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PÁGINA QUINCE Ennio Rodríguez | ennio.rodriguez@gmail.com |
Atisbos de la sociedad posible
Una sociedad que potencie la creatividad de la iniciativa individual y colectiva
economista
¿A qué tipo de sociedad podemos aspirar? Durante gran parte del período de la posguerra en el campo de la economía del desarrollo se debatió de manera predominante en torno a papeles crecientes para el Estado. El análisis partía de la identificación de fallas del mercado y una profunda desconfianza del comercio exterior, se favorecía así la industrialización por medio de la sustitución de importaciones.
En los años setenta la discusión en occidente tomó nota del éxito de países orientales en la aceleración de sus procesos de crecimiento y desarrollo, apuntalados todos ellos en el comercio exterior y la inversión, muchas veces extranjera. También se señaló que el Estado fallaba en sus intervenciones y, en consecuencia, sus fallas podían ser incluso peores que las de los mercados.
No solo esto, sino que, además, se conformaban grupos de interés en torno a las rentas que muchas veces generan las intervenciones. Las teorías del desarrollo pasaron a valorar mucho más el papel del comercio exterior, se abandona la suspicacia del capital extranjero y se valoran sus aportes en tecnología y acceso a mercados.
Con la caída del muro de Berlín se ahondan los cuestionamientos sobre el papel de Estado, tanto en sus versiones totalitarias marxista-leninistas, como en los planteamientos del socialismo democrático. Empieza a permear en muchos analistas una visión del desarrollo con mayor peso del mercado y del comercio exterior y se generan nuevas áreas de intervención mediante la regulación de mercados, en contraste con el período anterior de sustitución de mercados por la producción por parte del Estado.
Desde luego siempre con la presencia de grupos doctrinarios ya sea estatistas o pro mercados libérrimos, para quienes la realidad debe ajustarse a sus preceptos y la historia poco incide en sus concepciones.
Instrumento eficaz. Con su elocuencia habitual, Juan Pablo II en su encíclica Centesimus annus, zanja la discusión entre Estado y mercado: “Da la impresión de que, tanto a nivel de naciones, como de relaciones internacionales, el libre mercado es el instrumento más eficaz para colocar los recursos y responder eficazmente a las necesidades”.
Agrega más adelante la necesidad del Estado de velar por los bienes colectivos (“públicos” en la jerga de los economistas) como el ambiente natural y el ambiente humano. También plantea el imperativo ético de impedir que personas se queden sin satisfacer las necesidades humanas y de proveerlos de los conocimientos y capacidades para participar activamente en los mercados e interrelaciones humanas.
Pasamos así a una concepción del desarrollo donde el eje es la libertad de las personas humanas y su consecuente creatividad. Actores en mercados libres pero atemperados por regulaciones e intervenciones bien justificadas y valoradas. En general, se trata de construir una sociedad que potencie la creatividad de la iniciativa individual, comunal y colectiva en un marco de libertad y con acciones públicas que se fundan constructivamente con esas iniciativas individuales, comunales y colectivas.
Una sociedad posible. En definitiva se trata de encontrar significado a la vida tal que se supere la alienación contemporánea. Las personas humanas atrapadas en egoísmos autocentrados están alienadas. Un sistema de libre mercado de agentes alienados podrá ser eficiente, pero también desprovisto de significado. Sus participantes podrán atiborrarse en medio de un consumismo vacuo.
Conceptos empresariales que reconocen su responsabilidad social y con el ambiente ya se manifiestan como atisbos de la sociedad posible. Un ejemplo de ese potencial, entre muchos, es la Escuela de Música de Pochote donde, con el apoyo de la comunidad y de empresarios visionarios, hijos de pescadores se aventuran en los rigores y disfrute de la música clásica, con la meta ambiciosa de constituirse en la Orquesta Infantil de la Península.
Los atisbos de lo posible apuntan a las posibilidades insospechadas fruto de la creatividad individual y grupal de personas libres; aquellas que superan la alienación mediante su trascendencia, auto-donación en el lenguaje de Juan Pablo II. Personas que se autotrascienden en su entrega al prójimo, a la creación y al Creador. Libre mercado de personas libres y, por lo tanto, solidarias y creativas. El Estado, una resultante que potencia la libertad individual en un marco de bien común.
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