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Página QuinceJaime Gutiérrez | drjgutierrez@racsa.co.cr |
Médico
En Extra del 28 de octubre de este año, uno de sus colaboradores opina que “Arias quiere extinguir la lapa verde” al autorizar la explotación del oro en Las Crucitas. La razón que esto tiene que ver conmigo es que, por mi reciente artículo “Algo sigue podrido en Costa Rica” ( La Nación , Página Quince , 1/11/08), varios ambientalistas me enviaron correos electrónicos castigándome porque defendí esa explotación.
Uno de ellos me increpó diciendo que don Pepe (Figueres), “jamás” podía haber defendido el contrato de ALCOA y la explotación del bauxito a “cielo abierto” como en Las Crucitas. Pues esto fue lo que declaró: “Es lamentable que los estudiantes se dejen caer en una mala causa... felicito a los diputados que votaron a favor por su patriotismo... que no se dejen intimidar por los demagogos... no podemos temer por muchedumbres”.
Medias verdades. En 1962 se publicó el libro Silent Spring de Rachel Carson, el cual desató una cruzada del movimiento ambientalista en Estados Unidos al documentar que rociar DDT en forma masiva amenazaba terminar con el águila calva. Los ambientalistas estaban en lo cierto cuando advirtieron que el uso irrestricto del DDT representaba una amenaza de extinción para esas aves, y, bajo el liderazgo de Greenpeace , lograron que se restringiera su uso, especialmente en el mundo subdesarrollado. Sin embargo, el resultado de esta cruzada fue que la malaria mató más de un millón de personas al año, 800.000 de ellos niños y jóvenes en África.
Ni Greenpeace ni los otros grupos ambientalistas han admitido su culpabilidad en este genocidio y siguen adelante fomentando otras medias verdades con igual pasión y con similares resultados.
Otra bandera ambientalista, “la bomba de la población” tampoco probó ser cierta. La población mundial está creciendo, es cierto, pero la producción agrícola per cápita ha aumentado, y el número de personas que se enfrentan a una hambruna en el mundo, en lugar de aumentar, ha disminuido. En los años 70, el ambientalismo trató de convencer al mundo de que el oleoducto de Alaska devastaría el hato de caribú en el Ártico central, otro de los animales sagrados del grupo. No obstante, como en tantas otras ocasiones, la realidad demostró que el hato de caribú y el de aves migratorias creció y sigue creciendo.
Respetados científicos señalaban en 1975 que venía una “pequeña Edad de Hielo” incluyendo la famosa National Academy of Science . Pero, apenas veinte años más tarde, ya no era el frío sino el calor lo que amenazaba al planeta Tierra.
Credibilidad debilitada. Las contradicciones o la falsedad de muchas de estas denuncias, con el tiempo, ha debilitado la credibilidad no solo de estos grupos ambientalistas, que no tendría mucha importancia, sino de la comunidad científica.
Aquí en Costa Rica, ambientalistas tropicales argumentan que salvar la lapa verde tiene prioridad a darle de comer a 250 familias. Hacen a un lado la verdad de que el hombre no es el siervo de la tierra. No es el siervo ni de la bauxita de Pérez Zeledón ni del oro de Las Crucitas. Ni de los pájaros ni de las lapas verdes.
El científico Bjorn Lomborg piensa que “lamentablemente, tendemos a centrarnos apenas en algunos de los problemas más importantes del planeta, y como resultado, nos formamos una visión distorsionada del mundo”. El ambientalismo es una extravagancia de las sociedades ricas. Para los pobres, para quienes la supervivencia cotidiana es una lucha a muerte, las actividades de los ambientalistas deben parecerles una banal y superflua quijotada.
Es necesario establecer prioridades libre de prejuicios y la primera es ver al planeta Tierra completo, en su conjunto. Esto se logrará el día en que las sociedades occidentales, finalmente, descubran el daño que los ambientalistas le han hecho al establecimiento de estas prioridades y obliguen a sus líderes políticos a darle otro enfoque a la tarea de proteger el planeta Tierra. Hasta la fecha, el mayor problema ambiental han sido los ambientalistas.
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