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Bernardo Kliksberg |
Remesas migratorias
Gran vitrina de la solidaridad en acción
autor de “primero la gente”
Los inmigrantes latinoamericanos en los EE. UU. y Europa envían a sus familiares y seres cercanos 8 veces por año pequeños giros. Hacen una diferencia crucial para los pobres de América Latina. En el 2007, las remesas migratorias llegaron a 66.500 millones de dólares. Como destaca Terry (director Fomin, BID), pionero en el tema, llegaron a 20 millones de familias la gran mayoría de muy escasos recursos. Sin ellas, la pobreza en la región, sería un 9% mayor. En lugar del 35.1% actual sobrepasaría el 44%, una cifra explosiva.
Tienen asimismo efectos macroeconómicos de la más alta positividad. Su monto es mayor a la suma combinada de las inversiones extranjeras y la ayuda para el desarrollo juntas. No tienen condicionalidades de ninguna índole, ni los países pagan intereses, ni dividendos por ellas. Son puro ingreso. Representan en varios países un alto porcentaje de su producto interno bruto: Guyana 43%, Haití 35%, Honduras 25%, Jamaica 18%, El Salvador 18%, Nicaragua 17%, Guatemala 12%. Los tres primeros receptores son México 24.000 millones (segunda fuente de ingresos después del petróleo), Brasil 7.100 millones, Colombia 4.500 millones. Potencian el mercado nacional. Como las familias pobres, que las reciben las utilizan principalmente para consumos básicos, tienen un fuerte efecto multiplicador sobre la demanda interna.
Impulsor de inversión. Son un formidable impulsor de la inversión en desarrollo humano. Los pobres destinan una parte significativa de ellas a salud y educación. Estudios del Banco Mundial mues- tran que los que reciben remesas migratorias gastan más en porcentaje en desarrollo humano que las familias de iguales ingresos que no las reciben. También indican que los niños de las familias receptoras de remesas tienen más altos niveles de escolaridad.
Son vitales para muchos pequeños municipios, y para la apertura de microemprendimientos y Pymes. Su aporte a la pobreza rural es muy significativo. En el 2007 en México uno de cada diez hogares rurales se beneficiaron con ellas. También es relevante su contribución a la pobreza urbana. Son notorios los impactos que tienen las remesas de los ecuatorianos y colombianos de España, sobre los barrios pobres de Quito, Guayaquil y Medellín. O los de los 135 millones de dólares que envían anualmente los haitianos que trabajan en República Dominicana a uno de los países más pobres del globo como Haití.
¿Qué las moviliza? ¿Por qué sin haberse puesto nunca de acuerdo, los millones de inmigrantes latinoamericanos pobres, desde Nueva York a Madrid, producen el mismo comportamiento? ¿Por qué envían de modo sostenido un porcentaje superior al 10% de sus limitados ingresos a sus familias y allegados? Según todo indica, priman factores que las ortodoxias económicas consideran irrelevantes en economía: los valores éticos, familiares, y de solidaridad. Esos valores intangibles impulsan este ingreso masivo de fondos que se ha convertido en fuente de divisas fundamental para la región. Se equivoca fuerte el pensamiento económico convencional cuando no hace ningún lugar para la ética en la economía.
Los pobres y los países pagan, sin embargo, costos invisibles fuertes. Viven en el exterior el 14.5% de la población de El Salvador, el 9.6% de la de Nicaragua, el 9.4% de la de México, el 9.3% de R. Dominicana, y cifras similares que vienen ascendiendo, de otros países. Emigraron principalmente por la incapacidad de sus economías de absorberlos. Pierden al emigrar todo un grupo de intangibles decisivos para la vida como sus raíces, relaciones familiares, amistades, su capital social.
Más inmigración. Por otra parte, en los países receptores, las tendencias antiinmigración se hallan a la orden del día, y generan continuamente desde discriminaciones hasta actos de hostigamiento. A pesar de que los datos concretos, indican que los inmigrantes latinoamericanos y de otros orí- genes, tienen impactos muy favorables sobre la economía, la manipulación demagógica de sentimientos antiinmigratorios tiene presencia activa. Frente a estudios como entre muchos otros un informe 2007 de Price Waterhouse que muestra que la inmigración ha ayudado a mejorar la tasa de crecimiento económico de Gran Bretaña mas allá de su tendencia de largo plazo, The Economist dice que la cuestión en el mundo rico “no debería ser si las tasas de inmigración son insosteniblemente altas”, sino frente a los múltiples beneficios que tienen sobre el crecimiento económico, el rejuvenecimiento demográfico, y la renovación de la fuerza de trabajo, la preocupación debería ser “que no son lo altas que deberían ser”.
El efecto combinado de la presión por políticas duras frente a los inmigrantes, los sentimientos de hostilidad, y ahora la contracción económica en desarrollo en USA, han pesado sobre las remesas 2007. No lograron frenar, sin embargo, el impulso solidario que las mueve. Crecieron un 7% respecto a las del 2006.
Pero esa tasa de crecimiento es menor a la de los años anteriores. Las soluciones de fondo al grave problema humano que implican las migraciones masivas, se hallan en que los países latinoamericanos logren poner en marcha políticas que permitan abrir oportunidades para todos en sus economías. En tanto deben dar todo su apoyo a sus inmigrantes pobres que han creado, según lo llama Terry, el “mayor y más eficiente programa de lucha contra la pobreza”.
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