Tel Aviv (DPA). Son pocos los lugares del mundo donde George W. Bush, uno de los presidentes de Estados Unidos menos apreciados la historia, sea más querido que en Israel. Ahora queda por ver si su sucesor, el demócrata Barack Obama o el republicano John McCain, son capaces de mantener la impronta de Bush.
El presidente del gobierno israelí saliente Ehud Olmert dijo de Bush durante una visita en mayo: es "nuestro más estrecho aliado y socio". El presidente Shimon Peres le dio la bienvenida como amigo "querido" y "bíblico" de Israel.
Bush boicoteó al último presidente palestino Yasser Arafat en el momento álgido de la segunda Intifada contra Israel. En 2004, en una carta dirigida al ex primer ministro israelí Ariel Sharon, Bush prometía convincentemente que Israel mantendría sus principales asentamientos en Cisjordania como parte de un acuerdo de paz con los palestinos, una promesa por escrito que no tenía precedentes y que se hacía a cambio de la retirada unilateral de Sharon de la Franja de Gaza.
Por otra parte también hay que destacar que el gobierno ha subrayado a menudo cómo Bush fue el primer presidente de Estados Unidos en hacer un llamamiento público para establecer un Estado palestino.
Sin embargo, su política de alentar a los moderados como el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, a la vez que se aislaba al movimiento radical islámico de Hamas en la Franja de Gaza habrá fracasado rotundamente si Israel y el gobierno de Abbas, con sede en Cisjordania, no consiguen como resultado la firma de un acuerdo de paz antes de que Bush deje el despacho oval. Y el tiempo apremia.
Su sucesor tendrá que lidiar con Hamas que sigue controlando la Franja de Gaza. A ello se suma que el mandato de Abbas como presidente concluye el 9 de enero.
En Israel las negociaciones al máximo nivel con Abbas han quedado en un segundo nivel con la dimisión de Olmert, imputado en un caso de corrupción, y por las elecciones legislativas que se celebrarán en febrero con la ministra de Asuntos Exteriores, Tzipi Livni, como nueva líder del partido Kadima, la fuerza política que encabeza el actual gobierno de coalición.
Si no gana el Kadima, el próximo presidente de Estados Unidos podría tener que negociar con el conservador Benjamin Netanyahu, si éste gana las elecciones y vuelve a ser primer ministro. Su partido Likud figura por delante en algunas encuestas.
Los israelíes no creen que el conflicto de Cercano Oriente vaya a ser una prioridad inmediata en la agenda del presidente elegido, que estará más preocupado por otros temas urgentes, como lo es la crisis económica.
Los palestinos están al tanto de las encuestas, pero no se apasionan con ello. La amplia mayoría de ellos expresa más bien apatía ante el tema y señalan que ni Obama ni McCain suponen una diferencia para su causa. Muchos tienen la sensación que el presidente de Estados Unidos estará del lado de los israelíes.
Pero si se les pregunta a los palestinos que elijan, se decantan por Obama. McCain, dicen, tan sólo supondría la continuidad de las políticas "extremistas, duras y antiárabes" de Bush.
En la última encuesta llevada a cabo por el Centro East Jerusalem Media and Communications a principios de octubre en la Cisjordania y Gaza, el 37 por ciento apoyaba al demócrata, mientras que los apoyos para McCain era sólo del 15 por ciento. El resto, que representaba casi la mitad de los palestinos, no sabía a quien prefería o no tenía respuesta. El sondeo se realizó entre 1.200 palestinos.
Los palestinos supieron apreciar el hecho de que Obama se tomara tiempo para conocer a Abbas en la ciudad cisjordana de Ramallah durante su visita de 30 horas a Israel en julio pasado. Este gesto contrastó con McCain, que visitó Israel en marzo pero sólo conversó por teléfono con el líder palestino.
En Israel las posiciones no están tan claras, de lo que no hay duda es que McCain ya no es el favorito indiscutible.
No obstante los votantes son cautelosos con Obama, debido a lo que se considera una falta de experiencia en política exterior y las preocupaciones por sus llamamientos para dialogar con Irán, la nación que para muchos israelíes es la principal amenaza.
En la encuesta llevada a cabo por Kevoon, un instituto demoscópico de Tel Aviv, daba a McCain un 7 por ciento de ventaja sobre Obama entre los israelíes. A su vez en la radio israelí una encuesta daba a Obama un 9 por ciento de ventaja sobre McCain.
Obama tiene el apoyo sobre todo del sector de la izquierda, los liberales israelíes. Pese a ello, en la encuesta de la radio israelí se podía percibir que los votantes conservadores están divididos y no tienen una preferencia clara por McCain, a pesar de él sería el sucesor natural del amigo Bush.
"¨Qué puede hacer McCain que Clinton o Bush no hayan intentado?", se preguntaba estos días Benny Razon, un electricista de 35 años de Tel Aviv y un ferviente votante del Likud. "Obama tiene sangre nueva, sangre joven. El intentará cosas nuevas".
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