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Costa Rica, Jueves 6 de noviembre de 2008

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Página Quince

Clotilde Fonseca | coti.fonseca@gmail.com

Arte, diseño y reciclaje

Educadora

Una querida amiga uruguaya me decía hace unos años, mientras recorríamos los barrios pobres de Montevideo, que le sorprendía el aire de novedad con que los expertos hablan del reciclaje. “El reciclaje lo inventamos en Latinoamérica”, señalaba, “aquí siempre existieron carretones que recogían cosas usadas. Los buzos que recorren las ciudades repasando la basura no son más que una manifestación clara de esta vieja práctica de nuestra región”. Tenía razón. Sin embargo, tal como nos los muestra con trágica belleza Ishtar Yazin en El camino , el aprovechamiento de la basura y los objetos descartados es, ante todo, una forma de subsistencia y no una consideración con el ambiente.

Sed de sentido. Más allá de aquellas dolorosas realidades, el reciclaje es hoy una responsabilidad básica de todo ciudadano. Paradójicamente, en el mundo del arte y del diseño, la reutilización de objetos descartados está en pleno desarrollo. Es producto de la sed de sentido y de la necesidad de afirmación estética que mueve a los artistas; por eso, los objetos que crean con residuos y cosas descartadas, irremediablemente nos sacuden, nos interpelan, nos hacen ver y comprender el mundo desde otra perspectiva.

En nuestro país abundan los ejemplos, particularmente en el ámbito de la escultura. José Sancho es, sin duda, uno de los creadores más reconocidos de esta forma de arte. Él ha sabido aprovechar objetos industriales para convertirlos en material escultórico con el que ha dado vida a una parte esencial de su animalística. Angel Lara, destacado escultor de la generación joven, también captura fierros y piezas metálicas que transforma en hermosísimas creaciones: bosques de bambú, aguaceros de tubos, árboles hechos de hierro y mallas, sillas sorprendentes.

En una línea análoga pero de rasgos diferentes, Édgar Zúñiga esculpe sorprendentes obras a partir de viejos horcones y durmientes. Él busca las maderas antiguas porque, en su opinión, están impregnadas del soplo de otros tiempos, porque sugieren voces, sonidos, historias y susurros capaces de dar intensidad y vida a sus creaciones. Igual ocurre con su serie de máquinas que desafían la historia y el tiempo.

Los neotapices de Paulina Ortiz se sostienen también sobre la trama de finísimas mangueras que han sido descartadas y que ella colorea, transforma, teje y recompone. En sus obras más nuevas, Ortiz también integra los vestigios del mundo digital que, aun siendo tan joven, nos hereda ya desechos tecnológicos, “chips” que recuerdan el silicio, “tarjetas madre” que sugieren paisajes de ciudad vistos desde el espacio y que la artista integra como manifestaciones de nuestro ser y de una historia todavía en construcción.

Podríamos citar, sin duda, muchos otros ejemplos. En el campo de la artesanía refinada y del diseño habría que destacar los bolsos hechos a partir de empaques metálicos que produce una cooperativa de mujeres gracias al respaldo de la Embajada de Suiza. En una galería en barrio Amón es posible encontrar– y comprar– carteras creadas con textiles reciclados y piezas hechas con maderas “dañadas”, es decir, que tienen en su hermosa epidermis los rastros inexorables del transitar del tiempo.

“Suprarreciclaje”. Estamos frente a una nueva manifestación cultural y social de nuestro tiempo que los artistas capturan, expresan e interpretan. Tal como lo destaca un artículo reciente del periódico canadiense The Globe and Mail (6.9.08), el reciclaje constituye en este momento una clara tendencia en el diseño que imprime una manera nueva de concebir la arquitectura y la decoración de las grandes ciudades con imaginación y desenfado.

Tan fuerte y poderoso se ha vuelto este movimiento que ya no se lo llama reciclaje, sino, más bien, upcycling ( supraciclaje o metaciclaje , ¡mejor escoja usted su traducción!).

El upcycling parte del ingenio y de la capacidad creativa e interpretativa del ser humano, es que es siempre infinita, siempre persistente. Se trata de un fenómeno cada vez más fuerte y vigoroso. Entre los artistas reseñados por The Globe destacan el diseñador británico Stuart Haygarth ( www.stuarthaygarth.com ), quien ha creado un espectacular candelabro utilizando mil pares de anteojos.

También registra el Estudio Castor de Toronto, que elabora complejas lámparas aprovechando fluorescentes y bombillos quemados ( www.oddfellows.ca ). En una galería de esa ciudad, el artista senegalés Lionel Ceysac, expone sillas construidas con piezas de carrocería recubiertas de pátinas sorprendentes ( www.roselandgallery.com ).

Evidentemente, el upcycling involucra mucho más que utilizar metales y maderas viejas para crear nuevos objetos de utilidad cotidiana o de arte, tal como ha ocurrido a lo largo de los siglos. Supraciclar implica más bien el aprovechamiento de objetos simples y humildes para fabricar piezas que en, función de su diseño y alta calidad estética, adquieren un valor artístico y económico particular.

Nada más sorprendente para demostrarlo que la banca elaborada por Shawn Moore y Julie Nicholson ( www.madedesign.ca ) a partir de las cajas plásticas utilizadas en los supermercados para estibar vegetales, botellas de gaseosa o cajas leche. Las cajas –una negra, una roja y una gris, como las que conforman la banca que ilustra el artículo del Globe– han sido colocadas sobre una plataforma con patas de madera sólida. Sobre ellas se ubica un almohadón largo de tela vinílica. Se trata de un objeto moderno, de aire cuasioriental, puesto que las cajas, volcadas hacia abajo, tienen un reticulado que sugiere una talla china. El resultado es insólito, ¡tan insólito como el precio!

Creatividad, imaginación, atrevimiento, capacidad de concreción y comercialización, he ahí la clave de las nuevas industrias del arte aplicado que ahora se ven enriquecidas por la conciencia ambiental y el upcycling . Tal parece que son fuente esencial del desenvolvimiento cultural y económico contemporáneo. Contribuyen, también, al desarrollo de una conciencia social sensible al ambiente y a la sostenibilidad. Como si fuera poco, generan gozo en quienes las producen y en quienes las disfrutan.

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