –y las diferencias– personales y permita cimentar una nueva mayoría pragmática.

Desde esta óptica, la efervescencia preelectoral en Liberación Nacional es un signo positivo de la capacidad de reinvención de este partido, que le ha permitido mantenerse vigente por casi 60 años y sobrevivir a cismas y divisiones, siempre y cuando refrene la tendencia de no ser más que una maquinaria electoral y no se olvide de la estrategia de desarrollo.

Tras el referendo sobre el TLC, el PAC se desmarcó del Movimiento Patriótico y optó por impulsar la reforma estructural de la democracia que pretende bajo las reglas del juego electoral. El resto del “NO al TLC” se tomó un año para reagruparse como partido, la Alianza Patriótica, a la que se le unió el Frente Social Demócrata de Rolando Araya.

El PAC. El PAC no parece haber salido de la crisis de identidad que lo vio nacer, o de las contradicciones internas que no le permiten actuar con claridad, pero tendrá que decidir de qué lado está y si pretende jugar un papel relevante en las elecciones del 2010.

La política, aunque desacreditada en el mundo actual, es el código genético de la vida democrática y la fuerza transformadora de la sociedad. Debe mantenerse en constante movimiento porque en democracia el desorden es sistémico al orden, es la vía para enviar señales de cambio al sistema.

Desde el rechazo al llamado combo del ICE, en el 2000, el tiempo cronológico de la democracia costarricense se ha venido acelerando de forma constante al punto de confrontarnos con nuestra verdadera realidad. Si bien no hemos recuperado la urgencia que debería imponernos la necesidad de salir del subdesarrollo, al menos es una oportunidad de oro para perfeccionar nuestro imperfecto modelo representativo y dirimir, aunque no queramos, los grandes desafíos que hemos soslayado durante décadas.

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