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Costa Rica, Martes 11 de noviembre de 2008

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Enrique Vargas | endama@racsa.co.cr

El mercado del aborto

 La píldora del día después no debe ser prescrita para prevenir embarazos no deseados

Abogado

Vuelve a hablarse del aborto. Sus promotores invocan la existencia de 27.000 casos “ilegales”. La ministra de Salud y otros profesionales dudan de la validez de esta cifra y un columnista de La Nación (Jorge Vargas Cullel, Enfoque 25/9/08) propone se discuta el tema. Conviene hacer un poco de historia. El 1.° de julio de 1970 se aprueba el aborto en Nueva York. Presurosos imitadores nacionales se pronunciaron a favor.

La Asociación Demográfica Costarricense, creada en 1966, fue la rectora del movimiento, afiliada como está a la promotora del aborto, la IPPF (Federación Internacional de Paternidad Planificada) (Jorge Scala, IPPF, cuarta edición, 2005, p. 290). Tal federación tiene poder y asiento invisible en Naciones Unidas. Entre otros, está formada por multinacionales farmacéuticas, interesadas en vender la más reciente pastilla microabortiva.

No se vendería si no produjera este efecto, y, si no las tomaran, sus consumidoras quedarían embarazadas. Sin embargo, estas multinacionales niegan que con la fecundación del óvulo haya vida humana. Niegan la realidad de este comienzo, cada vez más evidente. Así lo confirman sorprendentes descubrimientos científicos. El negocio es millonario; se parece a la vorágine de Wall Street.

“El rey del aborto”. Mas dejemos la narración de la historia al Dr. Bernard Nathanson, llamado “el rey del aborto”, profesor de Ginecología en la Universidad de Cornell. Afirma haber dirigido el Centro para la Salud Reproductiva y Sexual, clínica definida por él como “la mayor del mundo occidental”. Dirigió 75.000 abortos y practicó el de su propio hijo. Desempeñó el cargo de 1970 a 1979. Pone en boca de un médico ruso el costo de US$1.500 por operación. Su “clínica” pasó de 10 a 120 abortos diarios. Cuando se legaliza, aumenta. Se daban “1,5 millones realizados cada año”, equivalentes a US$75 millones anuales.

En ese período –cuenta– había “3.000 clínicas abortistas” en Estados Unidos y se practicaron “30 millones”. A un promedio de US$1.000, la ganancia fue de 3.000 millones de dólares. Afirma en su libro: “…el negocio se disparó (…)” “Los ingresos llenaban los cofres en tal cantidad que Pyle invertía los beneficios en bonos del Gobierno a largo plazo”. Por eso afirma: “He trabajado con ahínco para hacer el aborto legal, asequible y disponible a petición”.

Después de muchas reflexiones y de abundantes razones científicas (sobre todo con base en el ultrasonido, creado en 1980), tuvo un cambio radical en su vida. Expresa ahora: “No tengo remilgos en emplear esta palabra: el aborto es un crimen”. “(…) puede verse como la interrupción de un proceso que de otro modo habría engendrado un ciudadano del mundo. Negar esta realidad es el tipo más burdo de evasión moral”. “Creo que el óvulo fecundado (zigoto) es un nuevo individuo”.

Para legalizar el aborto menciona: “La manipulación de los medios es crucial, pero resultaba fácil con unas relaciones inteligentes, especialmente un bombardeo de comunicados (…)”. Continúa: “…las trincheras de los medios de comunicación estaban pobladas de jóvenes, cínicos, políticamente insensibles y bien educados que solo ansiaban soliviantar el statu quo, revolver aguas y sacudir los fundamentos de la autoridad”. “Nuestra línea de conducta favorita era achacar a la Iglesia cada muerte producida por abortos caseros”. Y aclara: “… iba tomando cuerpo dentro de mí un monstruo (…). “…ya he hablado del hacha psicológica en la que nací: nada de normativa moral consistente, nada de reglas aplicables a una vida buena”.

La mano de Dios . Su libro, La mano de Dios , tiene ya tres ediciones en inglés y una en español. El Dr. Nathanson, libremente, sin presiones, se encontró con la vida, con la ética médica y se confirmó en una gran verdad: escuchar siempre “el silencio del alma” porque clama esta época para ser más humanos. Se transformó y ahora es gran defensor de la vida humana y dicta conferencias por el mundo entero. Reafirma: “Ya no me quedan dudas en la cabeza de que la vida humana existe en el vientre desde el comienzo mismo del embarazo”.

Por fortuna, esta vida está arraigada en el corazón del costarricense y la protege un fuerte muro de contención: la Constitución Política (art. 21), la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Declaración sobre Derechos y Deberes del Hombre, el Pacto de San José de Costa Rica y la Declaración de Derechos del Niño, disposiciones todas ratificadas por la Asamblea Legislativa, llamada a defender la vida humana y no la voracidad mercantil de los tentáculos de este siniestro mercado.

Llegó la hora de combatir la onda expansiva de la “banalización del mal” y su destrucción del hombre. Busquemos el triunfo de persistir en lo prioritario.

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